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Cine

Katwe, el barrio de Kampala que ha popularizado Disney

Uno de los barrios chabolistas más pobres de la capital de Uganda fue escenario de una de las películas infantiles más taquilleras de Hollywood.

Madina Nalwanga es Phiona Mutesi en la REINA DE KATWE, la película de Disney dirigida por Mira Nair, la vibrante historia real de una joven ugandesa cuyo mundo cambia rápidamente cuando se la introduce al juego del ajedrez. Ampliar foto
Madina Nalwanga es Phiona Mutesi en la REINA DE KATWE, la película de Disney dirigida por Mira Nair, la vibrante historia real de una joven ugandesa cuyo mundo cambia rápidamente cuando se la introduce al juego del ajedrez. Flickr

La historia de Phiona Mutesi, el prodigio del ajedrez de uno de los barrios marginales más pobres de Kampala, fue la inspiración de la película La Reina de Katwe, que Hollywood llevó a la gran pantalla en 2016. Pero más allá del plató, Katwe es una realidad antagónica a la de la multimillonaria industria cinematográfica. Situado en el sur de la capital ugandesa, es el mayor de los ocho barrios marginales de Kampala. Nació a mediados del siglo XX como lugar de residencia para artesanos pobres, pero poco a poco se convirtió en uno de los barrios más empobrecidos de la ciudad, con los índices de crimen más elevados en la capital. Sin servicios de saneamiento, como sucede en la mayoría de slums del África subsahariana, las aguas residuales circulan a través de trincheras que van de lado a lado de los callejones, y cuando llueve, es frecuente que los residuos se adentren en las chozas. El hedor puede ser espantoso y la contaminación convive junto a personas, perros callejeros, ratas y ganado que compiten para sobrevivir en un espacio con una altísima densidad de población.

En Katwe son frecuentes los desalojos forzosos, que obligan a las personas a abandonar sus viviendas cuando no pueden pagar el precio de sus alquileres o sus propietarios deciden vender los terrenos para especular con ellos. El día a día de su población es una ardua lucha por el laberinto de la supervivencia, donde la determinación, la astucia y, a menudo, la suerte, son absolutamente decisivos. Se dice que "si naces en Katwe, es probable que mueras en Katwe", ya sea por enfermedad, violencia, hambre o falta de acceso a la sanidad. Y más, si eres chica, pues se estima que más del 40% de las adolescentes del barrio son madres, agravando la espiral de pobreza a la que su población se ve sumergida. De hecho, la juventud de Katwe sufre un estigma abrumador, y alrededor del barrio, las casas, gasolineras y supermercados que colindan con las chabolas están patrullados por guardias de seguridad uniformados con AK-47, amenazando cualquier intento de carteristas o personas sospechosas de cometer atracos y robos.

Según el informe "Fortalecimiento de la cohesión social y la estabilidad en las poblaciones marginales", financiado por la Unión Europea (UE) y realizado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en febrero de 2017, la pobreza y el desempleo son los impulsores del extremismo violento entre los habitantes de los barrios marginales. Cubriendo los barrios pobres de Kampala –incluyendo Bwaise, Kabalagala, Katwe y Kisenyi–, el estudio dice que entre las causas de la violencia en los tugurios, la pobreza ocupa el primer puesto con el 52%, seguida de la violencia doméstica con el 47%, el desempleo (solo un 12% de la población tiene contrato de trabajo), la violación o el acoso sexual (33%), disputas familiares (27%), el extremismo político (23%) o el extremismo religioso (10%) también se contemplan como factores estructurales generadores de crimen. Además, según la investigación, en estas barriadas, donde cerca de un 80% de la población tiene menos de 30 años, el alcoholismo, la prostitución y el abuso de drogas son endémicos.

Fue una mezcla de astucia y suerte lo que llevó a la pequeña Phiona Mutesi de Katwe a Hollywood. Con solo nueve años, incapaz de leer ni escribir, Phiona Mutesi abandonó la escuela tras la muerte de su padre para vender maíz cocido en las calles de Kampala. La curiosidad la llevó, por casualidad, a conocer a un misionero ugandés –Robert Katende– que desde 2004 era profesor de la Academia de ajedrez para niños de Katwe. Éste le ofreció enseñarle el juego, un deporte tan extraño en Uganda que no existe ninguna palabra en ninguna lengua local para designar al juego. Siendo el ajedrez una prueba de supervivencia a través de la agresión, la mayoría de residentes chabolistas pueden sentirse identificados.

Por aquél entonces, Phiona y sus hermanos vivían en una pequeña choza destartalada, sin ventilación, con un techo de hojalata, que se inundaba cada vez que llovía, mojando los dos colchones en los que dormía toda la familia. Cuatro años más tarde, esa niña prácticamente analfabeta se había convertido en una campeona internacional de ajedrez. Una historia muy de Disney, porque se centra en una familia y tiene final feliz. Pero una historia muy poco Disney por el trato de la pobreza, la violencia y el racismo que sus protagonistas enfrentan a diario. Es, en palabras de su directora, Mira Nair, "una película radical para Disney en muchos sentidos".

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