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Una ‘semana negra’ deja cinco linces muertos en un fatídico inicio de 2017

Tres atropellos, un lazo de caza furtiva y una enfermedad provocan un trágico arranque de año

Fotos de linces ibéricos
Imagen de archivo de un atropello en 2014.

"No recuerdo una semana negra como esta", asegura Ramón Pérez de Ayala, responsable de WWF para el programa de recuperación del lince ibérico, Iberlince. En muy pocos días, tres linces han sido atropellados, un problema que no termina de resolverse, y otros dos han aparecido muertos: uno en un lazo de caza furtiva y el último, al parecer, a causa de una enfermedad. Esta semana fatídica provoca que 2017 arranque con una mortalidad muy alta para un lapso tan corto de tiempo. Por ello, la organización conservacionista ha reclamado una reunión urgente con el ministro de Fomento para resolver el problema de los atropellos.

Los atropellos se habían frenado en 2016 porque las autoridades han hecho "las labores mínimas de contención", según WWF

El día de Reyes aparecía atropellado un ejemplar en Adamuz (Córdoba), un macho adulto que se convertía en el primer atropello del año después de los 12 choques mortales que sufrieron los linces en 2016, tres menos que en 2015. El día 12 se encontró el cadáver de Melisandre, una hembra de dos años, atrapada en un lazo de caza ilegal en un coto en el que habían muerto dos quebrantahuesos envenenados. Ese mismo día, otra hembra sufría un atropello en Córdoba y dos días después otro ejemplar moría en la A-4 en Ciudad Real. El 13 de enero se informó del hallazgo del cadáver de un lince muerto por causas naturales, según todos los indicios.

Es casualidad, una mala casualidad, reconoce Pérez de Ayala, que se hayan concentrado tantas muertes en tan pocos días. "El último tiene pinta de ser una enfermedad que llevaba arrastrando, pero el tema de los atropellos sí que puede tener más explicación: están justo ahora en celo y hembras jóvenes no muy asentadas pueden estar moviéndose en busca de macho, cruzando carreteras", explica el especialista de WWF. Los atropellos se han producido en lugares que se repiten una y otra vez como puntos negros de riesgo.

El año 2016 fue "relativamente positivo" en cuanto a los atropellos: una docena frente a los 21 de 2014 es tan mal dato, dado que además las poblaciones no dejan de crecer con numerosas sueltas de animales criados en cautividad. Pero hay mucho por hacer, según Pérez de Ayala: "Se ha frenado porque las autoridades han hecho las labores mínimas de contención, mejorando vallado, desbroce y señalización. Sin embargo, si no empezamos con las actuaciones para que tengan pasos seguros, volveremos a ver un repunte de atropellos".

El año pasado trajo buenas noticias para la recuperación del lince, que dejó de considerarse oficialmente como en peligro crítico de extinción, al cuadruplicar sus poblaciones en lo que va de siglo. El número de animales repartidos por toda la Península, liberados hasta en Portugal, se mantiene por encima de los 400 ejemplares. Pero todavía acecha el mayor de sus problemas: la falta de comida por una epidemia que está matando a su principal alimento, el conejo

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