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Por qué estas zapatillas feas están arrasando hasta agotarse

Las nuevas deportivas de Balenciaga, de 650 euros, son el último objeto de deseo de la generación Instagram

zapatillas triple S balenciaga
Un medio las ha definido como "las zapatillas que llevaría tu padre al supermercado".

¿Son estas las zapatillas de deporte más feas y seductoras del mundo? Si a la ecuación unimos otras variables, como el lujo y la pasión que desatan, la respuesta sería positiva: estas deportivas de Balenciaga, las Triple S, comercializadas este otoño con un precio de 650 euros, tienen todas las papeletas para convertirse en el calzado feo, lujoso superventas por excelencia.

Y lo de “feas” no lo decimos nosotros, sino, entre otros, el prestigioso diario especializado Business of Fashion, que el pasado mes de septiembre dedicaba un amplio artículo de investigación a esclarecer el misterio de las “zapatillas feas de padre”, llamadas así por sus resonancias nostálgicas. Es decir, que más allá de un calificativo, el término “Ugly Trainers” se ha convertido en el vocablo especializado que la industria de la moda emplea para referirse a una tendencia en auge.

Según el consultor de WGSN Brian Tunzo declaraba a dicho medio que, aunque algunos diseños de Adidas by Raf Simons, Lanvin o Prada habían allanado el camino, el punto de inflexión se produjo cuando Demna Gvasalia, director creativo de Balenciaga y de su propia firma, Vetements, abrazó la tendencia y la llevó al máximo. Esta misma semana, la edición británica de Esquire sancionaba el pronóstico. “Son las zapatillas que tu padre lleva para ir al centro comercial, pero con una dosis extra de moda”. Y precisamente parece ser ese público, el que sigue con avidez la moda de diseño, el que las compra y, por tanto, el responsable de su éxito.

Luka Sabbat, estadounidense de 19 años, íntimo de Kanye West y apodado
Luka Sabbat, estadounidense de 19 años, íntimo de Kanye West y apodado "el 'influencer' de la generación Z". Aquí posa con sus zapatillas Balenciaga.

Porque lo cierto es que, hoy por hoy, son todo un éxito. Aunque llevan menos de un mes en las tiendas (su lanzamiento oficial fue el 21 de septiembre), cada vez que una nueva edición sale a la venta se agotan. A finales de septiembre, la tienda inglesa especializada que aún contaba con existencias de la primera colección –en negro con suela roja y blanca– las vendía a través de un sorteo en su página web. Es decir, que para hacerse con ellas no solo había que pagarlas, sino también resultar premiado en la rifa de End’s Clothing.

Por supuesto, el mercado secundario está aprovechando para hacer su propia reventa. A la hora de redactar este artículo, hay varios ejemplares de esa misma colección en eBay con precios que comienzan en los 1.800 dólares (1.531 euros). Y en la tienda online de la firma que las lanzó, Balenciaga, se anuncia que próximamente se pondrán a la venta tres nuevas variaciones cromáticas de la Triple S.

Aunque no se sabe cuántas unidades conformaban la producción inicial del modelo, una muestra de su éxito se puede obtener por comparación: del resto de modelos de calzado de la firma francesa aún hay existencias, pero ni rastro de esta zapatilla voluminosa y llamativa que se ha convertido en uno de los éxitos más rotundos de la nueva era de Balenciaga.

En los tiempos que corren, también las redes sociales reflejan el fenómeno. No en vano hay pocos objetos tan instagrameables como estas zapatillas escultóricas y multicolores. El influencer Luka Sabbat posaba con ellas en su cuenta de Instagram el pasado 22 de septiembre y buena parte de los 380 comentarios que suscitaba la imagen tenían que ver con las codiciadas zapatillas. A día de hoy, el hashtag #BalenciagaTripleS registra más de 3.300 publicaciones etiquetadas. Sus poseedores quieren presumir de ellas, y el negocio de la reventa también aprovecha para hacer su agosto en las redes sociales.

Este modelo está actualmente agotado. Cuesta 650 euros.
Este modelo está actualmente agotado. Cuesta 650 euros.

Sin duda, es uno de los mayores hitos recientes de Balenciaga, una firma histórica que en los últimos años ha adquirido un empuje nuevo gracias al fichaje de un director creativo georgiano, Demna Gvasalia, que ha sabido sacar partido de dos armas de seducción masiva: la ironía y la nostalgia. Sus colecciones rescatan lo menos rescatable (aparentemente, claro) de la moda urbana de los ochenta y los noventa, reivindica las camisetas publicitarias, los logos visibles y las prendas técnicas que en su época eran futuristas y pronto se convirtieron en proscritas. Lo hace, por un lado, para cautivar a un público que fue adolescente en aquellos años y que hoy presume de lo que renegaba antaño.

En ese sentido, forma parte del mismo revival que ha construido una arcadia nostálgica en la que tiene cabida el chándal de poliéster, la ruta del bakalao y las fiestas de párking. 

Las “zapatillas de padre”, llevadas hoy por adolescentes y fieles de la moda sin miedo a gastarse en calzado una cantidad equivalente al salario mínimo interprofesional (o, también, a un smartphone de gama alta), refleja el momento de euforia de una industria, la de la moda, que vive atendiendo solo a sus propias reglas.

Por eso, hoy el lujo consiste en comprar antes que nadie unas zapatillas que recuerdan a las que llevábamos cuando éramos adolescentes escasos de dinero. Llámelo ironía, llámelo nostalgia o llámelo simplemente moda.

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