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¿Hacia dónde se dirige la Organización Mundial de la Salud?

Este mes se elige nuevo director general de la OMS. Uno de sus retos será trabajar por las metas de desarrollo relacionadas con la salud

Celebración de la 140ª sesión de la Junta Directiva de la OMS celebrada en su sede en Ginebra (Suiza) el 23 de enero de 2017.
Celebración de la 140ª sesión de la Junta Directiva de la OMS celebrada en su sede en Ginebra (Suiza) el 23 de enero de 2017. EFE

Esta semana se produce una cita importante para el futuro de la gobernanza mundial en salud. Ayer, lunes 23 de enero, comenzó la 140.ª sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Ginebra, Suiza, donde se debatirá una larga agenda de importantes temas de salud mundial hasta el 1 de febrero.

Esto ocurre en enero de cada año y suele ser más o menos polémico, según los temas y las posiciones que adoptan los países con respecto a ellos. Pero esta vez, las deliberaciones del Consejo tendrán una característica especial: se elegirá un nuevo director o directora general para la OMS después de contar en el puesto durante diez años con Margaret Chan, de China, quien dirigió por dos lustros esta agencia especializada de Naciones Unidas. La OMS, fundada en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, en el marco del Sistema de las Naciones Unidas, cumplirá en 2017 sus 69 años de existencia. Agrupa hoy a 194 Estados miembros.

La elección de una nueva persona que conduzca los destinos de la OMS durante un periodo de cinco años, del 2017 al 2022, no es únicamente un tema de cambio de cara y de perfil profesional y político de quien estará al frente de la Organización. Tiene que ver, sobre todo, con la naturaleza del liderazgo que ejerza y con la forma en que conduzca las tareas de la organización en un momento que supone para la OMS transitar por encrucijadas definitorias que marcarán su futuro papel cuando menos de aquí a que cumpla su centenario de existencia.

Hay seis candidatos registrados oficialmente para someterse al proceso electoral a mediados de esta semana. Los seis han sido entrevistados previamente por los 34 representantes de los Estados miembros que son parte del Consejo Ejecutivo de la OMS. Los candidatos son David Nabarro, del Reino Unido; Flavia Bustreo, de Italia; Philippe Douste-Blazy, de Francia; Tedros Adhanom Ghebreyesus, de Etiopía; Sania Nishtar, de Pakistán; y Miklós Szócska, de Hungría. Curiosamente, esta vez no ha habido candidato alguno de ese gran continente cultural y lingüístico que constituyen los países hispano o luso parlantes. Una vez que el Consejo Ejecutivo se pronuncie tras arribar a un voto mayoritario, que no a un consenso, el o la candidato/a elegido será nominando para su ratificación por la Asamblea Mundial de la Salud en mayo del 2017 (prácticamente proforma) y asumirá el cargo en julio del 2017

En gran medida, quien resulte electo/a tendrá en sus manos la gran responsabilidad de darle vigencia y relevancia a la organización. Enfrentará el dilema de si acometerá o no el papel de imprimir vigor al mandato constitucional de la OMS; de si apuntalará y emprenderá las transformaciones que requiere esta agencia especializada, en consistencia con los cambios que habrá de experimentar la Organización de las Naciones Unidas (ONU) bajo el liderazgo de Antonio Guterres. También de si se dejará arrastrar por la inercia y los lastres institucionales, o si dará un giro de timón que permita sortear vientos y marejadas y afiance la preminencia de la OMS como autoridad sanitaria internacional y como instancia primordial de coordinación de los esfuerzos en materia de salud mundial.

Quien resulte electo/a tendrá en sus manos la gran responsabilidad de darle vigencia y relevancia a la Organización

Por supuesto que no hay que pensar que la persona lo es todo. Eso sería pecar de voluntaristas y de reduccionistas. Los organismos internacionales de la órbita del sistema de las Naciones Unidas no son entidades exmachina, no operan por sí mismos con plena autonomía. Son la resultante de los acuerdos, consensos y disensos de los Estados miembros que las conforman. En palabras de Don Quijote: “El caballero no puede ir más aprisa que la cabalgadura”.

El secretariado y el director o directora general que lo conduce tienen potestades limitadas y responden a mandatos intergubernamentales. Pero aun así hay un espacio de discrecionalidad, de proactividad y de liderazgo transformativo que es posible ejercer y que puede significar diferencias en el curso que tome la embarcación.

