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Monopoly o Risk

El objetivo de Trump y Putin es dejar de lado cualquier problema mundial y que la atención se centre en las amenazas terroristas y militares

Putin y Trump el pasado viernes en la Cumbre del G-20 en Hamburgo.
Putin y Trump el pasado viernes en la Cumbre del G-20 en Hamburgo. AP Photo

Una de las cuestiones más intrigantes de nuestro tiempo es por qué la pareja Trump-Putin, más cercana personal e ideológicamente que cualquier otra dupla de presidentes ruso-americanos que se recuerde, puede llevar a sus países a las relaciones más alejadas. Mientras sus líderes se admiran, EE UU y Rusia pueden sumirnos a todos en una nueva guerra fría, o caliente.

Los analistas políticos diseccionan con minuciosidad la relación entre los dos líderes. Si les unen unos intereses de política exterior o doméstica, abiertos u ocultos. Pero es un debate precipitado. Si han existido, o se están amasando, acuerdos o pactos secretos entre ambos líderes, acabarán aflorando. Siempre hay alguien con incentivos a revelarlos.

Lo que no se discutirá, si no lo ponemos sobre la mesa, es el objetivo de fondo que Trump y Putin comparten: mover la conversación política global a la dimensión de la seguridad nacional. Dejar de lado cualquier problema mundial —de los flujos comerciales al medio ambiente— y que la atención se centre en las amenazas terroristas y militares.

Trump y Putin nos invitan a dejar el tablero del Monopoly en el que hemos estado interactuando en estas décadas de globalización desatada, y pasarnos al Risk. Una vez nos hayan conducido a su juego de estrategia favorito, Trump y Putin probablemente tejerán alianzas opuestas. Pero su entendimiento o enfrentamiento posterior es secundario. Lo prioritario es que nos están convenciendo de que la seguridad debe acaparar las relaciones internacionales.

Nuestra tarea no es perdernos en la mediática trama de espías y conspiraciones, que ambos aparentan esconder, pero que, en el fondo, alimentan. Ni intentar hacer de árbitros. Es imposible ser imparcial frente a dos potencias tan parciales. Pero sí es posible movilizar a la opinión pública global, incluyendo la rusa y la norteamericana, y subrayar que el planeta se enfrenta a retos más importantes que el juego de patriotas que Trump y Putin promueven.

Las democracias europeas tenemos la responsabilidad de escribir una agenda y una alianza global alternativa. @VictorLapuente

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