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¿Cómo ibas vestida cuando te violaron?

La violencia sexual es tabú en Senegal. Y no hay datos oficiales porque la mayoría de mujeres no lo cuenta: temen ser estigmatizadas. Una exposición en Dakar genera gran polémica al romper este silencio

“La falda y la camiseta con las que trabajo. Mi jefe aprovechó la ausencia de su mujer para obligarme a tener relaciones con él. Tenía 15 años. Me quedé embarazada”. En Senegal, las empleadas domésticas sufren abusos por parte de sus jefes a menudo, aunque casi nunca lo confiesan. Ver fotogalería
“La falda y la camiseta con las que trabajo. Mi jefe aprovechó la ausencia de su mujer para obligarme a tener relaciones con él. Tenía 15 años. Me quedé embarazada”. En Senegal, las empleadas domésticas sufren abusos por parte de sus jefes a menudo, aunque casi nunca lo confiesan.

“Hola, me llamo Fatou, tengo 20 años y soy estudiante de Ciencias Políticas en Dakar. Yo tuve el coraje de ir a la policía y al hospital. Entré en una sala, había seis personas, el médico me miró y me dijo: ‘Desvístete, túmbate, ábrete de piernas’. Así, sin más, sin ningún tacto, sin ninguna humanidad. ¿Creéis que esto es normal? Lo peor no fue que me violaran, si no cómo me trataron en el hospital horas después. Fue horrible”, comenta la joven sin que le tiemble la voz. Entonces devolvió el micrófono y se sentó ante un auditorio de más de 200 personas que, después de un silencio teñido de espanto y todavía en shock, rompió en un aplauso.

Era la primera vez que Fatou hablaba en público de este tema. Ocurrió durante un debate sobre la violación en el Musée de la Femme de Dakar el pasado octubre. La discusión, que creó un ambiente tenso y acalorado, inauguraba la muestra ¿Cómo ibas vestida?, una exposición que recoge decenas de testimonios desgarradores acompañados de las prendas que las mujeres  —y muchas niñas— llevaban cuando las violaron para denunciar la tendencia a culpar a las víctimas de violencia sexual por la vestimenta que llevan. Estará abierta al público hasta finales de enero.

Al mismo tiempo, a pocos kilómetros del museo, la ONG Human Rights Watch presentaba el informe No es normal. Explotación sexual, acoso y abuso en las escuelas de secundaria en Senegal, una investigación que recoge testimonios de 164 niñas y adolescentes víctimas de abusos sexuales y acoso por parte de algunos profesores. El documento analiza exhaustivamente la situación del país, investiga las causas principales de los abusos e interpela al Gobierno de Senegal para que adopte medidas urgentes que frenen la violencia contra las niñas y adolescentes en el entorno escolar.

El testimonio de Fatou está lejos de ser un caso aislado. Lo sorprendente es que lo verbalice en público y en primera persona. La sexualidad, y aun más la violación, son tabú en Senegal. “Es difícil tener datos oficiales porque la mayoría no lo cuenta. Existe una gran presión social y familiar para que las víctimas de violación y de abusos no denuncien. Las mujeres tienen miedo a ser estigmatizadas y mal juzgadas”, asegura Awa Tonkara, secretaria ejecutiva de la Asociación de Juristas Senegalesas. En Senegal, la violación es un delito castigado con penas de cinco a diez años de prisión, “pero la ley no establece una edad mínima para el consentimiento sexual”, señala la jurista. “Existe una ley, aunque no se aplica”.

En Senegal se registraron al menos 1971 casos de embarazos en las escuelas entre 2011 y 2014

La única ley que se aplica extensamente en Senegal es la del silencio. Avergonzadas, victimizadas y culpabilizadas por haberlo provocado con su vestimenta y su comportamiento, las mayoría de las mujeres y niñas nunca lo contarán a nadie. Y si lo cuentan, el maslaha, —por el bien común, en idioma wolof, un atributo moral muy valorado y muy presente en la cultura y la tradición senegalesa— hará que la familia de la víctima intente negociar con el perpetrador para llegar a un arreglo, generalmente económico, sin acudir a la justicia para evitar el escarnio de la comunidad.

No es baladí que coincidan tres eventos de naturaleza tan diversa como una exposición artística, un debate público y una rueda de prensa en Dakar en torno a un mismo tema. Todos tratan un tabú y comparten el mismo objetivo: romper el silencio. Estas iniciativas son la punta de un iceberg que es necesario embestir para terminar con la explotación sexual y la violencia contra las mujeres y las niñas, una lacra para un país como Senegal, respetado por liderar el desarrollo económico, político y social en la región.

Incendio en las redes sociales

M. M.

Activistas, asociaciones feministas y blogueras tomaron la palabra para denunciar los abusos a principios de 2018. De la indignación y la necesidad de hablar nace @nopiwoumano me voy a callar, en wolof— un movimiento que surge para dar voz a las víctimas de agresiones sexuales. Han conseguido más de 1.000 testimonios en poco más de un año al poner un formulario anónimo disponible en internet. Aunque muchas denuncias anónimas no llegaron a prosperar, este pérfíl en Twitter es un símbolo de que los tiempos están cambiando.

