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Beyoncé convierte el escenario en una pasarela

La gran diva de la música luce en sus actuaciones creaciones de los grandes de la

moda: en Coachella apostó por Balmain

La cantante vestida de Balmain en el festival de Coachela. Ampliar foto
La cantante vestida de Balmain en el festival de Coachela.

Es la mayor estrella del planeta y el fin de semana pasado volvió a disipar cualquier duda al respecto. Con su actuación como cabeza de cartel en el festival de Coachella, Beyoncé hizo historia. Además de reunir a las Destiny's Child, el grupo con el que comenzó su carrera, y de convertirse en la primera mujer negra en liderar la cita musical más mediática del año, convirtió el hashtag #BeyChella (combinación de su nombre con el de la cita) en tendencia mundial. Con su estilismo también eclipsó completamente la presencia de cualquier otra celebridad fuese cual fuese su look. Sobre el escenario Queen Bey arrolló y sorprendió, pero en cuestión de vestuario fue fiel a su seña de identidad: de nuevo, la diva de Houston apostó por la alta costura, en este caso por Balmain.

Desde el look a lo Nefertiti con el que salió a escena hasta la sudadera amarilla que acompañó con unos shorts rasgados de tiro alto de Levi's —ya son los más buscados en las tiendas de la marca de vaqueros a nivel mundial—, cinco modelos de la firma francesa fueron los escogidos por la artista tejana para brillar como nunca. La relación de Beyoncé con la alta costura es perfecta. Los diseñadores de las casas más importantes tienen en la cantante el mejor escaparate para sus creaciones. A la vez, ella encuentra en los vestidos de alta costura una apuesta segura para sus trabajos y apariciones públicas.

A Lady Gaga se la asocia con diseños extravagantes que solo puede llevar una estrella del pop. Otra de las artistas que ejerce de icono de moda es Rihanna, pero sus looks tienden habitualmente hacia lo urbano (el urban style). Madonna marcó una época luciendo creaciones hechas por los más grandes de la aguja para ella, pero se trataba de patrones que servían siempre tanto a su visión artística como a su mensaje. Inolvidables los ya icónicos corsés que Jean Paul Gaultier hizo a la reina.

Beyoncé, en cambio, ejerce de la mejor modelo posible para las firmas sin subirse a ninguna pasarela ni desfilar en las semanas de la moda de París o Milán. Ella contó que durante sus inicios con las Destiny's Child ningún diseñador quería vestirlas “por ser tres chicas negras y con curvas”. En esa época, su madre y su tío les hacían los trajes. Cuando hizo esta confesión, lanzó un mensaje a los maestros de la aguja. “Tenéis el poder de cambiar la percepción, inspirar y empoderar, y hacer ver que la belleza está dentro de nosotros mismos”, dijo. Hoy todos matan por vestirla.

Beyoncé presentó a sus gemelos vestida de Palomo Spain.
Beyoncé presentó a sus gemelos vestida de Palomo Spain.

Durante su gira de 2014 con Jay-Z —su marido y su pareja desde hace casi tres lustros y con el que repite tour este año— escogió las propuestas de Ricardo Tisci para Givenchy. En la película que acompañó el lanzamiento de su último álbum Lemonade, la cantante se vistió con la colección de primavera-verano de Gucci de ese 2016. Incorporó alguna modificación, pero básicamente utilizó los diseños tal y como se vieron en el desfile de la firma. En dos momentos también apareció con creaciones de Alessandra Rich y de Zimmermann. Para el posterior Formation World Tour, la diva no escatimó en casas de moda tanto para ella como para sus bailarines. El peso del show recayó en Balmain, pero hubo diseños de Roberto Cavalli, DSquared, Gucci, Atsuko Kudo, Adrienne Landau y un impresionante dos piezas de bronce de Givenchy Haute Couture.

Desde el nacimiento de su hija Blue Ivy, Beyoncé ha expandido a la nena su pasión por estas creaciones. Con tan solo cinco años, la pequeña lució en una boda un vestido de 4.200 euros de la firma Mischka Aoki. Las imágenes dieron la vuelta al mundo en cuestión de minutos. Algo que realmente no era una sorpresa, ya que su primogénita viste habitualmente ropa de los mismos diseñadores que su madre.

Durante años, la modista de cabecera de Beyoncé fue Lorraine Schwartz, pero pronto llegaron sus inolvidables Versace o Dolce & Gabbana para sendas ceremonias de los Oscar y los BET Awards, y desde entonces ningún creador se le ha resistido. Elie Saab, Pucci, Lanvin, Prada o Michael Costello. Las revistas de moda llenan páginas con cada una de sus apariciones, y esperan con ansiedad la siguiente. La expectación es total ante su probable asistencia a la gala del MET en Nueva York el próximo 7 de mayo, una cita en la que ya ha deslumbrado varias veces.

En la inauguración de una de las tiendas de Topshop en Nueva York, la diva, que colaboraba con la marca, lució un vestido de la firma (de unos 100 euros). Muchos medios lo confundieron con alta costura. Ella se declaró fan de la marca de moda asequible. Pero la conclusión de esa anécdota es clara: la moda low cost puede pasar por diseño de lujo si la viste Beyoncé.