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Olivia Colman, la nueva reina de Inglaterra y de la pantalla

La actriz, que ha ganado el Bafta por su interpretación en 'La favorita' y es candidata al Oscar, odia todo lo que rodea al mundo del cine menos interpretar

Olivia Colman en el Festival de Cine de Venecia, el pasado septiembre. En vídeo, la actriz recoge el Oscar por 'La favorita'. REUTERS

La risa de Olivia Colman (44 años) es sonora y su porte, como le han llegado a decir, de campesina. Algo cargada de espaldas suele vestir vaqueros y camisetas y como añade ella, con su tendencia a tirarse por tierra, "seguro que no le falta alguna mancha". La actriz británica también es tierna,capaz de que se le llenan los ojos de lágrimas en cuanto tiene delante un tierno vídeo de gatitos. Aunque es más fácil imaginarla tomándose unas pintas de cerveza con amigos en un pub que de rositas en Buckingham Palace, se convirtió en la actriz más buscada por Kate Middleton durante la pasada entrega de los premios Bafta donde fue, un vez más, coronada reina al recibir el premio a mejor actriz protagonista por su interpretación en La favorita.

Colman es la primera que no se cree esta transformación. “Es que yo sigo siendo la misma, alguien que adora su trabajo, pero odia todo el resto de lo que lo rodea”, cuenta a EL PAÍS con asombro pero sin un ápice de queja. Es fácil creerla porque hasta este año solo los británicos o los que se desayunan con grandes series, como Broadchurch o The Night Manager, conocían a Colman. Un hecho que poco ha tenido que ver con su trayectoria, porque Colman lleva ya 20 años en escena formando parte del reparto de comedias, dramas, cine, televisión o teatro. Cualquier cosa era válida con tal de actuar porque ella, nacida en el condado rural de Norfolk (Inglaterra) afirma que actuar es lo único que sabe hacer. “Soy muy mala en cualquier otra cosa”, añade.

A pesar de tantos papeles como tiene en su carrera, han sido dos soberanas británicas —la reina Anna en La favorita, y su retrato ya maduro de Isabel II para la serie The Queen— quienes la han puesto en el mapa de los actores a nivel internacional. “Yo solo quiero esconder mi cabeza en la arena, quedarme en casa tranquilita y cruzar el umbral de mi puerta para ir a trabajar”, reflexiona sobre este momento de éxito.

La duquesa de Cambridge, Kate Middleton, saluda a la actriz Olivia Colman en los premios Bafta, el pasado 10 de febrero, en Londres. ampliar foto
La duquesa de Cambridge, Kate Middleton, saluda a la actriz Olivia Colman en los premios Bafta, el pasado 10 de febrero, en Londres. Getty Images

Sin embargo, lleva semanas, e incluso meses, embarcada en esa otra cara de Hollywood que tan poco le interesa: la temporada de premios que culmina el próximo 24 de febrero con los Oscar. Aunque es Glenn Close, con su papel en La buena esposa, quien se sitúa como la favorita en las encuestas, es la británica la que ostenta el título de reina. “Alguien dotada por los dioses”, la ha descrito Meryl Streep. “Un rayo que no cesa”, ha dicho de ella su director en La Favorita, Yorgos Lanthimos. “Alguien con los sentimientos flor de piel”, ha añadido el actor David Tennant.

Ella es la estrella más modesta de la industria. Quien frente a todos estos halagos impone su gran sentido práctico. Quien enseña a sus padres a conectar su cuenta de Netflix para que puedan verla en la pantalla, y quien desvela con absoluta normalidad que su aumento de caché está destinado a reparar el baño de su hogar que lleva tres años estropeado. Un hogar con otros pilares fundamentales: su marido desde hace 17 años, Ed Sinclair, que es también actor, y sus dos hijos, Finn y Hall, de 14 y 12 años respectivamente. 

Colman confiesa que sintió que quería ser actriz a los 16 años gracias a una obra del colegio. “Pero pensé que a eso solo se dedicaban los hijos de actores. Hasta que encontré a mi tribu”, recuerda ahora que saborea el éxito. En cualquier caso vuelve a reírse de sí misma y confiesa: "Mi madre sigue esperando que siente la cabeza con un trabajo de verdad”.

La familia le dio un año para que probara suerte como actriz, pero Colman amplió el plazo indefinidamente haciendo esos otros trabajos tan comunes entre los actores como son servir mesas o trabajar de secretaria. En esos oficios fracasó estrepitosamente, lo que no ocurrió en el campo de la interpretación, donde se convirtió en esa maravillosa secundaria que todo lo hacía bien. O casi todo, porque su sentimentalismo le ha jugado alguna que otra mala pasada. “No veas la cantidad de tomas que he arruinado con mis lágrimas. Desde que tengo hijos, ha desaparecido la coraza", afirma y reconoce que desde que se convirtió en madre llora por nada. Es lo que más le cuesta a la hora de meterse en la piel de la soberana británica: su supuesta falta de empatía. “Tiene que hacerse la fuerte para todos los demás, algo que a mí se me hace muy difícil”, admite.

Se trata de otro reto más como actriz y ya sabe recurrir a algunos trucos para evitar que las lágrimas arruinen su interpretación. Uno de ellos es utilizar un audífono con el que escucha aburridos partes marítimos que evitan cualquier atisbo de sentimentalismo. No hay más crítica a la monarca por su parte. “Me dirás cuantas personas se mantienen en su puesto desde los 20 hasta los 90”, dice en referencia a la admiración que profesa hacia Isabel II. “Hay millones de mujeres de las que me gustaría contar su historia”, confiesa. Con la reina Ana, que reinó en Inglaterra entre 1702 y1714, Colman ganó 15 kilos, y también la gloria. Ahora solo falta saber cuál será su próximo papel y los trucos que usará para encararlo sin lágrimas. 

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