Revuelta por el silencio que rodea a las violaciones, la escritora, bloguera y feminista Ndeye Fatou Kane inventó el hashtag #balancetonsaïsaï (controla a tu pervertido), que nace con el mismo espíritu de denuncia.

Y de las redes sociales a la calle, un centenar de manifestantes se reunieron en la Plaza del Obelisco de Dakar el pasado 9 de diciembre para denunciar las agresiones sexuales y los abusos contra las mujeres. Allí estaba Fatima Zahra Ba, una joven diseñadora de moda senegalesa que ha lanzado el hashtag #doyna –en wolof basta ya– surgido recientemente como parte de la campaña de la ONU 16 días de activismo para poner fin a la violencia contra las mujeres y niñas en Senegal. El evento terminó con un diálogo abierto que aporta soluciones para erradicar esta forma de violencia tan extendida por todo el país.

El affaire songué es otro tema que incendió las redes sociales cuando el profesor de filosofía Songué Diouf justificaba la violación en la televisión senegalesa argumentando que las mujeres son provocadoras por naturaleza. “En las violaciones, hay que repartir la culpa y asignarle a cada uno su parte. Vosotras hacéis todo para que os violemos. Y cuando os violamos, vamos a la cárcel. Y vosotras, que habéis hecho todo lo posible para que os violemos, quedáis libres”. Las declaraciones del cronista han causado tal indignación que las psicólogas Ndeye Khaira Thiam, Aminata Mbengue y la jurista Fatima Sall han presentado una denuncia ante los tribunales contra el Profesor Songué Diouf por apología de la violación. Éste se defendía en los medios apelando a la libertad de expresión y matizando que sus palabras se habían malinterpretado.

La culpa no es de la falda

"¿Cómo ibas vestida?" es una pregunta planteada demasiadas veces a las mujeres que han sufrido una violación. Una pregunta intencionada y acusatoria que contiene de manera implícita un mensaje: “podrías haberlo evitado, si te hubieras vestido de otra manera”. La instalación bautizada con este nombre fue creada en la Universidad de Kansas en 2013 por Jen Brockman y Mary A. Wyandt-Hiebert, y surgió con el objetivo de desmontar el absurdo mito de que a las mujeres las violan por como van vestidas. “No es una exposición artística, es una exposición militante” declara Fatou Kiné Diouf, comisaria de la muestra en Senegal. “Ha sido adaptada al contexto senegalés. Todos los testimonios son de mujeres y niñas víctimas de abusos en nuestro país”, añade.

“Esta iniciativa surge para mostrar la violencia que implica esa pregunta. En Senegal es necesario abrir el debate y trasladarlo al espacio público. La instalación deja hablar a las prendas, de una manera muy simbólica y reveladora”, continúa Fatou Kiné. “Ninguna mujer es culpable de sufrir una violación, no hay vestimenta ni actitud que pueda justificar una violación, y esta exposición es la prueba” añade.

“Me han inspirado mucho las discusiones que se han mantenido en las redes sociales, hay una gran necesidad de hablar de ello, y queremos que el debate continúe, por eso hemos programado paneles de discusión sobre la violación, la asistencia a las víctimas de violencia en Senegal y el papel de los medios de comunicación. Por otro lado, también hay varias visitas de centros escolares en el programa, queremos que la exposición tenga un impacto real. La cultura de la violación no se erradica cambiando de ropa, sino cambiando de mentalidad, a través de la sensibilización y la educación”, completa.

La violencia sexual en las escuelas

El informe de HRW revela que el acoso y los abusos sexuales son recurrentes en las escuelas de secundaria, además de encontrarse entre las principales causas del abandono escolar y embarazo adolescente en Senegal, donde las tasas son todavía muy elevadas. Solo un 32% de niñas se matricularon en secundaria entre 2008 y 2012, según Unicef. Los datos de UNFPA revelan que el 8% de las jóvenes entre 15 y 19 años ya han sido madres. Otra investigación de UNFPA junto con GEEP apunta que se registraron al menos 1.971 casos de embarazos en las escuelas entre 2011 y 2014, y más de la mitad abandonaron los estudios.

El machismo de los medios

M.M.

Tanto HRW como el grupo de expertos convocados en el Musée de la Femme apuntaron hacia la gran responsabilidad de los medios de comunicación. Los titulares sensacionalistas, la publicación de los nombres completos de las mujeres que han sufrido abusos y la descripción de su vestimenta para justificar el abuso son frecuentes en los periódicos, fuente de la que se nutrió Fatou Kiné Diouf, comisaria de la exposición T’etais habillée comment?, para desarrollar la muestra.

