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La artista sin cualificación que trabaja para Gucci

La ilustradora Helen Downie, en su estudio londinense.
La ilustradora Helen Downie, en su estudio londinense.Pedro Álvarez

En la mitad de su vida, Helen Downie dio un giro y empezó a pintar. Hasta entonces se había dedicado a cuidar de sus hijos, había sido alcohólica y superado un cáncer. Instagram la catapultó. Hoy triunfa con sus ilustraciones para firmas de lujo como Gucci

LAS RETINAS DE Helen Downie observan ávidas al ras de unas lentes pegadas a la punta de la nariz, provocando esa apariencia de enjuiciamiento tan típica de la presbicia. Sus ojos irradian un magnetismo similar al de los rostros que imagina y pinta. Atiende en el estudio de su casa victoriana de Wimbledon (Londres), una sala pequeña con paredes grisáceas sobre las que la artista realiza pruebas de pigmentos y pinceles. Junto a la ventana hay un viejo escritorio repleto de tizas de colores y cuentagotas de tinta china Sennelier. Hace poco más de un lustro, Helen Downie, londinense de 53 años, era una mujer dedicada en exclusiva al cuidado de sus cuatro hijos. Hoy, convertida en artista bajo el seudónimo de Unskilled Worker —que significa trabajadora sin cualificación—, es uno de los puntos fuertes de Fina Estampa. Ilustración y moda, la muestra que reúne a ilustradores prominentes del mundo del lujo —a la vez que reivindica el renacimiento del género— y que puede visitarse en el Museo ABC de Madrid hasta el próximo 19 de mayo.

Los melancólicos retratos de colores que conjugan una sensibilidad naíf con la dureza de la fotografía de Robert Frank han convertido a Unskilled Worker en una de las pintoras más solicitadas por revistas de moda, galerías y ferias como Art Central Hong Kong. En el último año y medio ha ilustrado dos colecciones para Gucci y es autora, junto a otros artistas, de un enorme mural pintado a mano en el exterior del Gucci ArtLab, en Florencia, flamante centro de I+D destinado a la fabricación sostenible de bolsos, zapatos y complementos de la enseña italiana.

“La inspiración de mi obra está en la infancia. En mis recuerdos del mundo como algo sólido y amable”

“La inspiración de mi obra está en la infancia. Mis recuerdos del mundo como algo sólido y amable. Y me interesa la familia y la idea de plasmar la dicotomía de aparentar una situación idílica cuando en realidad puede convertirse en un elemento de soledad y autodestrucción”, explica Downie.

Su relación con la pintura empezó en la niñez y se cortó de modo abrupto en la adolescencia, cuando la expulsaron del colegio de monjas por integrar en el uniforme unos mocasines y un cárdigan fucsia. Fue su primera toma de contacto con el fracaso y la vida adulta, pero también su firma de adhesión al manifiesto de la vanguardia punk. A los 20 años trabajaba en una peluquería cercana a la célebre escuela de arte de Epsom. Downie fantaseaba con inscribirse. “Pero al poco tiempo me quedé embarazada de mi primer hijo. A los 28 ya tenía cuatro y me dediqué en exclusiva a ellos”.

La fotografía de Robert Frank y los retratos de Otto Dix son sus principales influencias.
La fotografía de Robert Frank y los retratos de Otto Dix son sus principales influencias.Pedro Álvarez

La adicción al alcohol la acompañó hasta pasados los 40. Diez meses después de desintoxicarse, le diagnosticaron un cáncer de mama. “Todo eso me impulsó a volver a pintar. Comparto la idea del desgarro emocional como punto de partida de la creatividad. En mi caso, una parte empieza ahí, pero la enseñanza principal está en que solo importa lo que hagas ahora, porque la vida no dura para siempre. Tampoco hubo nada terapéutico en el proceso. Me sumergí en la actividad y me reencontré con ella a los 48. No dibujaba desde los 14”. La adquisición de una caja de pinturas y el plazo de seis semanas para el redescubrimiento hicieron todo lo demás. “Me fascina la capacidad del arte para transformar lo efímero en sólido”, insiste. Su primera obra obedece a este paradigma. Una joven en una tienda de chocolate en Orvieto; el recuerdo de unas vacaciones familiares en el norte de Italia.

