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JUICIO AL PROCÉS ANÁLISIS i

El Estado siempre empapela

Lo que cala de sus palabras en la sociedad catalana va según la ideología del receptor

Jordi Sánchez, Jordi Turull, Josep Rull, Oriol Junqueras, Raül Romeva y Joaquim Forn durante la primera jornada del juicio del
Jordi Sánchez, Jordi Turull, Josep Rull, Oriol Junqueras, Raül Romeva y Joaquim Forn durante la primera jornada del juicio del Europa Press

"No olvides nunca que el Estado siempre empapela”, me aconsejó un día el economista Ramón Trías Fargas, hijo del exilio de Inglaterra en los años de la postguerra y durante muchos años conseller de Economía y Finanzas en el gobierno de Jordi Pujol cuando el presidente de la Generalitat fue elegido español del año por el diario ABC. Qué lejos queda eso. Cuando el golpe de Estado en Chile hubo gente de Unió Democrática que se alegró y cuando le escribí y Pujol lo leyó me cogió del brazo en un encuentro casual, siempre te cogía del brazo, y me explicó que no se alegraba del golpe militar pero debía de reconocerse lo que ahora no reconoce el independentismo radical: que no se puede cambiar un país sin tener una mayoría electoral amplia apoyando el cambio. Allende no lo tenía, añadió Pujol. ¿Qué opina del independentismo que no supera la barrera electoral del 50%?

“No olvides que el Estado siempre empapela” fue la frase que almorzando un día junto al abogado anarquista Mateo Seguí nos dijo Macià Alavedra, culto y educado conseller de Economía con Pujol. Almorzamos antes de que la Justicia le empapelase por delito de cuello blanco. Alavedra tenía un punto de cinismo, lo que le permitió decir que era independentista por vivir en Cataluña pero si viviese en Madrid siendo presidente del Gobierno se opondría a la independencia porque España necesita el motor del PIB catalán.

Que el Estado siempre empapela, justificadamente según el sumario o arbitrariamente según las defensas, afloró en las palabras de la secretaria del tribunal y de los abogados defensores de los procesados. Lo que cala de sus palabras en la sociedad catalana va según la ideología del receptor. El propietario de una coctelería barcelonesa histórica por sus años y sólida por su clientela, me ofreció una interesante disección de esos receptores: “La gente que viene a tomar el aperitivo a mediodía defiende en la barra, sin tapujos, la unidad de España; los que toman su cóctel a media tarde se muestran moderadamente independentistas y los que vienen por la noche pasan del tema o cuando menos no expresan lo que piensan”.

En la década de los setenta unos jubilados se instalaban todas las mañanas en el Palacio de Justicia. Tras años de ver juicios sabían de derecho penal más que algunos abogados. El líder de la tribu, siempre con un caliqueño en la boca, incluso corregía al finalizar el juicio la manera de llevar un abogado la defensa. “Menos eximentes, chaval; los tribunales hacen poco caso de esas cosas”, le decía. De haber asistido a la primera sesión del procés aquel anciano preguntaría a las defensas si después de lo mucho que habían dicho en la jornada preliminar tendrían algo nuevo que añadir. De lo que dijeron, me quedo con una frase que suscribe gente con la que hablé sobre el tema: nunca se tendría que haber llegado hasta aquí.

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