Análisis
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Contra las trampas del ‘procés’, el 161.2

Los líderes secesionistas deberían darse cuenta de que van perdiendo las batallas que han planteado

Roger Torrent y Carles Puigdemont durante su reunión en Bruselas este miércoles.Thierry Monasse (Getty). Vídeo: ATLAS (atlas)

Además del artículo 155 de la Constitución, los líderes independentistas deberían apuntarse el 161.2. Es el artículo que ha permitido suspender todas sus iniciativas presuntamente ilegales y que seguirá impidiendo que las trampas para avanzar en el procés salgan adelante.

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“El Gobierno podrá impugnar ante el Tribunal Constitucional las disposiciones adoptadas por los órganos de las Comunidades Autónomas. La impugnación producirá la suspensión de la disposición o resolución recurrida, pero Tribunal, en su caso, deberá ratificar o levantarla en un plazo no superior a cinco meses”. El artículo viene a decir que los magistrados del Constitucional actuarán casi de forma automática para suspender actuaciones sospechosas, sin entrar en el fondo de la cuestión.

Ayer, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, intentó el recurso a la candidatura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat, y aunque recibiera la negativa del Consejo de Estado y no pudo llegar al TC, muestra la decisión del Ejecutivo de impedir las jugarretas que puedan plantear desde la mesa del Parlamento de Cataluña. El nuevo presidente del legislativo catalán, Roger Torrent, lleva días escondiendo sus cartas en una partida que se jugará la próxima semana y que decidirá si el procés sigue por la vía de la ilegalidad o se reconduce hacia “las reglas básicas de la democracia”, como dijo el rey Felipe en Davos este miércoles.

A estas alturas, los líderes secesionistas deberían darse cuenta de que van perdiendo las cinco batallas esenciales que han planteado: política, judicial, económica, internacional y social. No han conseguido superar el 50% de los votos en las pasadas elecciones, en donde el partido más votado no es independentista; la DUI ha muerto y tienen a sus líderes investigados, encarcelados o fugados; han perdido más de 3.000 empresas, mientras se ralentizaba el crecimiento económico en la región; nadie en el mundo libre les apoya ni les apoyará; y han visto como una mayoría silenciada durante años contrarrestaba la fuerza del separatismo en la calle.

Aun así, y de forma inexplicable, siguen intentando dar la vuelta a la realidad y hacer creer a sus seguidores que Puigdemont sigue siendo presidente, que será ratificado en el Parlamento y que la república catalana será un hecho en los próximos meses. Parece que se han llegado a creer sus propias fantasías.

La única esperanza hoy es que una parte del sector separatista aproveche las dificultades legales para investir a Puigdemont para proponer otro candidato y volver a la legalidad. En ERC y en el PDeCAT es un clamor que hay que intentar recuperar el poder cuanto antes y que no es posible volviendo a forzar la ley. Pero la foto de Torrent con los cinco fugados a Bruselas y las declaraciones de la CUP a favor de seguir con la DUI rompen los buenos augurios. La solución, la próxima semana.

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