La nueva persona que asuma el liderazgo puede y debe, desde mi punto de vista, ser una personalidad convocante que plantee una visión “ilusionante”, como suele decirse en estos tiempos. Factible, significativa, pero sobre todo relevante para la gente, para las necesidades sanitarias en el mundo, especialmente de aquellas personas más vulnerables que hoy no tienen acceso a los servicios sanitarios. Para todos aquellos que padecen enfermedades y muertes que pueden ser evitadas; para quienes sufren en situaciones de crisis y emergencias y para quienes las intervenciones sanitarias y humanitarias, en general, son un asunto de vida o muerte. Así lo hizo, por ejemplo, en los años setenta el recientemente fallecido exdirector general de la OMS, Hafdan Mahler, arquitecto de la visión de “salud para todos” y de la estrategia de atención primaria de la salud, quien situó a la OMS en el pináculo del liderazgo mundial en materia sanitaria.

Quien llegue a ocupar la silla que hoy ocupa Margaret Chan no podrá ni deberá reinventarlo todo. En ese sentido, cuanto más familiarizada esté la persona que sea elegida esta semana con los entresijos de la arquitectura global de la salud y con los mecanismos y plataformas de la gobernanza mundial en salud, más capacidad tendrá de hacer lo que hay que hacer, con una visión estratégica de futuro, sin reinventar el agua tibia. Lo peor sería que se optase por alguien improvisado, con insuficiente experiencia en la gestión internacional y los escenarios mundiales de la salud pública. En este sentido, cuatro de los candidatos han sido ministros de salud en sus países pero no todos cuentan en su haber con experiencia internacional y capacidad de gestión de escenarios intergubernamentales bien fraguada (los candidatos de Hungría, Etiopía, Pakistán y Francia). Dos son actualmente altos funcionarios internacionales (los candidatos de Italia y el Reino Unido).

Desde mi perspectiva, el perfil más completo y el candidato más avezado en las lides de la gobernanza mundial de la salud es David Nabarro, cuya última tarea ha sido la de ser asesor especial del Secretario de las Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible del 2030. Pero serán los 34 Estados miembros que son parte del Consejo Ejecutivo los que decidirán en función de los pactos diplomáticos que logren forjar.

Hace falta conocimiento, experiencia internacional, solidez y comprensión del resto del Sistema de la Naciones Unidas

No basta con tener un buen gestor o un buen vendedor de imagen, o una persona que solo cuente con experiencia nacional en materia sanitaria. Hace falta conocimiento, experiencia internacional, solidez y comprensión del resto del sistema de la Naciones Unidas, de los actores públicos, de la sociedad civil, de los agentes privados, todos ellos actores clave de la arquitectura mundial en materia de salud. Solo así podrá convocarlos, armonizarlos hasta donde resulte posible, y especialmente impedirá que los intereses particulares arrastren los esfuerzos colectivos encaminados a mejorar la salud en el mundo

El nuevo director o directora general de la OMS se encontrara con un mandato ya conferido por la Asamblea Mundial de la Salud, emitido en mayo del 2013, que constituye el Duodécimo Programa General de Trabajo de la OMS para el periodo que va del 2014 al 2019. Su primera tarea será terminar de llevarlo a cabo, finalizar su ejecución y evaluar su grado de cumplimiento al final del periodo para definir las agendas inacabadas que habrá que retomar y que sumar a las nuevas agendas emergentes. Al mismo tiempo, tendrá que empezar a conformar la nueva visión que deberá ser aprobada en mayo del 2019 en la forma del Decimotercer Programa General de Trabajo de la OMS para el periodo 2020-2025 en la que podrá imprimir su sello y articular una agenda visionaria que logre ser consensuada con los 194 Estados miembros

Uno de los grandes desafíos que enfrentara la nueva persona que dirija la OMS será el reconciliar estos programas generales de trabajo con los objetivos y metas relativos a la salud que forman parte de la agenda de Desarrollo Sostenible para el 2030 que fuera aprobada en septiembre del 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ODS 2030). Hasta ahora el debate en torno a este gran eje no ha alcanzado la suficiente profundidad o granularidad como para generar agendas claras de compromisos nacionales e internacionales que lleven a alcanzar las metas establecidas, especialmente en lo concerniente al Objetivo 3, relativo a la salud. Hace falta dar más tracción a este marco de compromisos internacionales plenamente suscritos por todos los países del orbe. Se trata de objetivos y metas que tienen un potencial movilizador pero para ello es importante no verlos únicamente desde la perspectiva de la medición y el seguimiento de indicadores, sino más bien poner énfasis en la discusión de lo que hay que hacer para alcanzarlos y en el debate sobre la economía política que hay que considerar para viabilizar su consecución.

