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ANDREA WULF / HISTORIADORA

“Hasta Humboldt, se decía que Dios creó la naturaleza para uso del hombre”

La historiadora Andrea Wulf reivindica a Alexander von Humboldt como padre del ecologismo y de nuestra visión de la naturaleza

La escritora Andrea Wulf
La escritora Andrea Wulf

Hace más de 200 años, Alexander von Humboldt ya empezó a advertir de los riesgos del cambio climático provocado por el hombre. Cuando llegó a los alrededores del Lago de Valencia, en la actual Venezuela, en 1799, observó que la deforestación llevada a cabo por los colonos españoles estaba agravando las sequías y las inundaciones. Sin la función protectora de la vegetación, el agua de lluvia no se filtraba progresivamente en la tierra sino que formaba torrentes que la arrasaban dejando yermo el suelo.

Esta es una de las ideas más revolucionarias de este científico alemán, hijo de una familia de la aristocracia prusiana, que compartió amistad con poetas como Goethe o Schiller. Su capacidad para conectar fenómenos aparentemente aislados le llevó también a introducir la idea de la naturaleza como una red interconectada e interdependiente y a plantear aspectos sobre las relaciones entre animales que ayudaron a Darwin a moldear su teoría de la evolución.

Estos son algunos de los hitos que recuerda la historiadora Andrea Wulf (Nueva Delhi, India, 1972) en su libro La invención de la naturaleza (Taurus), en el que quiere devolver a Humboldt al lugar de prestigio que se merece.

Humboldt es el primero en hablar de los daños del cambio climático provocado por el hombre

Pregunta. Usted habla de rescatar del olvido a Alexander von Humboldt.

Respuesta. Humboldt es muy conocido en América Latina, pero le conocen más como un revolucionario que como el padre olvidado del ecologismo o el hombre que nos dio nuestro concepto de la naturaleza. En Alemania es conocido, pero no entienden realmente lo influyente que fue en su época por todo el mundo. Y en el mundo angloparlante se le ha olvidado.

P. ¿Cuáles fueron las ideas más originales de Humboldt?

R. La principal idea que él nos dio fue ver la naturaleza como una red de la vida, como un todo. Básicamente, lo que hoy vemos como un ecosistema, aunque él no utilizaba esa palabra. Esta idea de que la Tierra vive era muy nueva en aquella época. El resto del mundo miraba a la naturaleza como un sistema mecánico, casi como una máquina donde cada cosa tiene su lugar y su función según el plan de Dios. Lo que decía él es que todo interactuaba.

P. ¿Cómo influye en Humboldt haber vivido en aquella época, en la que aparecen científicos que cambian nuestra forma de ver el mundo, como William Herschell en astronomía o Charles Darwin en biología?

Él es el primero en hablar de lo que hoy consideramos un ecosistema, aunque no emplea esa palabra

R. Ahora, tendemos a mirar a determinados logros y pensamos en que un genio lo hizo todo. Por supuesto, ninguna de aquellas personas estaba trabajando en solitario. Todos absorbían ideas que se estaban generando en esa época, y muchos se comunican entre ellos. Incluso si no se conocen personalmente, se han influido. Creo que Humboldt es un hijo de su tiempo, de la Ilustración. Y después crece en el mundo del romanticismo, y es casi el puente entre esas dos épocas. El Humboldt que mide el mundo está con un pie en la Ilustración y tiene el otro en el romanticismo, cuando nos dice que debemos usar nuestros sentimientos y nuestra imaginación para entender la naturaleza.

P. ¿Qué puede aprender la ciencia moderna de esa mezcla de sentimentalismo y racionalismo?

R. Es una de las razones por las que escribí este libro. Ahora tenemos una separación muy clara entre las ciencias y las artes, entre el pensamiento racional y los sentimientos. Humboldt no veía las cosas así. Creo que esa mezcla es algo que falta hoy en las ciencias, en la forma en que podemos afrontar el cambio climático. No es algo que podemos combatir solo desde una perspectiva científica, necesitamos pensar en el amor, en la maravilla por la naturaleza, necesitamos inspirar ese amor por la naturaleza en las próximas generaciones, porque si nos falta eso no vamos a poder protegerla. No podemos apoyarnos solo en las estadísticas o en proyecciones técnicas. Necesitamos sentir casi este amor físico por la naturaleza de nuevo y eso es algo en lo que él es un ejemplo extraordinario.

P. Humboldt, como otros científicos, es una persona muy centrada en su trabajo, que a veces no parece alguien a quien gustaría tener como amigo o como pareja.

R. Probablemente no le habrías querido como marido. Él nunca estaría en casa. Nunca se casó. Tiene una personalidad con defectos, tiene errores, está tan obsesionado con su curiosidad, su búsqueda de conocimiento, que a veces olvida cómo se siente la gente a su alrededor. Hay una ocasión en la que vuelve de América Latina, llega a París y su cuñada está allí y su hijo muere, y su marido está en Roma. Ella se acerca a Alexander von Humboldt en busca de apoyo emocional, pero él no se lo puede ofrecer porque está demasiado ocupado con su propio mundo y sus pensamientos. Tenía muchos amigos muy próximos, pero eran todos del entorno científico. Desde el punto de vista emocional probablemente era una persona difícil.

