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EP Verdad BLOGS Coordinado por PATRICIA R. BLANCO

Mentiras para torpedear Madrid Central

El PP ha tildado el plan de Carmena de “ideológico” y lo ha acusado incluso de restringir “derechos” constitucionales

Protesta organizada por la Plataforma de Afectados por Madrid Central en el barrio de Las Letras de Madrid, en julio de 2017.

La restricción del tráfico en el centro de Madrid, que entró en vigor el pasado viernes, ha venido precedida de duras críticas orientadas a demostrar que el plan puesto en marcha por el Ayuntamiento de Manuela Carmena era “ideológico”, “no estaba basado en análisis rigurosos” e incluso restringía “derechos” de los ciudadanos reconocidos por la Constitución. Una de las voces más beligerantes ha sido la del alcalde del municipio madrileño de Alcorcón, David Pérez (PP), que desde la llegada de Carmena al Consistorio ha atacado las medidas anticontaminación puestas en marcha por su Gobierno municipal con el argumento falaz de que la alcaldesa “cierra Madrid a sus vecinos de Alcorcón”. Estos son algunos ejemplos de la desinformación vertida en torno a Madrid Central:

Limita “el derecho a circular y desplazarse”

El pleno del Ayuntamiento de Alcorcón aprobó el pasado 31 de octubre una propuesta del PP, con los votos a favor de Ciudadanos, para instar a Carmena a que “suspenda, revise y consensúe las medidas de restricción al tráfico”. Uno de los argumentos que empleaba, y con el que David Pérez sugería que el proyecto iba en contra de la Constitución, es que el plan de Ahora Madrid “es la manifestación más clara de despotismo e intervencionismo al pretender imponer cómo y cuándo deben ejercer los ciudadanos su libre derecho a circular y desplazarse”.

Sin embargo, Madrid Central no limita los desplazamientos de los ciudadanos, que pueden seguir entrando libremente y sin restricciones en la almendra central de la ciudad, sino de los vehículos más contaminantes. El artículo 19 de la Constitución reconoce el derecho de los españoles “a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional”, lo que no implica que se pueda circular por cualquier lugar en un vehículo a motor.

“No se basa en análisis rigurosos”

La propuesta del PP aprobada por el pleno del Consistorio de Alcorcón afirmaba también que el plan de Carmena “responde a prejuicios ideológicos en lugar de basarse en análisis rigurosos”. Sin embargo, el objetivo principal de la restricción del tráfico en Madrid es la reducción de la contaminación. Y los datos avalan que la capital sufre altos índices de polución. Madrid, Barcelona, Granada y Bilbao son las ciudades españolas con mayor contaminación por dióxido de nitrógeno (NO2). En el caso de la capital, según el Inventario de Emisiones Contaminantes a la Atmósfera de la ciudad, el tráfico rodado es el responsable de más del 50% de las emisiones de óxidos de nitrógeno, y especialmente los vehículos diésel.

El informe de 2017 de Ecologistas en Acción sobre la calidad del aire en Madrid corrobora estas cifras. Según el estudio, la contaminación se agravó el año pasado por el aumento “notable” de NO2. Los autores del informe, basado en los registros oficiales de las 24 estaciones de medición de la contaminación que el Ayuntamiento de Madrid tiene distribuidos por toda la ciudad, atribuyeron el incremento de NO2 en la atmósfera madrileña a las condiciones meteorológicas adversas (un año seco con pocas precipitaciones) y al repunte del tráfico.

“Colapsa la ciudad”

Una de las críticas más reiteradas contra Madrid Central es que las restricciones al tráfico colapsarían la ciudad. Aunque es muy pronto para evaluar el impacto de la medida, durante el primer día de la entrada en vigor del plan, el tráfico se redujo en el centro de Madrid entre el 7% y el 31,8% desde las siete de la mañana y hasta las siete de la tarde, según datos del Ayuntamiento madrileño. Estos niveles de tráfico fluido se mantuvieron durante el pasado fin de semana, con menos tráfico en la almendra central y un aumento de viajeros en los autobuses de la EMT, según datos del Ayuntamiento.

“Que se rebaje el impuesto de circulación”

Muchas han sido las voces que han clamado en las redes sociales para que se rebaje el impuesto de circulación en Madrid ante la entrada en vigor de Madrid Central. Incluso una propuesta poco exitosa publicada en Change.org argumentaba que era preciso reducir esa tasa “porque se paga por poder circular por todo el término de la ciudad de Madrid”, algo que ya no es posible.

Sin embargo, el impuesto sobre vehículos de tracción mecánica, que recaudan los Ayuntamientos, no se paga en función de los kilómetros recorridos, sino de las características del vehículo a motor, como los caballos fiscales (resulta del cálculo entre la cilindrada del motor y el número de cilindros), o el número de plazas disponibles en el caso de autobuses y autocares.

Madrid Central y el muro de Berlín

Un día antes de que entrara en vigor la restricción de tráfico en el centro de la capital, David Pérez, que también es diputado del PP en la Asamblea de Madrid, comparó el proyecto de Carmena con la construcción del muro de Berlín: “Distintas imágenes de la construcción del muro de Berlín. A los comunistas les gusta mucho levantar muros e impedir a la gente moverse libremente”. Es el mismo argumento que ha usado en varias ocasiones desde 2016 para criticar el Protocolo Anticontaminación, que se activa en casos extremos de emisiones de NO2. Con esta equiparación, el dirigente popular está comparando la restricción del tráfico en una ciudad para reducir la contaminación con la barrera símbolo de la Guerra Fría alzada por el bloque comunista en Berlín Este para evitar que sus ciudadanos huyeran de la dictadura de la República Democrática Alemana (RDA) a la democracia que representaba Berlín Occidental y la República Federal de Alemania (RFA).

Por lo tanto, la ristra de argumentos que pretenden boicotear el proyecto de Madrid Central, intentando demostrar que el plan limita el derecho a desplazarse e incluso contraviene la Constitución, no solo son falsos, sino que embarran el debate público con razonamientos absurdos que se atreven a comparar las medidas de un sistema dictatorial con las de un Ayuntamiento democrático que intenta reducir los altos índices de contaminación.

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