Detalle de The Wellbelove Cousins, obra que ilustra la reedición del bolso Ophidia, de la colección Gucci DIY.
Detalle de The Wellbelove Cousins, obra que ilustra la reedición del bolso Ophidia, de la colección Gucci DIY.Pedro Álvarez

Empezó a pintar para sí misma, hasta que el 2 de julio de 2013 abrió una cuenta en Instagram con el nombre de Unskilled Worker. Además de enseñar sus pinturas, mostraba su imaginario, basado en el interés en el Renacimiento inglés con referencias a la transgresión de Louise Bourgeois o la crudeza de Otto Dix. Pronto fascinó a miles de seguidores, entre ellos al fotógrafo Nick Knight, fundador de la plataforma Show­studio y experto en encontrar talento fuera de los radares previsibles.

“Es un mundo difícil y fragmentado, pero las redes sociales ayudan a mostrar lo que hacemos”, argumenta Downie

“Mi camino ha sido autodidacta. Pese a la alta competitividad, creo que es posible hacer carrera sin ir a una gran escuela, trabajando de manera infatigable hasta reconocerte en lo que haces. Es un mundo difícil y fragmentado, pero las redes sociales ayudan a mostrar lo que hacemos”, argumenta Downie. Knight la puso en contacto con la marca Alexander McQueen y con Alessandro Michele, director creativo de Gucci. Su primer trabajo con la firma florentina surgió en 2015: Downie realizó una serie de retratos de personajes ataviados con prendas diseñadas por Michele para la exposición No Longer/Not Yet, celebrada en el museo Minsheng de Shanghái.

A partir de ahí llegaron los fotomurales con su obra en las calles de Londres, París y Nueva York; las subastas, los meses en el cuartel general de Gucci, su nombre entre las personas más influyentes según la revista especializada Business Of Fashion… El éxito inesperado a los 50 años. Y a pesar del vértigo, la vida personal de la pintora sigue basada en la sencillez, con encierros diarios de 12 horas dibujando y viviendo entre dos universos cada vez más comunicantes: la moda y el mercado del arte. Su trayectoria en Gucci también alterna dos mundos: la ilustración de campañas y la apuesta sartorial, con dos colecciones cápsula de gran acogida comercial para la maison —Unskilled Worker, que salió a la venta en 2017, y una conmemorativa del Año Nuevo Chino de ­2018—. “El cambio en mi vida es drástico. Pero el verdadero privilegio está en poder sumergirme en la indagación artística y emocional”.

La artista, frente a una de las obras que conserva en su estudio.
La artista, frente a una de las obras que conserva en su estudio.Pedro Álvarez

En Instagram hace vídeos en directo desde su estudio respondiendo a preguntas de sus seguidores sobre las técnicas que emplea en su obra. De fondo suena música electrónica. “Me encanta la interacción. Si alguien hace el esfuerzo de escribirme, siento que debo responderle. Veo a muchos artistas exitosos acomodarse en el secretismo, pero mi punto de vista es inclusivo”. En la red social muestra también su obra más reivindicativa, donde aparece el Reino Unido de las minorías étnicas y los contratos de cero horas, o expresa su afinidad por el líder laborista Jeremy Corbyn. “Mi trabajo es una reacción a lo que veo. A veces me mueve la ira y otros la tristeza. No solo es descontento político. Me preocupa la falta de humanidad”.

—¿Y qué le pide al futuro?

—Seguir entregada a pintar cada cuadro con la emoción y la intensidad de que puede ser el último, sintiendo que puedo morir en cualquier momento.

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