La agenda temática esta hasta cierto punto claramente establecida por el Duodécimo Programa General de Trabajo de la OMS: profundizar las acciones para alcanzar las metas de desarrollo del milenio relacionadas con la salud que no fueron alcanzadas (mortalidad infantil, mortalidad materna, mortalidad y número de casos de SIDA, tuberculosis y malaria). También intensificar la lucha contra las enfermedades no transmisibles que hoy cobran un carácter epidémico, y generar una mortalidad prematura evitable. Redoblar esfuerzos para alcanzar la cobertura universal en salud; poner en práctica las disposiciones del Reglamento Sanitario Internacional y reforzar la capacidad de los países para contribuir y beneficiarse de modo efectivo de una plataforma de seguridad sanitaria mundial;. Mejorar el acceso a los productos médicos seguros, de calidad, eficaces y asequibles. Por último, luchar contra los determinantes económicos, sociales y ambientales que tienen un impacto negativo sobre la salud.

Lo peor sería que se optase por alguien improvisado, con insuficiente experiencia en la gestión internacional

Pero la nueva administración de la OMS, que iniciará su gestión en julio de 2017, tendrá que prestar especial atención a algunos problemas fundamentales de carácter estructural, de gobernanza interna y de visión de futuro:

  1. Profundizar la reforma programática, de gobernanza y de gestión de la OMS iniciada en 2011 y que no se ha llevado hasta sus últimas consecuencias de acuerdo con la agenda que el propio Consejo Ejecutivo y la Asamblea Mundial fijaron en 2011. Especialmente tras la crisis del Ébola, en África occidental, esta reforma se vio ralentizada, puesta a fuego bajo y no se ha logrado ir hasta el fondo como se requeriría.
  2. Resolver el connundrum de gestión interna de contar con procesos duales de gobernanza mundial y regional, con oficinas regionales que tienen un valor indiscutible como recursos más cercanos a los países, y con directores regionales electos y no designados por la administración central y, por ende, con una arquitectura institucional que opere más como reinos de taifas y no como federación unificada y sinérgica.
  3. Detener la tendencia negativa a que la financiación de la organización sea mayoritariamente por contribuciones voluntarias de gobiernos, entes filantrópicos o sector privado que imponen sus agendas atando sus donativos a los objetivos que ellos quieren. Es necesario restablecer una financiación por contribuciones designadas que se generan como cuotas obligatorias de todos los Estados miembros, según la escala de contribuciones de Naciones Unidas. En los últimos años esto ha disminuido proporcionalmente hasta ser menos de una cuarta parte de la fuente de financiación de la OMS, cuando este es el tipo de financiación que más necesita la organización.
  4. Apostar de manera decisiva por el desarrollo de bienes públicos globales en salud, compromisos colectivos, con acciones colectivas y con financiación colectiva.
  5. Asumir el liderazgo en materia de coordinación internacional en salud y detener el desmoronamiento que producen la infinidad de alianzas alternativas de actores múltiples públicos y privados que solo reducen los recursos disponibles para las acciones genuinamente multilaterales y erosionan los procesos de toma de decisiones al crear procesos duplicados de gobernanza en torno a distintos ejes temáticos.

La suerte quedará echada en el curso de la semana y esperemos que las decisiones que se tomen permitan que la nave de esta noble institución sexagenaria tome el rumbo que le permita ser relevante para la gente, para quienes más lo necesitan, para reducir las inequidades en salud y para alcanzar los objetivos sanitarios que se han trazado como parte de los ODS para el 2030

Daniel López Acuna es profesor asociado de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Experto en Salud Publica, Sistemas de Salud, Asistencia Humanitaria y Cooperación al Desarrollo. Exfuncionario de alto nivel de la Organización Mundial de la Salud donde trabajo 30 años antes de jubilarse en diciembre del 2014.

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