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la imagen COLUMNA i

Tanta belleza

Contenedores, Hong Kong, 2014.
Contenedores, Hong Kong, 2014.

ESTA OBRA DE ARTE no es una obra de arte. Es un conjunto de contenedores apilados que casualmente han construido un mondrian. Debemos su descubrimiento a la agudeza del fotógrafo, que fue capaz de observar unas pautas cromáticas donde la mayoría de los mortales solo habríamos visto un montón de chatarra de colores. El contenedor es uno de los grandes inventos de la poshistoria o como quiera que se llame esta época que nos ha tocado vivir. Sus medidas estándar facilitan su almacenamiento y transporte por carreteras, ríos u océanos. Las grandes barcazas especializadas en su traslado atraviesan los mares cargando centenares o miles de ellos, los unos encima de los otros, elevando peligrosamente el centro de gravedad del complejo. Su visión desde un barco normal o de recreo resulta muy perturbadora para las buenas conciencias, sobre todo si se manifiesta en medio de la niebla, como un remordimiento. A veces, en los temporales, la carga se balancea y algunos de los contenedores caen al agua precipitándose hasta el fondo. Los lechos marinos están llenos de estas cajas de zapatos monstruosas que igual contienen maquinaria agrícola que inmigrantes de los llamados ilegales.

Del mismo modo que si deseas entender a Mondrian has de atravesar lo que en su pintura hay de pura geometría y de simple pantone, para entender uno de estos continentes industriales debes abrir, siquiera de forma imaginaria, sus puertas de acero corten o aluminio para sorprenderte (y escandalizarte quizá) de lo que nos enviamos de un extremo al otro del universo mundo provocando sin querer tanta belleza.