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Receta marroquí para armar un boicot en Internet

Una campaña ciudadana contra tres marcas líderes aúna Facebook con el descontento social

En Marruecos, jamás una campaña anónima gestada en Facebook había conocido tal éxito.
En Marruecos, jamás una campaña anónima gestada en Facebook había conocido tal éxito. REUTERS

Sociólogos y analistas no dejan de preguntarse qué ha pasado en Marruecos. ¿Cómo es que una campaña anónima puesta en marcha el 20 de abril contra tres marcas líderes (leche Centrale, agua Sidi Ali y estaciones de servicio Afriquia) ha tenido tal éxito? Algunas de esas marcas ya fueron boicoteadas otros años. Sin embargo, jamás una campaña anónima gestada en Facebook había conocido tal éxito.

En los cafés de Rabat no se ve ni una botella de agua Sidi Ali encima de las mesas. En los supermercados es dificilísimo encontrar otras marcas de leche distintas a la de Centrale. Y en las gasolineras Afriquia hasta los empleados asumen que el negocio ha bajado mucho. Esta semana comienza el Ramadán en Marruecos y aún queda otra semana para que concluya el boicot. Es la época de mayor consumo del año. La campaña ha hecho daño a quien pretendía hacérselo. ¿Pero por qué ha triunfado?

La potencia de Facebook en Marruecos no basta para explicar el fenómeno. Un editorialista del sitio digital Yabiladi publicaba la clave del éxito como si fuese un tayín, plato bien conocido en el norte de África: “Ponga un poco de hierbas del Rif [donde se desencadenaron hace más de un año las protestas sofocadas con cientos de jóvenes en prisión], algunas gotas de agua de Zagora [donde también hubo protestas por la mala gestión del agua y decenas de detenidos] (…) Sazónese todo con la inflación y el paro y preséntelo en ebullición con los carbones ardientes de Yerada [localidad minera del nordeste del país donde también ha habido protestas y decenas de detenidos]”.

El editorialista asume que no hay racionalidad en las consignas del boicot, “no hay ningún objetivo a largo término, ni táctico, ni estratégico, ni organización”. Finalmente, el autor recurre a Zygmunt Bauman. El sociólogo polaco podría entender muy bien una protesta líquida, inasible, donde la individualidad impera sobre el colectivo. Se ha producido una victoria del consumismo, más que de la ciudadanía.

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