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Del 15-M al 26-M

La ventana de oportunidad que alumbró el nacimiento de Podemos se ha cerrado definitivamente

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Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados ________________________________________

La implosión de Podemos arranca de la contradicción entre los partidos y los movimientos surgidos para superarles. Eso significó el “no nos representan” del 15-M, y por eso la nueva izquierda quince-mayista asaltó los ayuntamientos del cambio mediante mareas o confluencias suprapartidarias, como las plataformas que entronizaron a Colau o Carmena. Pero puestos a gobernar la corporación municipal, los comisarios políticos hicieron la vida imposible a Manuela, paralizando la gestión municipal. Solo ha funcionado bien Madrid Central, como único escaparate atractivo del mandato. Pues la vivienda social en alquiler, que debería haber sido su programa estrella en la línea del 15-M, ha sido un fracaso (en sarcástico contraste con el chalet adquirido por la pareja peronista que lidera Podemos).

Por esa razón, para volver a presentar su candidatura que se le suplicó como única tabla de salvación, Carmena exigió carta blanca para poder conformar su propia lista electoral. Así nació Más Madrid, la nueva confluencia o marea madrileña libre de comisarios impuestos por los partidos. Y siguiendo su estela, Errejón aspiró a hacer lo mismo con su candidatura a la Comunidad Autónoma de Madrid, para evitar que los comisarios políticos secuestrasen su plancha electoral. Pero la pareja de Galapagar le ha impuesto su veto para demostrar su absoluto mando en plaza. Y con ello el proyecto entero de Podemos amenaza con hundirse, arrastrando en su naufragio a toda la izquierda.

¿Qué ha pasado? Es pura teoría de juegos. Desde la fundación de Podemos, Iglesias y Errejón quedaron atrapados por un dilema del prisionero: mientras cooperen, ambos pueden ganar; si uno somete al otro, puede quedarse con todo; pero si los dos lo intentan, ambos salen perdiendo. Como ha ocurrido ahora, pues los dos se han equivocado de medio a medio. Errejón porque no anunció su proyecto de abrir la candidatura de partido para elevarla al nivel de marea transversal. E Iglesias por señalar a su segundo como traidor a la causa, en lugar de avalarlo patrocinando un proyecto tan prometedor como Más Madrid, según el ejemplo de casos análogos en Cataluña, Galicia, Valencia o Andalucía. Y es que la incomunicación entre los jugadores es el detonante de la autodestrucción en el dilema de los prisioneros.

Pero el mal ya está hecho, pues el revulsivo activado por Errejón ha supuesto un auténtico plot point: un giro argumental que rompe la continuidad narrativa del relato, induciendo un cambio radical en las expectativas ciudadanas. Ese giro podría haber sido hacia mejor si se hubiera explicado de modo convincente, abriendo cierto margen de entusiasmo o esperanza. Pero como se ha explicado tan mal, ahora las expectativas creadas apuntan hacia la decepción y el desánimo. La ventana de oportunidad que alumbró el nacimiento de Podemos se ha cerrado definitivamente. Y con ello la marea ascendente del 15-M confirma su reflujo final hacia la marea baja del próximo 26 de mayo. Ocho años de una ilusión colectiva que ahora se ha esfumado.

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