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Melodía en las venas

Javier Limón hijo toca un piano firmado por Bebo Valdés, mientras su padre, Javier Limón, le escucha tumbado en el suelo de su estudio de grabación, en Madrid.
Javier Limón hijo toca un piano firmado por Bebo Valdés, mientras su padre, Javier Limón, le escucha tumbado en el suelo de su estudio de grabación, en Madrid.

A JAVIER LIMÓN hijo, con tan solo 11 meses, Paco de Lucía lo metió con él en la cabina de grabación y lo acunó con el sonido de los acordes de su guitarra, harto de que no dejase concentrarse a su padre, el músico y productor Javier Limón (Madrid, 1973). Su infancia fue la de un niño que se sentaba al piano con Bebo Valdés, el mismo en el que hoy toca los acordes de ‘Rosetta’, uno de los temas que componen su primer trabajo en solitario, Solid. Un álbum con letras sobre “experiencias ­personales” para gente de su edad, en palabras del joven, que ahora ­tiene 16 años.

Melodía en las venas
Fotografías de Paco de Lucía y Bebo Valdés.
Fotografías de Paco de Lucía y Bebo Valdés.

“Si llego a saber que le gusta la música, no le llamo Javi”, apunta Limón padre entre risas, al tiempo que confiesa el placer que le produce que su hijo le corrija a la guitarra. “Me ha esclavizado mucho, me dijo que íbamos a hacer solo cuatro temas”, reconoce el productor. Al final serán 10 a caballo entre el soul, el jazz y el blues, estilos en los que Limón júnior se siente cómodo después de un decenio viviendo en Boston. “Irme allí cambió mi forma de ver la música”, cuenta Javi, que toca en una banda de jazz del instituto. De hecho, su primer videoclip, The Things That I Did, en el que forma una garage band con sus amigos, tampoco escapa al influjo americano. “Tiene mejor gusto que yo”, añade el padre, que explica el porqué de grabar el disco en este momento. “Yo creo que hay algo cuando se tiene 16 años que luego se pierde, se ganan otras cosas. Hay algo que me apetecía dejar plasmado. Ese primer fogonazo tiene valor artístico”, argumenta. Como ejemplo cuenta cómo en apenas unas semanas le ha cambiado la voz al joven: “Cantaba en do menor y ahora canta en la menor”.

Javier Limón júnior —que acudirá a la prestigiosa universidad de Berklee— aprendió y disfruta con los clásicos, pero no escapa a la visión de una generación pegada a YouTube. “Antes, si tú querías mostrar tu música, tenías que ser profesional”, explica. “¿Tú ahora mismo no quieres ser profesional?”, pregunta su padre. “Aún no. Yo quiero seguir estudiando e ir a la universidad”, sentencia, para sorpresa paterna. Pero lo cierto es que, para el productor, hay algo de cierto en el discurso del joven. “Antes, si grababas un disco, eras realmente bueno. Una hora de estudio en 1984 rondaba las 25.000 pesetas. Cuando grababas eras la hostia”, agrega el también compositor para artistas como Alejandro Sanz, ­Ainhoa Arteta y José Mercé. Una carrera musical en lo más alto que a Limón padre le hace ser exigente con su hijo. “O tocas de la leche el piano e improvisas bien o no”, le advierte. “Solo con tenerle cerca me sale peor”, confiesa el adolescente.

Este no es el único proyecto musical que ha unido a padre e hijo. Ambos —uno a la guitarra y otro a la melódica— han trabajado en la banda sonora de la película Todos lo saben, de Asghar Farhadi, en la que participan Penélope Cruz y Javier Bardem. En una relación donde la brecha digital es patente en las conversaciones, la música se ha convertido en un idioma común. “Puede ser una manera de comunicarnos porque no entiende de edades”, remata el productor.