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Tecnología geoespacial que recauda impuestos y mejora la igualdad

Uruguay emplea avances coreanos para modernizar el catastro, un sistema en expansión en Latinoamérica, donde cuatro de cada diez kilómetros cuadrados no están registrados

Miembros del equipo de la Corporación de la Información Territorial y Geoespacial de Corea del Sur y la Dirección Nacional de Catastro (DNC) de Uruguay, con uno de los drones que ha digitalizado el catastro del país.
Miembros del equipo de la Corporación de la Información Territorial y Geoespacial de Corea del Sur y la Dirección Nacional de Catastro (DNC) de Uruguay, con uno de los drones que ha digitalizado el catastro del país.

Catastro es un concepto insuficiente ante las prestaciones de la tecnología geoespacial. La simple mensura, reconocer las características físicas o geométricas de un predio, poner valor catastral a una parcela o inmueble y cobrar impuestos acordes a las variables pasó a ser solo una capa básica de información, una primigenia variable en los sistemas informáticos de algunos gobiernos, entre ellos el de Uruguay.

El uso de las tecnologías de la información permite administrar y planificar el uso de la tierra, buscar equidad en los gravámenes, ordenar el territorio, gestionar con evidencia los conflictos sobre los suelos, servir de soporte para las políticas públicas y planificar las finanzas, obras de infraestructura o identificar una brecha en la provisión de servicios. Incluso, anticiparse los desastres naturales o brindar garantías jurídicas, por ejemplo. Los sistemas geo referenciales permiten superponer capas de información para la acción gubernamental, empresarial o ciudadana.

De catastro al espacio

En Uruguay, el 100% de la tierra está censada. Un millón y medio de unidades divididas en 17 millones de hectáreas. Pero hasta hace dos años, la capa básica de información (identificación, área construida, terreno rural o urbano, valor de construcción, valor total y tasación para impuestos), aunque digitalizada, reposaba en fotografías aéreas tomadas en la década de los sesenta.

En el pequeño país suramericano, el margen de error en los 280.000 padrones rurales, que son los mayores en superficie, podía llegar a los 200 metros. Hoy, la diferencia estaría entre 30 y 50  centímetros. Y tan solo siete en las zonas urbanas.

Entre los expertos en administración de tierras a la palabra catastro se le añaden los apellidos  multifinalitario y/o multipropósito. Ambas acepciones se recuestan en las tecnologías geoespaciales, que permiten disponer de datos en tiempo real de cualquier padrón y además sumar capas con otras informaciones. Al ser datos abiertos, cualquier persona puede sumar o buscar la información necesaria para su actividad sin necesidad de trasladarse ni hacer colas.

El catastro multipropósito “tiene un potencial muy importante para ayudar a planificar la inversión y mejorar el gasto público en inversión y provisión de servicios. Puede usarse como herramienta para atraer inversiones, ver qué áreas están postergadas en el territorio y dónde hay ventajas comparativas. O saber dónde articular inversión pública y privada para desarrollar un recurso. La base de esa información es el mapa catastral. A partir de ahí construyes otra información. Es espectacular para fines fiscales”, dice Axel Radics, especialista sénior en desarrollo municipal y fiscal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

A mayor conocimiento del territorio, mayor eficacia y transparencia en la toma de decisiones. “El uso de la información geoespacial minimiza los riesgos. En Uruguay, lo mismo que en América Latina, hay mucho por mejorar en la recaudación del impuesto inmobiliario, que es la forma sana como las intendencias (gobiernos locales de tercer nivel) pueden financiarse. El catastro es clave para mejorar la capacidad de las intendencias en el caso de Uruguay”, proyecta Radics.

Cooperación a tres puntas

En 2014, el BID hizo de puente entre la Corporación de la Información Territorial y Geoespacial de Corea del Sur y la Dirección Nacional de Catastro (DNC) de Uruguay. El país asiático, reconocido en el mundo por su sistema geoespacial para la administración de tierras, aportó conocimiento y donó un millón de euros a la nación sudamericana.

“Si tienes información de la tierra puedes tomar decisiones más inteligentes en aspectos organizacionales, en agricultura y en prevenir desastres y riesgos. Si sabes sobre los edificios y su gente, entonces los impuestos pueden ser más transparentes”, entiende Beckhee Cho, directora del departamento de negocios globales de la Corporación de la Información Territorial y Geoespacial de Corea del Sur.

En 2007, Uruguay comenzó una reestructura de la DNC. Por primera vez se designó una mujer al frente de la oficina. Entre los objetivos trazados se bosquejó la puesta en línea de una sede electrónica de catastro para mejorar y potenciar la relación con la ciudadanía. La cooperación también ayudó al intercambio de experiencias, elaboró un estudio de fortalezas y debilidades del catastro uruguayo y un programa piloto en el departamento de Canelones, donde por primera vez un ejército de drones fotografió una ciudad entera para incorporarla a la base de datos abierta del Gobierno uruguayo.

Uruguay prepara el mapeo espacial y de drones en todo su territorio, Corea piensa en seguir compartiendo su tecnología y conocimiento en América Latina

El acuerdo trilateral permitió poner en la red la Sede Electrónica de Catastro que habilitó el acceso a cualquier ciudadano a la capa básica de información de forma libre y gratuita. Además, escribanos y agrimensores pueden tener una oficina abierta 24 horas al día, 365 días al año, para hacer trámites y pagos digitales.

“El catastro es algo básico, por eso le decimos capa básica de información, la información espacial contribuye a esa visión moderna. Hoy no se habla de catastro sino de sistemas de administración del territorio o la tierra. Es mirar al territorio como uno solo y todo lo que ocurre encima de él. La variable espacial es transversal”, dice la impulsora del movimiento en Uruguay, la economista Sylvia Amado, directora de la DNC y presidenta de la Red Interamericana de Catastro y Registro de la Propiedad.

Otro gran coordinador del impulso fue la Agencia del Gobierno Electrónico para la Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic) de la Presidencia uruguaya. Esta agencia trabaja en todos los niveles de lo público transversalizando el uso de las tecnologías de la información para el gobierno electrónico.

A partir del acuerdo, Uruguay actualiza su información de georreferenciación. “Se están haciendo vuelos por todo el país para mapear campo y ciudad. La idea es que sirva como base y sustento para una política basada en evidencia y que la información geográfica facilite trámites y provisión de servicios u otras actividades”, explicó José Clastornik, el ingeniero que dirige la Agesic, creada en 2005.

La agencia está empecinada en generar evidencia para el desarrollo de políticas públicas consecuentes y generar más capas de información. Parte de esa lógica cada vez lleva más al uso de la geo referenciación. Está muy aceptado por la gente en la vida diaria el uso de mapas electrónicos. Facilita que los usuarios tengan aplicaciones y que los funcionarios públicos, también acostumbrados a su uso, tengan menos dificultades para el cambio”, manifestó Clastornik.

El BID, Agesic, la DNC y la agencia coreana de administración de tierras hablan de éxito y de continuar con el trabajo. Mientras Uruguay prepara el mapeo espacial y de drones en todo su territorio, Corea piensa en seguir compartiendo su tecnología y conocimiento en América Latina. La experiencia sirvió de ejemplo: el Servicio Nacional de Catastro en Paraguay ha firmado un acuerdo con el país asiático y ya hay otros latinoamericanos interesados.

Trabajo hay. En América Latina y el Caribe cuatro cada diez kilómetros cuadrados no están censados, estima la OEA. En 2016 uno de cada cuatro países siquiera tenía una política de administración de tierras, según la encuesta de catastro y registro de la propiedad de los estados americanos.

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