Joseph Banks defendía en aquella época la idea de que los científicos nunca están en guerra

Pero también es una persona muy generosa. Entregó hasta su último céntimo para ayudar a otra gente, a otros científicos. Cuando vuelve de Latinoamérica y tiene la mayor colección de plantas que jamás ha llegado a Europa, no se la queda para él. Entrega parte al rey de España, a Berlín, a París, porque cree que él mismo no puede trabajar en todo eso al mismo tiempo y considera que si lo comparte habrá más científicos que puedan trabajar con esos objetos y descubrir más cosas.

P. También es uno de los impulsores de la idea de la búsqueda científica como un esfuerzo internacional

R. En realidad esto empezó en el siglo XVII, lo llamaban la república de las letras. Los científicos se escribían entre ellos, principalmente en latín, porque era el lenguaje científico universal. Bajo Joseph Banks, que era presidente de la Royal Society de Londres y persona de confianza del rey de Inglaterra, esta internacionalización recibió un gran impulso. Banks enviaba a gente a recoger plantas por todo el mundo, su nombre lo conocían muchos capitanes de barco y defendía que los científicos nunca están en guerra.

Imprimía pasaportes para científicos. Por ejemplo, para un científico francés, en el que decía que si era capturado por una nave británica, Joseph Banks pedía que este hombre quedase libre. Alexander von Humboldt le escribió a Banks para que escribiese un pasaporte para Aimé Bonpland en la época en que los ingleses y los franceses estaban en guerra. Cuando estaba en La Habana, en Cuba, envió su colección a Europa y escribió una carta en la que dice que si es capturada por los ingleses, le entreguen estas cajas a Joseph Banks, porque sabe que si le llegan a él, se asegurará de que las enviará a París aunque Francia e Inglaterra están en guerra. En este momento florece la idea de que no hay fronteras religiosas o nacionales en las ciencias.

P. En aquella época hay muchos científicos que sacan al ser humano del centro de la creación. Darwin lo hace con nuestra posición en el mundo animal y Herschell con el espacio que ocupamos en el cosmos. ¿Humboldt hace algo similar con nuestra posición en la naturaleza?

El decía que las descripciones de la naturaleza de Goethe eran tan verdaderas como los descubrimientos de los científicos

R. Hasta Humboldt, existía esta idea de que Dios creó la naturaleza para el uso de los hombres. Lo que dice Humboldt es que somos parte de la naturaleza como cualquier animal o planta o trozo de roca. Somos parte de la naturaleza como cualquier cosa, lo que automáticamente quiere decir que no somos los señores de la naturaleza. Somos una parte y la podemos destruir, pero con ella destruimos el mundo a nuestro alrededor y eso sería catastrófico para nosotros también. Esa es una manera muy nueva de mirar a la naturaleza.

P. Antes de Humboldt o Darwin, había muchos científicos brillantes que seguían considerando al ser humano el centro de la creación. ¿Qué cambia en esta época para que estos científicos abandonen esa idea?

R. Pasan varias cosas al mismo tiempo. Una muy importante es que la geología experimenta un cambio tremendo. En lugar de pensar en que la Tierra se creó hace unos pocos miles de años, como decía la Biblia, se encuentran fósiles y muchas muestras de que eso no puede ser. Con lo que encuentran se percatan de que la Tierra tiene que ser mucho más antigua. Al mismo tiempo, tienes a Darwin volviendo de las Galápagos y viendo que los pinzones de las distintas islas son similares pero diferentes. Se empieza a pensar si hay múltiples creaciones al mismo tiempo, o si la extinción de especies significa que Dios comete errores.

P. ¿Qué podemos aprender de ese esfuerzo de Humboldt para dar unidad a todo el conocimiento que tenemos hoy?

R. Hoy hemos separado las ciencias y las letras, y creo que hemos perdido el sentido de unidad. Él fue capaz de unir todo esto. Él por ejemplo dice que las descripciones de la naturaleza de Goethe en sus poemas, sus obras de teatro o sus novelas son tan verdaderas como los descubrimientos de los científicos y eso es algo que hoy ya no es aceptable. Creo que se puede aprender algo de esa perspectiva.

P. Y usted también considera a Humboldt el padre olvidado del ecologismo.

R. Él es el primero en hablar de los daños del cambio climático provocado por el hombre, es el primero en hablar del funcionamiento elemental de los bosques para el ecosistema, aunque no utiliza esa palabra. En el 1800 habla sobre cómo funcionan los ecosistemas, de los efectos de la erosión del suelo, de que los bosques refrescan su entorno… El movimiento ecologista comienza en 1962 con Rachel Carson, pero estoy tratando de mostrar que su historia comienza mucho antes. Humboldt es el padre fundador del ecologismo, pero se han olvidado de él.

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