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CLAVES
Columna
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Los cañones Berta del PP

Si las reglas se cambian, bajo las normas, y se mejoran, ¿dónde está el problema?

Xavier Vidal-Folch
Senadores del PP posan en el hemiciclo del Senado.
Senadores del PP posan en el hemiciclo del Senado. Samuel Sánchez

El PP usa tres cañones Berta contra la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Con ella el Gobierno y sus adláteres buscan acabar con el poder de veto del Senado a los objetivos de déficit y deuda de 2019, cuya aprobación es requisito previo al Presupuesto propiamente dicho.

Como el PP dispone hoy de mayoría absoluta en el Senado puede usarla para vetar esos objetivos y bloquear el Presupuesto incluso antes de que este exista.

Sostienen los populares que el Gobierno pretende “amordazar al Senado”. Pero amordazar sería hurtar el paso del techo de déficit por la Cámara alta: y eso no está (ni podía estar, por ilegal) en la proposición de ley que contiene la reforma.

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Sostienen también que esta supone “cargarse el reparto de poderes”, entre el Ejecutivo y el Legislativo. Eso sucedería si aquel impidiese el examen y aprobación parlamentaria del dicho techo (también imposible, por ilegal). Al contrario, el Legislativo podrá siempre tumbar las cuentas de déficit del Gobierno: bastará que este no alcance la mayoría en el Congreso.

Y sostiene que modificar la ley de estabilidad antes de enviar el presupuesto es “cambiar las reglas de juego a medio partido”.

Dado el trazo grueso de los otros Bertas, este es más hábil. Pero tampoco encaja con la realidad. El partido presupuestario aún no ha empezado. Y la ley de estabilidad ha cambiado varias veces.

En efecto, la ley 18/2001 (era Aznar) equiparaba al Congreso y al Senado (artículo 8): el Senado podría vetar y si lo hacía, el Gobierno debía volver a presentar en un mes el objetivo de déficit.

La refundición 2/2007 (era Zapatero) corrigió ese empate entre ambas Cámaras: defectuoso por disonante, ya que en todas las demás leyes cuando hay oposición del Senado, se devuelven al Congreso y este, prevalente, decide; por establecer así procedimientos distintos para déficit y Presupuesto (cuando están vinculados); y por no fijar un foro dirimente en caso de desacuerdo de ambas Cámaras, sino la simple y (eventualmente eterna) repetición del proceso: el riesgo del bloqueo.

El texto 2/2012 (era Rajoy) volvió a los defectos de Aznar. Los que ahora se vuelven a corregir (artículo 15.6). Si las reglas se cambian, bajo las normas, y se mejoran, ¿dónde está el problema?

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