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La ballena asesina ‘que habla’ muestra que las orcas pueden aprender a imitar el lenguaje humano

Estos cetáceos tienen los elementos básicos necesarios para la comunicación hablada

En los anales de la historia quedará que en la segunda década del tercer milenio, una orca dijo la palabra hello a un humano. ¿Es posible que, tras una eternidad de deriva existencial por la jungla de la soledad cósmica, la humanidad haya entrado por fin en contacto con otra forma de vida consciente, aunque no procedente de otro mundo, sino, sorprendentemente, de los océanos del nuestro?

Si bien los científicos han informado de que una Orcinus orca de un parque marino de Antibes, en Francia, ha emitido sonidos que recuerdan al lenguaje humano, el animal no habló más de lo que lo hicieron la foca Hoover, el elefante Koshik, o los innumerables loros que han producido imitaciones reconocibles de palabras humanas.

No por ello el estudio, realizado por un grupo de investigadores dirigidos por José Abramson, de la Universidad Complutense de Madrid, y en el que participó mi compañero Josep Call, de la Universidad de Saint Andrews, deja de ser importante. No porque implique que las orcas saben hablar inglés, sino porque supone que poseen una de las piedras angulares del desarrollo del lenguaje en los humanos: el aprendizaje vocal, o la capacidad de repetir sonidos desconocidos.

Lo asombroso de que una orca diga hello no es lo que significa para nosotros, sino lo que significa para ella: absolutamente nada. La palabra se eligió a propósito, junto con otras palabras, frases y sonidos sin sentido por ser absolutamente ajena al repertorio normal de sonidos de la especie. Por consiguiente, que los animales emitiesen reproducciones aceptables de los sonidos cuando se les pedía que lo hiciesen, a menudo al primer intento, constituye una prueba bastante conclusiva de que son capaces de aprender sonidos nuevos por imitación.

Muchos otros animales, como loros, delfines, focas, murciélagos y hasta elefantes, pueden imitar sonidos humanos

Abramson y sus compañeros hicieron algo más. Realizaron pruebas con diversos sonidos en tres situaciones. En una de ellas se pedía a la orca por medio de gestos que emitiese el sonido a imitar; en otra, el sonido se reproducía a través de un altavoz, y en la tercera, era un ser humano quien lo producía. En todos los casos, las respuestas de las orcas se sometieron a un análisis acústico pericial con el fin de medir la calidad de las imitaciones. ¿Y cuál fue el resultado? Que eran pero que muy buenas.

La prueba de que las orcas tienen capacidad de aprendizaje vocal nos proporciona una pieza que faltaba en el conocimiento de su vida en libertad. Hace tiempo que sabemos que estos cetáceos tienen dialectos específicos de un grupo, conjuntos de llamadas distintivas exclusivas de determinadas manadas o grupos de manadas. Durante décadas, los científicos han propuesto que estos dialectos son fruto del aprendizaje, y numerosos indicios han apoyado esta hipótesis.

Hemos seguido la pista a los cambios paralelos en las llamadas de las manadas salvajes a lo largo del tiempo y sabemos que las orcas en cautividad que fueron trasladadas a otro sitio cambiaron sus llamadas para adaptarse a sus compañeras en su nuevo hogar. Los datos genéticos también concuerdan con esta idea. Además, tenemos pruebas circunstanciales de que un individuo logró imitar el sonido de otra especie (un león marino). Pero ahora disponemos de pruebas experimentales controladas que lo contrastan. Actualmente, cualquier explicación de estos dialectos vocales que excluya el aprendizaje suena bastante excéntrica.

Las orcas viven en una sociedad organizada en torno a las hembras. Las tradiciones vocales que estos mamíferos aprenden durante el crecimiento son un componente crucial de su comportamiento. Sin embargo, no constituyen más que una parte de todo un conjunto de conocimientos y comportamientos que aprenden en gran medida de la madre, las tías y las abuelas.

Especies mucho más cercanas a los humanos, como los chimpancés o los bonobos, son incapaces de articular algo que recuerde al lenguaje humano

Mi compañero Hal Whitehead y yo hemos defendido que esta herencia cultural es fundamental para la vida de las orcas. Sin ella, no están completas. Así que, en cierto modo, es una ironía que el estudio, realizado con animales cautivos, refuerce la idea cada vez más generalizada de la importancia de la herencia cultural en la vida de estos mamíferos marinos y sea un argumento más para defender que jamás se deberían tener en cautividad. A las orcas cautivas les es imposible desarrollar y expresar su cultura con la riqueza que observamos cuando están en libertad.

Por supuesto, las orcas no son las únicas capaces de imitar el lenguaje humano. Hace siglos que sabemos que algunos pájaros pueden hacerlo, al igual que un selecto y restringido grupo de especies de mamíferos, entre ellos los murciélagos, las focas, los elefantes y algunos cetáceos como los delfines mulares. En esta lista llama la atención la ausencia de los chimpancés y los bonobos, nuestros parientes vivos más próximos. Es verdad que los chimpancés pueden modificar ligeramente una llamada ya existente para adaptarse a sus compañeros de grupo, pero nunca se ha demostrado que sean capaces de imitar un sonido totalmente nuevo.

Si bien el aprendizaje vocal es la base de una característica exclusiva de los seres humanos –la comunicación a través del lenguaje hablado–, es curioso que nuestros parientes primates más cercanos no posean esa capacidad. Este hecho nos dice que algo crucial sucedió en la evolución humana después de que nuestros ancestros se separasen de los demás simios hace unos cinco millones de años.

Desconocemos la causa, pero el estudio de la sorprendente distribución del aprendizaje vocal en el reino animal es una manera de buscar pistas. ¿Fue resultado, por ejemplo, de una forma de vida más móvil? Los pájaros, los murciélagos y los cetáceos son especies muy móviles, pero los elefantes no tanto. Ninguna respuesta actual explica del todo los datos, pero nuestra imagen dista mucho de estar completa.

¿Cuál será el siguiente paso de la ciencia de las ballenas que hablan? Está claro que las sociedades de ballenas y delfines emplean una comunicación rica y compleja que, en buena medida, seguimos sin comprender. Estamos frente a un vasto océano de ignorancia. En mi opinión, para subsanarla tenemos que abandonar nuestro empeño antropocéntrico, agobiante y francamente ególatra en preguntarnos si las ballenas pueden hablar. En vez de ello, deberíamos aprender más sobre la forma de comunicación propia de cada especie de cetáceos y específica de su entorno, y sobre cómo han evolucionado estos. Solo entonces seremos capaces de apreciar lo verdaderamente maravillosos que son.

Luke Rendell es catedrático de Biología de la Alianza Marina de Ciencia y Tecnología para Escocia (MASTS) de la Universidad de Saint Andrews.

Cláusula de divulgación. Luke Rendell recibe financiación del fondo conjunto MASTS (Consejo Escocés de Financiación HR09011).

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