El informe de HRW también incluye algunas recomendaciones clave para los medios, a quienes invita a profundizar en los casos de abusos a menores en otras regiones del país e insiste en no estigmatizar a todos los profesores. “Es importante destacar el esfuerzo de muchos maestros y centros de educación en la prevención y la protección de abusos en las escuelas” añade Elin Martínez, “así como el gran trabajo que están haciendo las asociaciones y las ONG para reforzar la protección y la defensa de los derechos de los niños” comenta Martínez.

Más allá de las estadísticas, los testimonios recogidos en las regiones de Kolda, Sedhiou, Ziguinchor y Dakar para la investigación de HRW relatan cómo los maestros coaccionan a las jóvenes ofreciéndoles dinero, comida, buenas calificaciones y regalos como teléfonos móviles o ropa.

“Si rechazas al profesor, te da malas notas o te suspende”, dice Kodda, de 17 años, natural de Medina Yoro Foula. Aïssatou, de 16 años, tras rechazar las proposiciones de su maestro y obtener malas calificaciones, decidió acudir al despacho del director de la escuela para confesarle el acoso que sufría. El profesor lo negó todo, aunque dejó de molestarla. No hubo ninguna investigación y no se ejecutó ninguna acción disciplinaria ni sanción judicial contra él. Más adelante, abusó sexualmente de otra joven: “La dejó embarazada. Él todavía sigue dando clase y ahora sale con otras niñas”, añade Aïssatou.

“El país no dispone de un código de conducta nacional que describa las obligaciones de los profesores hacia los alumnos” señala Elin Martínez, investigadora en la sección de derechos infantiles de HRW y autora del estudio. “Además, la mayoría de los maestros que cometen abusos y acosan a las niñas nunca llegan a ser investigados”.

“El informe pone de manifiesto la gran debilidad del sistema”, explica Martínez. Si bien el Gobierno de Senegal reconocía la prevalencia de la violencia sexual en las escuelas apuntando a las menores como principales víctimas de abusos en el año 2012, la reacción al informe de HRW contradice sus propias investigaciones. “La respuesta por parte de las autoridades y los sindicatos ha sido muy negativa, aunque por otro lado ha creado más interés mediático, y eso es positivo, queremos abrir el debate”, comenta la investigadora. "Los medios se han centrado en la reacción del Gobierno y los sindicatos, que lo niegan y además manipulan el informe, en vez de prestar atención a las historias de las niñas que han sufrido los abusos y las violaciones por parte de sus profesores. Lo más importante son los testimonios. Es vital destacar las historias. Todos hablan de cifras, nosotros hablamos de nombres. Se llaman Aïssata, Maïmuna, Fanta”, explica Martínez

El papel del Gobierno

En 2013, el Gobierno senegalés adoptó una estrategia nacional para la protección de los menores, aunque su aplicación suscita dudas por parte de las asociaciones y ONG que trabajan en su protección. Por otro lado, el país acumula una larga lista de tratados internacionales que ha ratificado, entre los que destacan la Convención de los derechos del niño en 1990, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres en 1985 y el Protocolo de Maputo en 2004. En teoría, los esfuerzos de la Administración por combatir los abusos y garantizar los derechos son evidentes, aunque resultan insuficientes en la práctica.

Por este motivo, el informe de HRW interpela directamente al Ejecutivo para que adopte una política nacional que luche contra la explotación sexual en las escuelas. También recomienda implementar una formación obligatoria dirigida a los profesores sobre la protección y los derechos de los menores. Asimismo, apela a sindicatos y Gobierno a sumar fuerzas y establecer un código de conducta para todo el personal educativo que refleje las obligaciones deontológicas y legales con los alumnos.

La violencia contra las mujeres es un problema de base, vivimos en una sociedad tremendamente patriarcal

Dior Fall Sow, presidenta de honor de la Asociación de Juristas Senegalesas

La falta de responsabilidad del Estado fue una pieza central del debate sobre la violación celebrado en el Musée de la Femme, aunque también lo fueron la cultura y la educación. “La violencia contra las mujeres es un problema de base, vivimos en una sociedad tremendamente patriarcal, el problema está en las ideas y en los valores que se transmiten a las mujeres”, comenta Dior Fall Sow, presidenta de honor de la Asociación de Juristas Senegalesas y primera mujer procuradora de la República. “Para combatir los abusos hace falta educación”, añade la participante Mona Chasserio, presidenta y fundadora de La Maison Rose, un lugar de acogida para las mujeres y los menores víctimas de violencia sexual en Guediawaye, un barrio en la periferia de Dakar.

HRW denuncia la falta de información para los jóvenes sobre salud sexual y reproductiva en las escuelas. Aunque el Gobierno de Senegal se ha comprometido en varias ocasiones a adoptar un programa de salud sexual y planificación familiar, este no incluye a los adolescentes ni a los centros escolares debido a que impartir educación sexual a los jóvenes contradice los valores morales de la cultura senegalesa.

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