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Madrid Central ya está en vigor: un cambio histórico para la capital de España

Este viernes ha entrado en vigor la medida estrella de Manuela Carmena, que pone a la ciudad a la vanguardia en la lucha contra la contaminación

Señales de Madrid Central en uno de los accesos al área. En vídeo, todo lo que hay que saber sobre el tráfico si se va de visita a Madrid.

La capital ha estrenado este viernes Madrid Central, un cambio histórico que pone a Madrid a la vanguardia de las ciudades que luchan contra la contaminación. La medida estrella de Manuela Carmena, que arranca en fase informativa, cierra al tráfico un área de 472 hectáreas en el centro de la ciudad, donde solo podrán circular residentes y transporte público; los no residentes pueden acceder siempre que tengan etiqueta ambiental y vayan a un aparcamiento  de uso público. La iniciativa, que ya fue propuesta por los anteriores alcaldes del PP (Gallardón y Botella), se hace por salud pública —impulsada por la Comisión Europea— y espera reducir un 40% la emisión de contaminantes en el área. Muchas ciudades europeas han tomado medidas contra los humos de los coches, pero tan solo cuatro han ido más allá que Madrid y han impuesto un peaje para entrar al centro: Londres, Milán, Estocolmo y Gotemburgo.

Si en los cincuenta y sesenta todas las ciudades de Europa se transformaron para dedicar la mayor parte de su espacio público a los coches (con avenidas y aparcamientos), a partir de finales de los ochenta comenzó un movimiento contrario pero imparable para recuperar las ciudades para los peatones, quitando espacio al vehículo privado. Madrid no se ha quedado al margen. Una de las primeras polémicas fue el cierre al tránsito del parque del Retiro, que impulsó el PSOE y al que se opuso fieramente AP (antiguo PP).

Sin embargo, las siguientes iniciativas las tomó un alcalde popular, Alberto Ruiz-Gallardón: además de peatonalizar numerosas calles del centro, creó a partir de 2004 las primeras áreas de prioridad residencial (APR), zonas limitadas al tráfico de residentes en los barrios de Cortes, Letras y Embajadores, cuyo acceso se controla con cámaras y a las que se puede acceder si se va a un aparcamiento público. En suma, el embrión de Madrid Central. De hecho, el propio Gallardón propuso en 2006 cerrar al tráfico un área muy similar a la que este viernes se pone en marcha, pero no consiguió llevarlo a cabo. Su sucesora, Ana Botella (PP), también lo intentó en 2014, pero las críticas de los comerciantes le hicieron guardar el plan en un cajón. Con estos antecedentes, resulta curioso observar la fiera oposición del PP al plan municipal, que tienen recurrido en varias instancias.

NUEVA ÁREA DE TRÁFICO RESTRINGIDO EN MADRID

Fuente: Ayuntamiento de Madrid.

En cualquier caso, la iniciativa de Carmena responde a una petición de la Comisión Europea para mejorar la mala calidad del aire —causada por los tubos de escape— en Madrid y Barcelona. Para evitar una multa millonaria, el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha el Plan A de Calidad del Aire, que además de este cierre al tráfico incluye medidas como el Protocolo Anticontaminación, que limita la circulación de los vehículos más antiguos en toda la ciudad en episodios de alta contaminación. El Ayuntamiento de Madrid estima que los 230.000 viajes en coche que se realizan al centro cada día se reducirán en unos 76.000 (es decir, un 33%) con Madrid Central; al tratarse de los coches más antiguos (los que no tienen etiqueta ambiental) habrá un 40% menos de emisiones —principalmente de dióxido de nitrógeno (NO2) y sus derivados—, la cifra requerida por la Comisión.

Día histórico

"Es un momento muy importante para la ciudad", ha dicho este jueves Inés Sabanés, concejal del Área de Medio Ambiente y Movilidad, que considera este viernes como un “día histórico”. La medida, según la concejal, "pone la salud de la ciudadanía en el centro de las políticas públicas y de la actuación del Gobierno municipal".

Las críticas furibundas (comerciantes, ciudadanos, transportistas) no son exclusivas de Madrid: cada vez que una iniciativa similar se pone en marcha suele haber una reacción al cambio, que continúa hasta que se aprecian los beneficios de la nueva situación. El alcalde de Londres también fue objeto de una oposición feroz cuando hace 15 años instauró una tasa de congestión (pagar por entrar) en la zona central de la ciudad: lo que en principio fueron críticas se ha transformado en apoyo. Es una medida más radical que Madrid Central, ya que en la capital española se puede entrar gratis siempre que se tenga etiqueta ambiental y se aparque en un aparcamiento público, mientras que en Londres todos los vehículos que accedan en horario laboral deben pagar unos 12 euros (los residentes obtienen un descuento del 90%).

El plan londinense ha reducido el tráfico en un tercio y se ha convertido en ejemplo para otras ciudades que lo han adoptado después: Milán (Italia), Estocolmo y Gotemburgo (Suecia) y Singapur; incluso Nueva York estudia implantarlo. Oslo, por su parte, se ha propuesto eliminar la emisión de gases nocivos para 2025 y para ello prohibirá la circulación de vehículos que se mueven con diésel y gasolina.

Otras ciudades todavía están debatiendo cómo cambiar su movilidad: Roma tiene varias zonas de tráfico limitado y estudia cómo ampliarlas, mientras que Berlín cuenta con un área medioambiental de 88 kilómetros cuadrados donde solo se pueden circular los coches con distintivo verde, que reciben los vehículos cuyo estándar de emisión corresponda a Euro 4 o superior (equivalente a una etiqueta ambiental C). En París se han cerrado vías rápidas para reconvertirlas en zonas peatonales, un proceso denunciado en los tribunales, al igual que ha ocurrido en Madrid. Los jueces dieron la razón a la alcaldesa, Anne Hidalgo. La regidora ya ha avanzado que en la próxima legislatura quiere peatonalizar los distritos más céntricos para paliar el negativo impacto de los vehículos en la calidad del aire y en los monumentos.

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