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Crimen en Siria

El nuevo ataque con armas químicas demuestra la impunidad con la que se actúa en la guerra civil

Ataque quimico en Siria
Un hombre lleva en brazos a un niña a urgencias en la localidad atacada con armas químicas. AP

El brutal ataque químico sucedido ayer contra la población siria de Jan Sheijun, en una zona controlada por las fuerzas rebeldes contrarias a la dictadura de Bachar el Asad, es una triste y nueva constatación de que en la guerra civil, que acaba de cumplir seis años, se han cruzado todas las líneas admisibles de cualquier convención internacional sobre conflictos bélicos. El empleo de armas químicas es un crimen de guerra en sí mismo, pero es más deleznable todavía –si es que ello es posible— por la presencia de civiles, entre ellos al menos una decena de niños, entre las víctimas mortales.

Se trata del ataque más mortífero con este tipo de armamento, en teoría eliminado del escenario del conflicto desde su uso en agosto de 2013 en Ghuta, un suburbio de Damasco, con un balance de muertos que, a falta de datos oficiales, oscila entre 650 y 1.400. La cifra de heridos ascendió a unos 3.000. Entonces una fuerte reacción de la comunidad internacional encabezada por Estados Unidos, Rusia y Naciones Unidas, puso fin en teoría no solo a la utilización sino al almacenamiento de estas armas por parte del régimen sirio. Oficialmente desde entonces ya no había más armas químicas en Siria, aunque ha habido informes ocasionales del uso de armas químicas en otros momentos del conflicto. Desgraciadamente hoy todos hemos constatado que esta es una más de las mentiras de una guerra cuya solución parece hoy por hoy imposible.

La crueldad con la que fue ejecutado el ataque –a una hora en la que la mayoría de la población se encontraba desprevenida por estar durmiendo—muestra una premeditada e injustificable crueldad por parte de sus autores. Un crimen que, esperemos, sea investigado y juzgado cuando llegue el momento. Un momento que tarde o temprano llegará. Con la misma impunidad que actuaron ayer quienes ordenaron y ejecutaron el ataque, otros lo hicieron antes en Ruanda o la exYugoslavia. La justicia internacional terminó alcanzándoles.

La inauguración dentro de pocas horas de una nueva conferencia internacional sobre el conflicto sirio no puede convertirse en un nuevo desfile de expresiones y deseos tan vacíos como impotentes. Sin duda es ya tarde para quienes murieron ayer en Jan Sheijun, pero tanto ellos, como las decenas muertos anteriores como los sirios que todavía continúan vivos merecen justicia y un compromiso claro de todos por el fin de esta guerra.

 

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