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La escritora Elvira Lindo y la periodista de EL PAÍS Anatxu Zabalbeascoa, entre los colegiados de honor del COAM

El Colegio de Arquitectos de Madrid ha reconocido también con esta distinción al cantautor Joaquín Sabina, a la galerista Soledad Lorenzo y al pintor Antonio López

colegiados honor coam
De izquierda a derecha, y de arriba abajo, Norberto Beirack, tesorero del COAM; el ingeniero de caminos Miguel Ángel Aguiló; José Luis Téllez, musicólogo; la diseñadora Sybilla Sorondo; Elena Sarabia, secretario de Junta de Gobierno del COAM; el vicedecano, Carlos Lahoz; Francisco Pol, vocal de la Junta de Gobierno; la galerista Soledad Lorenzo; el cantautor Joaquín Sabina; Patricia Fernández Haring, vocal d el aJunta de Gonierno; el historiador Pedro José de Navascués; Carlos Rubio Carvajal y Marina Siles, integrantes de la Junta de Gobierno. El economista Emilio Ontiveros; José María Ezquiaga, decano de COAM; la escritora Elvira Lindo; el pintor y escultor Antonio López; Isabel Sáenz de Arce, integrante de la Junta de Gobierno de COAM; Susana Canogar, paisajista; Joan Clos, exdirector ejecutivo de Onu-Hábitat, y la periodista Anatxu Zabalbeascoa. |

En el disco La Mandrágora, publicado en 1981, Joaquín Sabina presentó el icónico tema Pongamos que hablo de Madrid, como "una historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible". Invivible, pero con unos mimbres y un paisaje urbano que han inspirado y atrapado a numerosos oficios y artes. Porque la arquitectura y la ciudad no son propiedad exclusiva de los arquitectos. Y desde 1988, el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) distingue como colegiados de honor a figuras de otros ámbitos en reconocimiento a su aportación al urbanismo y la arquitectura madrileños.

Este lunes, el premio ha sido entregado en el salón de actos del COAM a 12 personalidades, entre las que destacan el artista Joaquín Sabina, la escritora Elvira Lindo, la galerista Soledad Lorenzo que —a quien fotografiamos en su dormitorio para el último número de ICON Design—, o el pintor y escultor Antonio López, y entre las que se encontraba también la periodista de EL PAÍS y columnista de ICON Design Anatxu Zabalbeascoa.

"Esto más que una distinción es un agradecimiento", resumió José María Ezquiaga, decano del Colegio, quien calificó la celebración como una manera de abrirse a la sociedad y otros ámbitos y escenas. El arquitecto destacó "la chispa" que tienen los premiados para conectar con la gente y que, a su juicio, le falta a sus compañeros de profesión.

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La periodista Anatxu Zabalbeascoa agradece el reconocimiento en la gala de entrega de las insignias a los colegiados de honor del COAM. |

"Todos nos habéis hecho visible lo invisible. Esto es también una meta de los arquitectos", concluyó antes de entregar la insignia a José Luis Téllez (musicólogo), Susana Canogar (paisajista), Emilio Ontiveros (economista), Pedro José de Navascués y de Palacio (historiador), Miguel Aguiló Alonso (ingeniero de caminos), Sybilla Sorondo (diseñadora de moda) y Joan Clos i Matheu (exdirector ejecutivo de Onu-Hábitat), además de a Lorenzo, Zabalbeascoa, Lindo, Sabina y López.

"En esta época de simplificación icónica donde algunos elementos tienen siempre el monopolio, Anatxu Zabalbeascoa nos ha descubierto lo invisible", apuntó el decano del Colegio sobre la periodista, coordinadora del blog Del tirador a la ciudad, de EL PAÍS. Zabalbeascoa contó que llegó a la arquitectura de manera casual, con una oportunidad "de esas que solo ocurren en Estados Unidos". Fue viviendo en Chicago, donde le encargaron escribir un libro sobre la nueva arquitectura española, "no por saber, si no por tener ganas de saber", recuerda.

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Arriba, Antonio López recoge la insignia de colegiado de honor de manos del decano del COAM, José María Ezquiaga, la secretario de la Junta de Gobierno del COAM, Elena Sarabia, y el vicedecano, Carlos Lahoz. Abajo, Joaquín Sabina en su discurso de agradecimiento. |

La periodista dejó claro que "no hay mejor retrato de una sociedad que una ciudad como elemento de convivencia y diversidad". La periodista terminó citando a Juan Ramón Jiménez —"Nuestras casas saben bien lo que somos"—, y al poeta Charles Baudelaire: "La forma de una ciudad / cambia más rápidamente que el corazón de un mortal".

El economista Emilio Ontiveros señaló al recoger su distinción lo difícil que es hablar de "progreso económico obviando el desarrollo arquitectónico de una ciudad". El musicólogo José Luis Téllez, recordó que había estudiado arquitectura, pero que no terminó la carrera: "Con este premio se cierra el círculo. Los estudios me sirvieron de base para comprender la música, porque los pilares y las leyes en la arquitectura y la música son idénticos", explicó.

Joaquín Sabina apuntó entre risas que, de todas las distinciones que uno podía imaginar, "la más extraña y emocionante" había sido esta. "Emocionante porque de todos los paisajes de mi vida, los que me han llegado al corazón han sido los urbanos, y de eso tienen gran culpa los arquitectos", afirmó. Sabina recordó que a su padre le hubiera gustado que fuera uno de ellos: "Acabé siendo tonadillero y metiéndome en sitios donde se suponía que nunca iba a estar invitado".

Ezquiaga presentó a la escritora Elvira Lindo como una de las plumas que mejor ha sabido representar "el alma de Madrid, incluyendo el Carabenchel de Manolito". En su intervención la columnista de EL PAÍS reconoció: "Me preguntaría que porqué a mí. Pero siento que tiene su porqué. Creo en la transversalidad de todas las disciplinas. Cuando uno inventa una historia mueve a sus personajes por un escenario. En mi caso siempre ha sido por el paisaje urbano madrileño, porque sentía que [en él] se movían con naturalidad. Mis personajes han ido de los lugares periféricos al centro, porque para mí la belleza de las ciudades está tanto en los barrios como en las zonas históricas". Y concluyó: "Como en mis libros me he chuleado de todo el Madrid que conozco, pues qué mejor reconocimiento que los que hacen los edificios reconozcan los lugares por los que se mueven mis personajes".

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