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Hacia un mundo sin plástico

¿Qué medidas locales, metropolitanas y nacionales se proponen para frenar el uso del plástico?

Interior del supermercado Original Unverpackt en Berlín Ampliar foto
Interior del supermercado Original Unverpackt en Berlín

El impacto ambiental que genera la mala gestión del plástico ha favorecido la aparición de muchas respuestas locales que buscan minimizar este problema a nivel global; desde la reaparición y reinvención de los mercados tradicionales de toda la vida –siempre fieles a preservar lo orgánico, natural y ecológico– hasta los nuevos supermercados que siguen el movimiento Zero Waste (cero residuos).

La ciudad de Berlín fue la pionera en albergar un concepto de supermercado que busca reducir los residuos plásticos; se trata de la iniciativa Original Unverpackt, creada por Milena Glimbovski y Sara Worlf, que, tras conseguir la inversión necesaria a través de una campaña de crowdfunding alemana, lograron abrir un espacio Zero Waste. Este espacio ofrece una experiencia diferente para el consumidor, es decir, acabar con los largos estantes de productos que prometen la vida eterna y proporcionar honestidad y transparencia en los productos que ofrecen. Se promueve la compra a granel y el uso de recipientes, bolsas o botellas personales para almacenar lo que se quiere adquirir.

Ámsterdam fue otra de las ciudades pioneras en abrir una cadena de supermercados ecológicos ofreciendo productos naturales, libres de plástico. Se trata de los establecimientos Ekoplaza abiertos gracias al apoyo de distintas organizaciones sin ánimo de lucro, como A Plastic Planet. Hoy en día, cerca de un centenar de supermercados ecológicos ya funcionan por toda Holanda.

De una manera similar, Yes Future positive supermarket llegó a Barcelona con la intención de luchar también por un desarrollo sostenible y sustentable. Bajo el movimiento Zero Waste, este supermercado persigue minimizar el problema medioambiental que genera el uso excesivo del plástico. Así, siguiendo el modelo alemán y holandés, se fomenta la compra de productos a granel (miel, pan, frutos secos, cereales, legumbres, detergente ecológico…) y la posibilidad de que el mismo comprador traiga su propio recipiente.

Y es que, para hacernos una idea, una persona puede generar al año hasta seis veces su peso en basura (teniendo en cuenta desperdicios de comida, aparatos electrónicos, latas, envases…). Dicho de otro modo, en España se generan unos 21 millones de toneladas de desperdicios al año y, a mayor escala, en el mundo se contabilizan más de 3,5 millones de toneladas de desechos al día, según datos del Banco Mundial del Desarrollo.

Es por este motivo que ya son muchos los países que han prohibido el uso, venta o importación de bolsas y botellas de plástico de un solo uso, como Vanuatu, Taiwan, Marruecos, Ruanda o Kenia. Otros, han anunciado la prohibición total del poliestireno expandido (utilizado principalmente en contenedores de alimentos), como Zimbabwe, por ejemplo, ya que este material tarda casi un millón de años en descomponerse.

A pesar de que, en España, así como en el Reino Unido, el reciente impuesto a las bolsas plásticas ha dado buenos resultados en la reducción de circulación de millones de bolsas plásticas, no se ha introducido aun su prohibición. De todos modos, Reino Unido prevé en un futuro cercano la prohibición de las pajitas de plástico, agitadores y bastoncillos de algodón tal y como ya lo han implementado otras ciudades como Malibu o Seattle, las cuales también prohíben la utilización de cubiertos de plástico. Ya en 2016, Hamburgo estableció por ley la prohibición de las cápsulas de café de plástico no reciclable en los edificios gubernamentales. Además de haber razones éticas, estas cápsulas contienen una mezcla de plástico y aluminio muy contaminante que imposibilita su reciclaje. Además, la complejidad del empaque de las cápsulas combinado con los restos del desecho del café hace que sean envases muy difíciles de procesar en las plantas recicladoras.

A pesar de que muchas iniciativas ya están tomando fuerza en toda Europa, el pasado junio de 2018, Nueva Zelanda dio un gran paso adelante en materia de sostenibilidad y medio ambiente ya que doce multinacionales y muchas empresas de producción local se agruparon con los ministerios de medio ambiente para firmar La declaración de Embalajes Plásticos de Nueva Zelanda. Esta declaración consiste en un compromiso por parte de los productores de hacer posible que todos los envases y etiquetas de sus tiendas sean 100 % reutilizables, reciclables y compostables para el año 2025.

Esta declaración se basa en la economía circular, que, tal y como la define Ellen MacArthur Foundation “consiste en un ciclo continuo de desarrollo positivo que conserva y mejora el capital natural, optimiza el uso de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar una cantidad finita de existencias y unos flujos renovables. Además, funciona de forma eficaz en todo tipo de escala”.

Así es como se puso en marcha en Nueva Zelanda la campaña Food in the nude (Alimentos desnudos) para eliminar los envases de plástico que envuelven los alimentos frescos en la mayoría de establecimientos que firmaron esta declaración. A pesar de que los precios de los productos aumentaron considerablemente, se diseñaron distintos tipos de bandejas reciclables, donde se evita desviar más de 80 millones de residuos plásticos al año a los vertederos del país.

Según el estudio titulado La economía del plástico realizado por el Foro Económico Mundial, el peso de residuos plásticos abandonados en el mar podría superar en 2050 el peso de los peces de todo el océano. Esto, si no cambian los hábitos en materia de desechos y gestión integral de residuos. Con este escenario, es necesario que consumidores, industria y gobierno tomen acción ya que todavía hay tiempo para revertir esta situación.

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