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El desayuno de Diego Guerrero

Al chef de DStage le encanta que la cocina de su casa en el barrio madrileño de Chueca comunique directamente con el salón.
Al chef de DStage le encanta que la cocina de su casa en el barrio madrileño de Chueca comunique directamente con el salón.

Siempre que el cocinero Diego Guerrero (Vitoria, 1975) viaja se trae como souvenir una taza y dos imanes. Uno de ellos lo coloca en la nevera de su cocina. El otro, en su restaurante DStage, que en cuatro años de andadura ha cosechado dos estrellas Michelin. Las tazas las usa en el desayuno, la única comida del día que hace en casa. “Fruta, tostadas, café… Hay un montón de cosas”, enumera el chef. Apenas lleva unos meses viviendo en este loft del madrileño barrio de Chueca. Le encanta que la cocina esté abierta al salón. “Para mí tiene mucho sentido que estén comunicados. Leo, cocino, veo una película, toco la guitarra”. Reconoce que la decoración le gusta más de lo que piensa. “Necesito crear atmósferas donde yo me sienta a gusto. Me involucro mucho en la de mi casa y en la del restaurante, que también es mi casa”.

Necesito crear atmósferas donde yo me sienta a gusto. Me involucro mucho en la de mi casa y en la del restaurante

DStage tiene la peculiaridad de que cierra los fines de semana. Momento que Guerrero aprovecha para reunir a los amigos a cenar en torno a la mesa de la cocina, una pieza de los años cincuenta de la que está orgulloso. En casa no suele complicarse. Quizás una tortilla de patata o un arrocito. Aunque también disfruta mucho saliendo a comer fuera. Afirma que, conociendo el trabajo que hay detrás, cuando va a un restaurante es un cliente agradecido. “Yo con una buena ensalada de tomate soy el hombre más feliz del mundo”.