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OPINIÓN i

La silla, el avance más importante de la medicina

Las opiniones de los pacientes sobre sus sistemas de salud no han sido suficientemente consideradas a pesar de que contienen información muy valiosa, según el autor

Una médica de atención primaria atiende a sus pacientes en Majupepentic, una pequeña comunidad del estado de Chiapas (México).
Una médica de atención primaria atiende a sus pacientes en Majupepentic, una pequeña comunidad del estado de Chiapas (México).

Dicen que cuando preguntaron al doctor Gregorio Marañón, científico por formación y humanista por convicción, cuál era el avance que consideraba más importante para la medicina, meditó durante unos instantes y respondió: “La silla; la silla que nos permite sentarnos al lado del paciente, escucharlo y auscultarlo”. Tal vez la anécdota no sea más que una leyenda, pero la metáfora ejemplifica lo que han dicho durante siglos los maestros universales de la medicina, que lo más importante del acto médico es la conexión humana, esa que permite descubrir los pequeños detalles en los grandes problemas.

Llamémoslo silla o llamémoslo anamnesis, lo cierto es que, incluso hoy en día, inmersos en la actual revolución tecnológica que está llevando a la medicina a resultados impensables hace unos años, ningún instrumento es capaz de sustituir el contacto humano y la comunicación entre médico y paciente. Y esta es una realidad especialmente cierta en lo que se refiere a la atención primaria.

La atención primaria, según la definió la Organización Mundial de la Salud en 1978 tras la celebración de la primera gran conferencia internacional en la materia, representa “el primer nivel de contacto de los individuos, la familia y la comunidad con el sistema nacional de salud; sitúa la atención médica lo más cerca posible al lugar donde residen y trabajan las personas y constituye el primer elemento de un proceso permanente de asistencia sanitaria”. Se basa en la atención centrada en la persona de una manera continua, a lo largo de toda su vida y no solamente cuando tiene algún problema. Al contrario de lo que sucede en la atención especializada u hospitalaria, en donde el enfoque es una dolencia específica, la primaria relaciona al paciente con su familia, su comunidad y su contexto social y lo vincula a los recursos disponibles en su sistema.

Hace años que se promueve el fortalecimiento de la atención primaria como una forma de acercarse a un sistema universal de la salud y, a pesar de grandes declaraciones internacionales como la de Alma Ata, cuyo 40 aniversario acabamos de celebrar, aún no se ha conseguido. El 87,5% de la población de América Latina y el Caribe, por ejemplo, no puede contestar afirmativamente cuando le preguntan si tiene un médico de cabecera o un lugar habitual de atención para su salud, si ese doctor conoce su historial médico, si puede contactar fácilmente con su médico durante el día o si le ayuda a coordinar el acceso a otros especialistas.

El 87,5% de la población de América Latina y el Caribe no puede contestar afirmativamente cuando le preguntan si tiene un médico de cabecera

Estas cuatro preguntas son las que habitualmente definen una atención en salud centrada en el paciente cuyos resultados están asociados a mejoras en las experiencias de los usuarios y de los profesionales y a una mayor utilización de los servicios preventivos. Se ha constatado que una adecuada atención primaria reduce el número de consultas con especialistas y de hospitalizaciones o de visitas a los servicios de emergencias para atención rutinaria, contribuyendo, de esta forma, a aliviar la sobrecarga de trabajo en otros niveles de atención ya que permite resolver de forma ambulatoria muchos problemas. Es más, incide de forma inversa en la mortalidad, especialmente en lo que se refiere a las enfermedades no transmisibles como la diabetes o la hipertensión, que se están convirtiendo en una auténtica epidemia de nuestro siglo y que, por su carácter crónico, requieren de la participación del paciente para lograr buenos resultados.

Si queremos impulsar la atención primaria y conseguir un funcionamiento eficaz de los sistemas de salud que responda a las necesidades de los pacientes es prioritario conocer su opinión sobre la atención médica que reciben. Sin embargo, la perspectiva del paciente ha sido la gran ausente en el diseño de las políticas públicas de salud a pesar de que provee información muy valiosa en consonancia con los diferentes contextos sociales, económicos, políticos y epidemiológicos.

Desde el Banco Interamericano de Desarrollo hemos intentado dar voz a los pacientes con la realización en los últimos años de una serie de encuestas sobre el acceso, la calidad, la experiencia y la coordinación de la atención primaria entre los adultos de Brasil, Colombia, El Salvador, Jamaica, México y Panamá. El estudio Desde el paciente. Experiencias de la atención primaria de salud en América Latina y el Caribe, que se puede descargar de manera gratuita en internet, ofrece los principales resultados para cada uno de estos países y una comparativa regional e internacional que permite apreciar las diferencias de valoración entre los pacientes latinoamericanos y caribeños de países de ingresos medios con las de los países más desarrollados donde, por lo general, la atención primaria en salud resulta mucho más resolutiva y centrada en el paciente.

La información publicada en este estudio puede contribuir a llenar el vacío de información propio de la región en este tema, así como estimular análisis adicionales que indiquen cómo la perspectiva del paciente puede ser utilizada para fortalecer la atención primaria de la salud. Sus valoraciones son una forma efectiva y razonablemente rápida y económica de conocer cómo mejorar unos servicios en los que el paciente es el verdadero protagonista. Acercar la silla al paciente y escucharlo sigue siendo la mejor manera de dar solución a los grandes problemas.

Ferdinando Regalia es jefe de la división de Salud y Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo.

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