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Una nueva vida para la familia de Tamim

Solo un 1% de los refugiados consigue ser reasentado. Esta familia siria de 18 miembros logra una nueva vida en Nueva Zelanda tras cuatro años en el limbo

Tamim y su hijo Mohammad en el edificio donde residían en Bangkok. Ampliar foto
Tamim y su hijo Mohammad en el edificio donde residían en Bangkok.

La llamada llegó una mañana de enero cuando Tamim estaba en casa con su familia. “Enhorabuena, vais a ser reasentados en Nueva Zelanda”, dijo al otro lado del teléfono la voz de un trabajador de la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Tamim y los 17 miembros de su familia vivían encerrados en un apartamento de 65 metros cuadrados en Bangkok (Tailandia) desde que huyeron de la guerra en Siria en 2013. Estaban demasiado aterrorizados ante la posibilidad de ser arrestados como para salir del edificio a por comida o cuidados médicos. La familia permanecía escondida con unos visados que habían expirado hace tiempo, con la esperanza de ser reasentada en un tercer país.

“Cuando supe que sería un ciudadano neozelandés, y no un refugiado, me sentí por primera vez en mi vida un ser humano. Al recibir la noticia lloré. Todos nosotros lloramos”, explica Tamim, de 38 años. Él, su esposa y sus dos hijos, sus cuatro hermanos con sus familias y sus padres volaron hasta Auckland, en Nueva Zelanda. Allí fueron instalados en un edificio de ladrillo de dos pisos en el centro de refugiados de Mangere, donde durante 45 días aprendieron el funcionamiento del país y sus leyes.

La familia, finalmente, se instaló el 14 de octubre en Palmerson North, la mayor ciudad de la región Manawatu-Wanganui, ubicada junto al río del mismo nombre. Allí han podido comenzar de nuevo y gracias a la ayuda del Gobierno neozelandés para acceder a una vivienda, empleos y educación gratuita para los niños.

Su larga historia como refugiados comenzó hace casi siete décadas, cuando los abuelos de Tamim huyeron de Palestina a raíz de la creación del Estado de Israel en 1948, un episodio que desplazó a miles de personas de sus tierras. Su padre, de 66 años, tenía pocos meses cuando sus progenitores se asentaron en Siria. Desde entonces eran apátridas y, como tales, ningún miembro tenía pasaporte, sino un documento de viaje. “No tenía derecho a voto”, cuenta Mohammed, el padre de Tamim.

La familia tuvo la oportunidad de iniciar una nueva vida en Siria como refugiada. Tamim estudió derecho y administración de empresas y conoció a su mujer, Abeer, cuando trabajaba para una empresa canadiense. Tuvieron además un hijo, Mohammad.

Su vida dio un vuelco cuando estalló la guerra civil en Siria en 2011, un conflicto que ha dejado más de 300.000 muertos, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. La familia de Tamim huyó a Tailandia y se convirtieron en refugiados por segunda vez.

Cuando supe que sería un ciudadano neozelandés, y no un refugiado, me sentí por primera vez en mi vida un ser humano

Tamim, sirio de 38 años

“Traté por todos los medios de ir a un país árabe donde tenemos la misma cultura, la misma comida, el mismo todo, pero nos cerraron las fronteras. Eso me hizo mucho daño”, contaba Tamim hace unos meses visiblemente decepcionado.

Tailandia dio un visado de un año a la familia, pero después se agrió su actitud con los refugiados. “Cuando comenzó la guerra Tailandia fue el único destino posible para huir desde Siria, pero esta política ha sido revisada y se ha endurecido”, expone Veerawit Tianchainan, director ejecutivo de la fundación Comité tailandés por los refugiados (TRC por sus siglas en inglés).

Pocos días después de una explosión en el centro de Bangkok en agosto de 2015, Tamim y otros 20 refugiados palestinos fueron detenidos como sospechosos del mismo. Las mujeres y los niños fueron multados y puestos en libertad, mientras que los siete hombres restantes ingresaron en un Centro de Detención de Inmigrantes (IDC) debido a su situación irregular. Allí durmieron durante 12 días en el suelo en una celda atestada con poca ventilación hasta que pudieron pagar por su salida gracias a diversas donaciones. Tamim sostiene que no fue interrogado como sospechoso del atentado.

Tailandia no es firmante de la Convención de Refugiados de la ONU de 1951, que define qué es un refugiado y establece una serie de derechos, además de las obligaciones de los Estados hacia ellos. Así, una vez expiran los visados con los que los refugiados entran al país, y a pesar de haber sido reconocidos por ACNUR, todos ellos son considerados migrantes en situación irregular por la ley tailandesa. En Tailandia, según indica esta agencia de la ONU, existen alrededor de 106.000 refugiados procedentes de Birmania en los nueve campamentos situados en su frontera, además de otros 2.000 de otras nacionalidades y más de 6.000 solicitantes de asilo de 50 países.

En la capital, la mayoría de ellos permanecen escondidos en las barriadas. La Campaña por la Solidaridad Palestina (PSC por sus siglas en inglés) detalla por correo electrónico que en 2015 se encontraban en Bangkok alrededor de 350 palestinos que huyeron de la guerra de Siria y, a día de hoy, permanecen 30 que no han conseguido ser reasentados. Otros se han ido a Canadá, Estados Unidos, Países Bajos y Nueva Zelanda.

En 2015 vivían en Bangkok alrededor de 350 palestinos que huyeron de la guerra de Siria. Aún quedan 30

Durante este tiempo la familia de Tamim ha sobrevivido gracias a pequeños trabajos informales que han realizado en casa, una ayuda de ACNUR de 60 euros para cada unidad familiar y a las donaciones de pequeñas asociaciones y particulares. En Palmerston North, Tamim espera conseguir un trabajo legal de nuevo.

"Nosotros tenemos educación, queremos hacer lo mejor para el país y para nosotros mismos”, dice Tamim. Su mujer Abeer, de 35 años, también estudió administración de empresas y quiere abrir un salón de belleza.

Su hijo Mohammad, de 12 años, ha perdido casi cinco cursos de escuela. La legislación tailandesa permite que todos los niños tengan acceso a los colegios, pero en la práctica, el acceso es limitado para aquellos que no tienen nacionalidad y no hablan el idioma. Abeer dio a luz a otro hijo en Bangkok, Hamza, que ahora tiene 20 meses.

Los vecinos del edificio donde vivía Tamim, que como ellos huyeron de Siria, esperan poder tener la misma suerte mientras permanecen en el limbo en Tailandia. El reasentamiento no es un derecho para los refugiados y a nivel mundial menos del 1% de ellos tiene la oportunidad de reiniciar sus vidas, explica Vivian Tan, portavoz de ACNUR para Asia.

Las personas que son reasentadas en un tercer país son seleccionadas por la organización en función de su vulnerabilidad, pero quienes deciden los candidatos en última instancia, detalla Tan, son los países de acogida.

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