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Carlos de Inglaterra cumple 50 años como heredero en medio de la polémica

El príncipe de Gales celebra el aniversario en un momento en el que su fundación es investigada por recibir donativos de una compañía en un paraíso fiscal utilizada para canalizar dinero desde Rusia

El príncipe Carlos de Inglaterra, en Londres, el pasado 21 de febrero.
El príncipe Carlos de Inglaterra, en Londres, el pasado 21 de febrero.

Carlos de Inglaterra (Londres, 70 años) vive en un extraño bucle en el que celebra aniversarios para conmemorar todo lo que aún no ha sido. Su madre, la reina Isabel II, con 92 años, ha organizado este martes en el Palacio de Buckingham un nuevo acto para resaltar la figura de un heredero que lleva décadas construyendo la figura pública del monarca que algún día le tocará ser mientras acumula récords históricos. Este año se cumple el 50 aniversario de la ceremonia por la que se otorgó oficialmente a Carlos el título de Príncipe de Gales, que ostentan desde hace siglos todos los herederos a la Corona británica. En el castillo de Caernarfon, en Gales, un joven de 20 años se arrodilló ante su madre y recibió de ella la espada, la corona, el anillo, el cetro de oro y el manto de seda y armiño. Y juró lealtad a la Reina y al pueblo galés. Desde entonces, se ha convertido en el heredero que durante más tiempo ha poseído esa distinción.

La celebración se ha visto nublada por las revelaciones fruto de una investigación internacional en la que ha participado el diario The Guardian, según el cual una organización sin ánimo de lucro presidida por Carlos de Inglaterra, la Fundación del Príncipe para Obras Caritativas, ha recibido donativos de una compañía en un paraíso fiscal utilizada para canalizar grandes sumas de dinero desde Rusia.

En el 2009, 2010 y 2011, tres transferencias de Ruben Vardanyan, el financiero armenio al frente de Troika Dialog en aquella época, por un valor total de 200.000 dólares, fueron a parar a la Prince’s Charities Foundation. El dinero procedía de la compañía Quantus Division Ltd. en las islas Vírgenes Británicas. Vardanyan, un hombre de negocios próximo al presidente ruso, Vladímir Putin, fue nominado hace dos años por la revista Forbes como el 99 en la lista de los hombres más ricos de Rusia. Los donativos a las obras del príncipe Carlos, según Vardanyan, estaban destinados a “preservar la herencia arquitectónica en Inglaterra”.

El dinero se utilizó para rescatar la Dumfries House, una mansión semiabandonada en la localidad de Ayrshire, cuyo interior estaba decorado con mobiliario estilo Chippendale de un valor incalculable. En 2007, la mansión y sus pertenencias estaban destinadas a ser subastadas y presumiblemente adquiridas por compradores privados. Carlos, cuya pasión por la arquitectura y decoración británicas es notoria, emprendió una tarea de rescate. Enseguida logró recaudar más de 50 millones de euros para que el edificio pasara a formar parte del Patrimonio Nacional. El esfuerzo vació las arcas de su fundación y surgió la obligación de rellenar su presupuesto a toda costa.

Carlos de Inglaterra, con su madre la reina de Inglaterra en 2009.
Carlos de Inglaterra, con su madre la reina de Inglaterra en 2009. AFP

"Las fundaciones del Príncipe de Gales operan de un modo independiente en lo que se refiere a todas sus decisiones sobre recaudación de fondos", ha respondido Clarence House, la casa oficial de Carlos de Inglaterra. La fundación se ha defendido también y asegura que aplica "un proceso robusto de diligencia debida" a la hora de comprobar el origen de las aportaciones, y que "ninguna señal de alerta saltó" en este caso concreto.

El Palacio de Buckingham ha logrado, sin embargo, minimizar los daños de una noticia que amenazaba con arruinar la celebración, a la que asiste toda la familia real. Durante 2018, se han multiplicado los esfuerzos por renovar y estabilizar en la opinión pública británica la imagen del heredero. Carlos cumplía 70 años, y ha habido documentales, exposiciones, actos oficiales y ríos de tinta en los medios destacando las luces y las sombras —más las luces— del hombre destinado a ser el próximo jefe de Estado de Reino Unido. Su matrimonio con Camila Parker Bowles ya no genera resentimientos en una ciudadanía en la que se desbordó hace dos décadas la trágica historia y muerte de Diana de Gales. La duquesa de Cornualles se ha ganado, a base de humildad y sentido del humor, el afecto popular. Y los hijos de Carlos, Guillermo y Enrique, ensalzan públicamente la figura de su padre y se esfuerzan por dejar atrás las rencillas. La llegada de la actriz estadounidense Meghan Markle, esposa de Enrique, en la que Carlos ha puesto todo su empeño para aprovechar la dosis extra de calidez y modernidad, ha dulcificado aún más la imagen del príncipe. Lo que durante años fueron excentricidades de un hombre que no llegaba a encontrar su sitio —la defensa del medio ambiente, de la educación pública o de la arquitectura autóctona— se han convertido ahora en aparentes virtudes de quien los británicos parecen haber asumido ya con normalidad que, algún día, será su rey.

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