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OPINIÓN i

¿Es libertad llevar un estilo de vida a costa de la explotación de otros?

Solo será posible avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible con una clara mirada de género y cuidados en todos los objetivos y metas

El 25 de septiembre se cumplen tres años desde que se acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por los 193 Estados miembros de Naciones Unidas. La ONGD española InteRed presenta el estudio Objetivos de Desarrollo Sostenible con enfoque de Género y Cuidados, elaborado con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), en el que se analiza, desde una perspectiva de género y de cuidados, cada uno de los objetivos acordados por Naciones Unidas en septiembre de 2015. No podemos afrontar las grandes problemáticas que nos afectan sin una clara apuesta por cambios estructurales en el sistema que vivimos, que pasan por poner la vida en el centro.

Para poder alcanzar el desarrollo sostenible precisamos transitar hacia otros modelos más justos, equitativos y respetuosos con las personas y la naturaleza y, en definitiva, con la vida, desplazando otras cuestiones que en este momento están en el centro como son los mercados y que no han hecho más que incrementar las desigualdades y el deterioro medioambiental en los últimos decenios.

Nos encontramos en una crisis multidimensional. Hemos alcanzado el pico de petróleo y estamos a punto de alcanzar otros picos de combustibles y minerales. El cambio climático, la degradación acelerada de los ecosistemas terrestres y oceánicos pone en evidencia la crisis del modelo socioeconómico que vivimos, que ya ha rozado los límites planetarios. Las personas del Norte Global hemos vivido expoliando recursos de otros territorios mientras muchas personas de estos otros territorios no podían satisfacer sus necesidades básicas, encontrándonos con grandes desigualdades que no paran de crecer, con personas que mantienen su estilo de vida (de consumo de energía, de bienes y recursos) a costa de las consecuencias de este estilo de vida a nivel planetario y para otras personas. ¿Cómo es posible que los territorios del Norte Global continuemos dando la espalda y resistiéndonos a cambiar ante el gran impacto que producimos en el planeta? Debemos asumir nuestra responsabilidad como principales territorios consumidores y contaminantes y actuar para solventar la situación.

Tenemos, por otro lado, que una gran parte del trabajo en el mundo ha sido invisibilizado por el sistema, esto es, el trabajo de cuidados, desarrollado fundamentalmente por las mujeres a lo largo de la historia y en todo el planeta, esencial para la vida, pero invisible a la vez por las economías. El trabajo de cuidados cumple una función esencial en las economías capitalistas: la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin este trabajo cotidiano que permite que el capital disponga todos los días de trabajadores y trabajadoras en condiciones de emplearse, el sistema simplemente no podría reproducirse. Sin embargo, la asignación de forma “naturalizada” de los trabajos de cuidados a las mujeres (o esa distribución desigual de los trabajos de cuidados a mujeres y a hombres) las condena asimismo a una mayor precariedad de tiempo, económica y de energía y, por tanto, a un mayor riesgo de pobreza.

Debemos superar esta inocencia de occidente y hacernos conscientes de la deuda ecológica y de cuidados que tenemos respecto a otras personas y a la naturaleza

Las mujeres han tenido desde la antigüedad un papel protagonista en los movimientos de defensa de los territorios, en organizaciones de barrio, en las luchas no violentas. Además, en la conservación de semillas, la denuncia de los abusos de las grandes corporaciones, la protección de los bosques y, en general, de la vida. Las mujeres han sido claves portadoras de sabiduría ancestral en la agricultura tradicional y la economía de subsistencia. A la vez, las mujeres son las más afectadas por la pobreza y el hambre, las más perjudicadas en situaciones de crisis y conflictos, las más desprotegidas en derechos en muchos territorios, como a la propiedad, al crédito o a la herencia, las que corren peligro en muchas situaciones debido a los conflictos armados, la trata de personas, los feminicidios o los desplazamientos forzosos. Al mismo tiempo, las mujeres desarrollan en todos los territorios mecanismos de supervivencia, resiliencia y resistencia que es preciso conocer y resaltar, algunos de ellos reflejados en el documento, que nos marcan hojas de ruta por las que buscar alternativas a este modelo neoliberal destructivo para la naturaleza y las mujeres.

El sistema capitalista y patriarcal en el que nos encontramos propicia las desigualdades entre territorios y hacia las mujeres porque se beneficia de ello. De esta manera, las personas del Norte Global gozan de grandes privilegios respecto a las personas del Sur Global, entendiendo el consumo como libertad, pero ¿es acaso libertad llevar un estilo de vida a costa de la explotación de otros cuerpos? Debemos superar esta inocencia de occidente y hacernos conscientes de la deuda ecológica y de cuidados que tenemos respecto a otras personas y a la naturaleza.

Nos encontramos ante una coyuntura idónea en la que sabernos parte de una ciudadanía global nos permite aliarnos, comprender las problemáticas globales y situarnos en nuestra responsabilidad individual. Necesitamos, por tanto, conocer la realidad de la situación y reclamar a los gobiernos y entidades públicas, pero también a las empresas y poderes fácticos, la consecución de alternativas que pongan la vida (y no al mercado) en el centro, reclamando vidas dignas para todas las personas del planeta y no únicamente para un grupo privilegiado. Debemos dejar de negarnos a nuestra capacidad de hacer y cambiar las cosas, podemos cambiar de paradigma bajo una cultura de paz y sostenibilidad.

Con este análisis de la Agenda 2030, InteRed pretende, por tanto, identificar y reflexionar sobre las problemáticas que afectan a las mujeres y a la sostenibilidad de la vida, así como abordar algunas alternativas para cada ODS, desde un enfoque de género y cuidados, que nos permitan cambiar la mirada para la acción.

Lucía López Salorio es pedagoga, especialista en género y sostenibilidad ambiental.

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