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La basura nos devora

Kadir van Lohuizen Ver fotogalería
Un vertedero de la zona este de Yakarta, la capital de Indonesia. Muchos de los materiales de construcción en desuso acaban aquí. Con más de 30 millones de habitantes, la ciudad produce ocho millones de toneladas de basura al año. En esta urbe ya no hay espacio para enterrar más desechos y tampoco hay incineradores de residuos. La cochambre insalubre se acumula en canales y ríos provocando inundaciones.

El mundo produce 3,5 millones de toneladas de basura sólida al día. El aumento de la población global y el rápido crecimiento de los países emergentes son las principales causas de esta sucia e incipiente realidad. El fotógrafo holandés Kadir van Lohuizen ha recorrido los vertederos de seis megaurbes para retratar cómo cada una de ellas gestiona y recicla los residuos.

EL MUNDO genera 3,5 millones de toneladas de basura sólida al día, 10 veces más que hace un siglo. El aumento de la población y el rápido crecimiento de los países emergentes son las principales causas de que se produzcan ahora más residuos que nunca. Si no se hace nada al respecto, las previsiones auguran un panorama nauseabundo: llegaremos a los 11 millones de toneladas al final del siglo XXI. Desde comienzos de 2016 he viajado por seis megaciudades (Yakarta, Tokio, Lagos, Nueva York, São Paulo y Ámsterdam) para ver cómo gestionan sus residuos y mostrar las diferencias en el modo en el que reciclan sus desperdicios. El ciudadano medio de Estados Unidos o Europa consume 100 kilos de plástico al año. Indonesia y China son los países que más restos de PVC arrojan a los océanos. Seguimos con más datos: unos 15 millones de toneladas de auriculares se fabrican anualmente, pero la mayoría no se reciclan. Por no hablar de la industria del embalaje y la electrónica. Mientras que en Occidente nuestra basura parece invisible, en otras partes del planeta forma parte del paisaje. Los vertederos crecen sin parar y sueltan a la atmósfera grandes cantidades de metano. Por ejemplo, los dos basureros de Lagos están desbordados. La capital de Nigeria recibe —aparte de la suya— toneladas de porquería ilegal de Europa y Estados Unidos. Si nos seguimos negando a ver esta sucia realidad, y como no empecemos a pensar en los desperdicios como residuos reutilizables, las generaciones futuras se acabarán ahogando en su propia basura.