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Cómo un ciudadano puede dictar la ley

Medialab Prado acoge hasta el jueves un encuentro de iniciativas ciudadanas iberoamericanas que tienen en común el poder vecinal para cambiar la realidad

Más de 30.000 personas viven en los márgenes del río Tapajos, al norte de Brasil. Pertenecen a 143 comunidades a las que los doctores y las medicinas tenían difícil acceso hasta hace unos años. ¿Qué une a todos estos pueblos? El agua que los conecta. "Entonces hagamos un hospital flotante", se dijeron Caetano y Eugenio Scannavino, dos hermanos de Sao Paulo, en 2006. Cuatro años más tarde el Gobierno brasileño se fijó en ese navío que atendía a todas las comunidades ribereñas y lo incorporó a sus políticas públicas. Hoy existen 78 embarcaciones en todo Brasil que realizan este trabajo.

Los hermanos Scannavino son los fundadores de la organización Saúde e Alegria, creada hace 30 años para atender las necesidades de las diseminadas comunidades amazónicas. Una entidad a la que dieron forma los ciudadanos para llegar a lugares donde no alcanzaban las instituciones y que esta semana aterriza en Madrid para compartir su experiencia con una veintena de proyectos que se dan cita en el Lab Meeting, en Medialab Prado. "No queremos sustituir al Estado, solo sumar. Ahora mismo tenemos en marcha un programa de saneamiento de agua con energía solar que también está estudiando el Gobierno", comenta Caetano, quien suelta un "Mission accomplished (misión cumplida)", cuando habla de cómo las instituciones adoptan sus iniciativas,

El encuentro iberoamericano de innovación y laboratorios ciudadanos reúne durante tres días a 16 proyectos de siete países (España, Brasil, Colombia, El Salvador, México, Argentina y Chile) que tienen en común el impulso por parte de la sociedad civil para dar respuesta a necesidades que las administraciones públicas no están cubriendo. Algunas de ellas incluso llegan a ser adoptadas como parte de las políticas públicas, como el caso de Saude e Alegria.

"Seguramente no tengamos todas las soluciones, pero al menos tenemos inquietudes", explican Marina Vila y Piren Benavídez, que vienen desde Buenos Aires (Argentina) con su Laboratorio de Ergonomías Subversivas. Se trata de un proyecto artístico que analiza quién produce la tecnología y a quién va dirigida para crear una serie de interfaces que permiten al usuario ponerse en el lugar de una persona discapacitada. "La palabra clave es inclusión, que para nosotras significa dar a una persona la independencia para que pueda llegar a tener tanta autonomía como tú. En Argentina existe una visión de los discapacitados desde la compasión. Vengo de Holanda donde todo el mundo puede conseguir una silla de ruedas eléctrica, mientras que en mi casa, no podemos usar ni la rampa para mi hermano con problemas motores porque está mal hecha", apunta Benavidez. 

Juan Manuel García enseña algunos de los materiales que usan en su proyecto.
Juan Manuel García enseña algunos de los materiales que usan en su proyecto.

Tras el terremoto que hizo temblar México el 19 de septiembre de 2017, los ciudadanos pudieron observar las carencias del Estado. La reconstrucción, los suministros, el auxilio... "En ese momento nos dimos cuenta de que la iniciativa popular podía llegar donde el Gobierno no lo estaba haciendo, descubrimos nuestra fuerte capacidad de autonomía", señala Jesús López, arquitecto y fundador de Atea Laboratorio de Barrio. En 2012 López y otros colegas abrieron este local de experimentación cultural en el denostado barrio de La Merced, en México D. F. "A partir del diseño, la arquitectura y los oficios tradicionales, trabajamos con los vecinos para crear cosas nuevas. Hacemos talleres, hemos abierto un huerto urbano, realizamos festivales... Al principio fue como 'Quiénes son estos raros', pero poco a poco nos vamos abriendo al vecindario y sacamos nuestro proyecto a la calle", puntualiza López.

Ciencia en las Tres Mil Viviendas

Juan Manuel García abandonó su Sevilla natal hace mucho tiempo para instalarse en París, pero desde que se puso en marcha el proyecto Water watchers, vuelve más o menos cada mes. Profesores, alumnos, el departamento de Educación de la Junta y la organización de la que es cofundador, la Open Science School, pusieron en marcha esta iniciativa en 2011. Este programa que se extiende por cuatro países en España se desarrolla en el Instituto Polígono Sur, en el barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla. La organización y los profesores han diseñado un método para analizar estudiar el agua de los ríos cercanos a la vez que les enseñan nociones prácticas de ciencia. "Hemos hecho una guía en varios idiomas para docentes y alumnos, les enseñamos a elaborar materiales baratos para que no tengan que invertir grandes sumas... Toda la información que obtenemos del trabajo realizado en las escuelas, la volcamos en una web para que esté disponible para toda la comunidad científica", explica García.

Democratizar la educación es también el objetivo de la Universidad de Libre Aprendizaje de Colombia. Más de 7.000 alumnos han pasado por este centro educativo en el que se juntan perfiles tanto de licenciados que quieren hacer un curso para ampliar conocimientos, como de amas de casa que nunca tuvieron la oportunidad de matricularse en una carrera. "Los profesores no cobran y los alumnos no pagan, todo es voluntario y las clases de dan los fines de semana en las aulas que nos cede la universidad", explica Doris Mejía, responsable de Educación del departamento de Nariño. La iniciativa nació apoyada por el senador Eduardo Enríquez Maya, que quiere extenderla a todo el país.

Ejemplos de que la ley también se puede dictar de abajo arriba, de que el diálogo entre ciudadanos a veces es lo más efectivo, se unen hasta mañana para seguir avanzando.

Una de las clases de la Universidad libre de Aprendizaje.
Una de las clases de la Universidad libre de Aprendizaje.

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