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Látex, punk y una lamida de botas

Una de las últimas historias de la era dorada del 'underground' neoyorquino que todavía ha de ser contada tiene como protagonista a Anya Phillips

Anya Phillips rock
Anya Phillips junto a Johnny Thunders (i), Buddy Bowser and Dee Dee Ramone (d), en Nueva York en 1975. Getty Images

Una de las últimas historias de la era dorada del underground neoyorquino que todavía ha de ser contada tiene como protagonista a Anya Phillips. Personaje fundamental en la escena artística en la que, entre 1974 y 1980, se dieron a conocer nombres como Talking Heads, Jim Jarmusch, Basquiat, The Ramones, Julian Schnabel, Patti Smith, Cindy Sherman, Stephen Sprouse o Philip Glass. Ella operó casi siempre desde un segundo plano, pero su huella está presente en la historia cultural de la ciudad.

Fue diseñadora, dominatriz, mánager y, sobre todo, una enorme provocadora cuyo carácter fue un arma de doble filo. Colaboró para que el punk y la experimentación surgida de los barrios menos recomendables de Nueva York se convirtieran en algo chic. Como dijo de ella su amiga Sylvia Reed, exmujer de Lou Reed, “sabía dónde había que estar en cada momento”.

Reed conoció a Anya cuando la primera aún se apellidaba Morales. Llegaron juntas a Nueva York en 1974 dispuestas a estudiar arte. Se conocieron en Taipéi, ciudad en la que se instaló la madre de Anya huyendo de la revolución cultural de Mao. Una vez allí, Phillips se cansó enseguida de la academia. Eligió aprender por su cuenta. Comenzó a trabajar como camarera en un bar de striptease cerca de Wall Street y allí entabló amistad con otra figura femenina crucial en su vida, Debbie Harry, que por aquel entonces acababa de fundar Blondie con su pareja, el guitarra Chris Stein. Comenzaron a frecuentar el recién inaugurado CBGB, un club en el cual Phillips pronto convocaría una fiesta sólo para mujeres. Fue allí donde un tipo se lanzó a lamer sus botas. Anya le permitió hacerlo sólo si le pagaba por ello; el tipo aflojó la pasta y la asiática descubrió que podía ganarse la vida ejerciendo de ella misma.

Sylvia Morales y Anya Phillips cerca del club CBGB & OMFUG, en 1977, en una imagen publicada en The Cut & New York Magazine, de Allan Tannenbaum y recogida en la página de Facebook homenaje a la artista.
Sylvia Morales y Anya Phillips cerca del club CBGB & OMFUG, en 1977, en una imagen publicada en The Cut & New York Magazine, de Allan Tannenbaum y recogida en la página de Facebook homenaje a la artista.

El look sadomasoquista —látex, cuero— formaría parte de su propia imagen y también de sus diseños de moda. Sus creaciones eran inconfundibles: piezas de látex de colores fuertes unidas por cordones que aludían al bondage. Harry lució uno de ellos en la portada del álbum Plastic Letters. La amistad entre ambas se prolongó hasta la prematura muerte de Phillips en 1981. No ocurrió lo mismo con Sylvia Morales. La noche que esta conoció a Lou Reed, las dos estaban juntas. Al principio, Reed mostró interés por Anya, pero finalmente se sintió más atraído por Sylvia, que en febrero de 1980 se convertiría en su segunda esposa. Phillips no aceptó bien aquel cambio de estatus y los vínculos con la futura señora Reed se deterioraron.

Anya Phillips y Roxy Ramone fotografiadas por Gary Green en torno a 1976 y recogida en la página de Facebook que homenajea a la artista, 'Homage to Anya Phillips'.
Anya Phillips y Roxy Ramone fotografiadas por Gary Green en torno a 1976 y recogida en la página de Facebook que homenajea a la artista, 'Homage to Anya Phillips'.

Philips era una combinación explosiva de carisma y talento. Ejerció como mánager de Lydia Lunch en los comienzos de la carrera de esta, pero dos personalidades tan fuertes estaban condenadas a ser incompatibles. Una compañera de piso recordaba cómo solía dejar su diario en el cuarto de baño. Cualquiera que pasara por allí podía leer sus relaciones sexuales con todo lujo de detalles. En 1976 la revista Punk publicó The Legend Of Nick Detroit, fotonovela protagonizada por el quién es quién del punk neoyorquino. Phillips y Harry encarnaban un comando de lesbianas terroristas —Nazi Dykes— en una breve pero divertidísima intervención. En el elenco también figuraba otra amistad de Anya, Nancy Spungen, que entonces aún no conocía a Sid Vicious. Hay quien las vincula a ambas con la distribución de heroína que hizo estragos entre los músicos y artistas del Downtown durante aquellos años. Sea como fuere, lo que hizo única a Phillips fueron su determinación y su actividad.

Una de sus grandes aportaciones a la cultura alternativa de aquel Nueva York fue la creación del Mudd Club. Este fue, junto con el Max’s Kansas City y el CBGB, el club neoyorquino más importante de los años setenta. La idea de crear una sala que fuese un crisol en el que se dieran cita el teatro, los conciertos, la pintura, los vídeos y las fiestas, fue de Anya y el comisario de exposiciones Diego Cortez. Tras rodar una película sobre Elvis Presley protagonizada por ella que nunca llegó a estrenarse, convencieron al promotor Steve Mass para llevar a cabo dicha empresa. Así, lo que Anya quiso bautizar como el Molotov Cocktail Club, abrió sus puertas la noche de Halloween de 1978 como el Mudd Club. El local no tardó en hacerse enormemente popular. Cuando eso ocurrió, Phillips dejó de frecuentarlo y poco después se desvinculó de la empresa.

Carátula del álbum 'Plastic Letters' de Blondie.
Carátula del álbum 'Plastic Letters' de Blondie.

Gran conectadora de talentos, fue gracias a ella que el millonario anglolibanés Michael Zilkha apostara desde su sello independiente —ZE Records— por artistas como Lydia Lunch o el saxofonista James Chance, uno de los grandes innovadores del punk neoyorquino (recientemente, Franz Ferdinand lo invitaron a actuar con ellos en un programa de televisión) y pareja sentimental de Phillips. Famoso por dar unos conciertos en los que se enfrentaba físicamente a los espectadores, Chance la conoció al pasar junto a ella mientras buscaba alguien a quien increpar. “Menos mal que no se atrevió conmigo”, declaró Phillips mucho después. Fue ella quien hizo que Brian Eno entrara en contacto con los músicos de la escena no wave, a la cual Chance y su grupo Contortions pertenecían.

Como consecuencia, Eno produjo el álbum coral No New York, que dio a conocer a aquellos grupos en Europa. Al convertirse en mánager de Contortions, Phillips les dio visibilidad. También consiguió que Chance grabara un álbum de música disco para ZE, que estaba mal vista en los ambientes rockeros y aquel se convirtió así en otro acto de provocación. En el disco, firmado por James White & The Blacks, Anya hacía coros bajo el seudónimo de Ginger Lee. Su idea era grabar un álbum propio en esa línea, pero el diagnóstico de una leucemia congeló sus planes. Debbie Harry y Chris Stein organizaron un concierto benéfico para pagar las costas hospitalarias. Durante dos años, Phillips luchó contra la enfermedad hasta que falleció en junio de 1981. Unos años después y bajo el nombre de Fei Xiang, su hermano Kris alcanzaba un enorme éxito como cantante pop en el mercado asiático.

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