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A las armas

Históricamente, los incrementos masivos en los presupuestos de seguridad han sido el preludio de un conflicto

A las armas

Transcurridos unos pocos días desde el comienzo de las operaciones militares en Afganistán en octubre de 2001, el jefe las fuerzas estadounidenses confesaba ante la prensa con gesto apesadumbrado que sus tropas “se estaban quedando sin objetivos”. Un país agrícola plagado de casas de adobe no estaba a la altura del mejor ejército del mundo.

Algo parecido pasó en 2003 en Irak. Y eso que en esta ocasión, el objetivo a batir era el ejército de un país con abundantes recursos petrolíferos y galvanizado en guerras recientes. Pero pese a las bravatas de Sadam Hussein sobre la “madre de todas las batallas”, la siempre descrita en los medios como “temible Guardia Republicana” le duró 21 días al ejército de EE UU. Así que, pese a la inexistencia de armas de destrucción masiva, George W. Bush pudo darse la satisfacción de “patear el trasero” (sic) de Sadam sin apenas despeinarse.

Salvo el pequeño detalle de que, como es habitual en estos casos, ante una fuerza superior, el enemigo se convirtió en insurgencia y forzó una larga y costosa ocupación que, según un estudio del Instituto Watson de 2008, costó cuatro billones de dólares. En ambos casos, EE UU descubrió que conquistar un país es más fácil y menos costoso que pacificarlo, reconstruirlo y gobernarlo.

El gasto en defensa de EE UU supera al de los siguientes 14 países, así que, al contrario de lo que dice Trump, su ejército no tiene ningún problema para “ganar guerras” ni parece necesitar un incremento del gasto del 9%, equivalente al presupuesto de defensa anual de Rusia. Con lo que tiene un problema enorme es con reponer la vajilla, asear el local, pagar la factura y marcharse a casa.

Si algo hemos aprendido de estas guerras y sus 250.000 víctimas es la necesidad de evitarlas, algo que solo la diplomacia, que no parece el fuerte de Trump, puede evitar. Y como le han recordado 140 generales, la ayuda al desarrollo, que también quiere recortar, es fundamental para garantizar la seguridad. Es de necio confundir valor y precio. Y más necio aún confundir seguridad y defensa. Históricamente, los incrementos masivos en los presupuestos de seguridad han sido el preludio de un conflicto. Mi máxima seguridad equivale a la máxima inseguridad de alguien. @jitorreblanca

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