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El Gobierno crea una academia de jóvenes científicos brillantes

La institución fomentará nuevos enfoques para resolver desafíos de envergadura

Reunión de miembros de academias de jóvenes en Estocolmo, en 2015.
Reunión de miembros de academias de jóvenes en Estocolmo, en 2015.

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy la creación de la Academia Joven de España, una institución que representará a científicos jóvenes y fomentará nuevos enfoques para resolver problemas de importancia nacional e internacional. La primera institución similar se creó en el año 2000 en Alemania y desde entonces han surgido otras en más de una treintena de países, con miembros de unos 40 años de edad en promedio. “Es importante que España tenga presencia en este movimiento internacional”, afirma el químico Javier García Martínez, que hace cuatro años recibió el Premio al Investigador Emergente de la Sociedad Estadounidense de Química por sus avances en nanotecnología aplicada al refinado del petróleo.

Los primeros miembros de la Academia Joven de España serán los científicos españoles que ya han sido miembros de la Academia Joven Global, que reúne desde 2010 a algunos de los mejores investigadores jóvenes del mundo, según explica García Martínez, presidente de la comisión gestora de la nueva entidad. El químico, de la Universidad de Alicante, subraya que la Academia será dinámica, con 50 miembros que irán sustituyéndose al cumplir cinco años en el puesto.

La Academia Joven de España estará formada por 50 investigadores punteros de unos 40 años de media

“Se entiende por científico joven aquel que ya ha montado su propio grupo de investigación”, detalla Javier Martínez Moguerza, experto en algoritmos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y miembro fundador de la nueva academia. Un perfil clásico del académico sería un ganador de las ayudas de la Comisión Europea a proyectos dirigidos por jóvenes científicos, conocidas como Starting Grants. Entre los fundadores también figuran la bióloga Maite Martínez Aldaya, especialista en gestión del agua de la Universidad Pública de Navarra, y el genetista Toni Gabaldón, del Centro de Regulación Genómica de Barcelona.

Hace un lustro, los cuatro científicos escribieron una tribuna en EL PAÍS para presentar el proyecto. “Para nuestro país, los beneficios de tener una academia joven son evidentes. La academia fomentará la puesta en valor de la innovación y el conocimiento, y cubrirá la necesidad de crear un referente para los científicos jóvenes españoles que complemente sus actuales entornos de trabajo, haciendo de puente para que tanto sus miembros como otros muchos científicos jóvenes tengan la oportunidad de interaccionar con decisores, formadores de opinión y expertos, líderes empresariales, organismos de financiación, instituciones nacionales, medios de comunicación y público en general tanto a nivel nacional como internacional”, argumentaron entonces.

La Academia Joven de España —apoyada por el ministro de Ciencia, Pedro Duque, y por su número dos, Ángeles Heras— también propondrá “políticas encaminadas a eliminar obstáculos en la participación de mujeres, personas con discapacidad, minorías étnicas y otros grupos escasamente representados en las distintas ramas del saber”, según ha destacado el Ministerio. “Promover la igualdad de género” será una de las prioridades, según recalca Maite Martínez Aldaya, única mujer por el momento en la media docena de fundadores.

“La creación de la Academia Joven de España es una medida fundamental para romper con las altas cifras de envejecimiento de la población científica en España”, ha aplaudido en un comunicado José Antonio Gutiérrez, director de la Fundación Gadea por la Ciencia, dedicada a promover la investigación científica. Gutiérrez recuerda que el personal docente investigador en las universidades se concentra en torno a los 50 y 59 años (43%), mientras que el porcentaje de investigadores de entre 30 y 39 años ha caído del 13% al 3% desde el año 2008, según un estudio de la Fundación Europea Sociedad y Educación.

“Nos encontramos ante un sistema de ciencia arcaico en el que los nuevos científicos apenas tienen oportunidades, lo que conduce a una desastrosa consecuencia para nuestro futuro: miles de jóvenes científicos españoles se ven obligados a tomar un nuevo rumbo a escala internacional y, de este forma, no participan en el progreso y la evolución de su propio país”, ha lamentado Gutiérrez.

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