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Una casa con polvo lunar

El arquitecto Xavier De Kestelier propone usar la impresión 3D para facilitar la colonización espacial

El arquitecto belga Xavier de Kestelier delante un pabellón de Fira Barcelona
El arquitecto belga Xavier de Kestelier delante un pabellón de Fira Barcelona

Un gran diseño es bueno aquí o en la Luna. Literalmente. La técnica es la misma: analizar bien el entorno y los usos, recurrir a materiales locales y esforzarse por crear un producto útil y hermoso... Son los pasos que el equipo liderado por el arquitecto belga Xavier De Kestelier, del prestigioso estudio Foster+Partners, ha seguido para proyectar la construcción de habitáculos en la Luna y en Marte. Su construcción se haría mediante la tecnología de impresión aditiva o 3D y usando regolito, nombre del polvo mineral que recubre tanto el satélite como el planeta.

Ambos proyectos se han hecho bajo la mirada de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA. Mientras que en los asuntos terrícolas la impresión 3D aún busca cuajar como nuevo paradigma industrial, ambas agencias ya ven en este método la solución a algunos de los problemas que plantea una futura colonización espacial. De Kestelier es uno de los finalistas en el concurso de ideas 3D Printed Habitat Challenge, lanzado por el Gobierno de Estados Unidos y America Makes —sociedad público-privada que impulsa la tecnología de impresión 3D— para plantear soluciones para asentarse en el planeta rojo.

“Llevar material para construir refugios o estaciones allí es inmensamente caro. Unos 2.000 euros cada kilogramo. Esta es una solución mucho más económica”, explica el arquitecto, que participa en el salón In(3D)ustry que organiza Fira de Barcelona. Foster+Partners llevaba desde 2004 ensayando con la impresión aditiva y decidió iniciar la aventura espacial invitado por la ESA.

Diseñar para el espacio te permite cuestionarte la utilidad de cosas que en la Tierra das por descontadas

La idea suena complejamente simple. Enviar a la Luna una misión no tripulada que plante un esqueleto hinchable y tres robots que recojan el regolito y al mismo tiempo lo impriman sobre el molde, capa a capa, uniéndolo con un material adherente. En el caso de Marte, explica el arquitecto, se está pensando en usar microondas para fundir la sustancia. Tras meses de trabajo, una gran concha sólida recubriría todo el esqueleto dejando, por ejemplo, ventanas para la luz natural. “Lo primero que hay que tener en cuenta son las condiciones extremas. Te enfrentas a meteoritos que caen a 18 kilómetros por segundo, rayos gamma y cambios bruscos de temperatura. La concha es un escudo de protección”, explica.

Hasta el momento todo son prototipos y De Kestelier no se atreve a cuantificar económicamente el proyecto. Las pruebas se han hecho con ceniza volcánica traída de Italia, que ofrece condiciones similares a las del regolito, y en una cámara de vacío.

El proyecto de Marte tiene retos añadidos. “El problema principal es que está más lejos y la comunicación es difícil, pero las condiciones atmosféricas son más propicias para la construcción”, dice De Kestelier. Allí se plantea que los robots sean muchos más (un centenar) para garantizar el éxito en caso de algún fallo. Serán mucho más pequeños y se especializarán en tareas de recogida, transporte y construcción. “Como un ejército de hormigas”, explica.

El equipo interdisciplinar de diseño de las bases está compuesto por 25 personas: arquitectos, ingenieros, expertos en materiales, informáticos... “Nunca escogemos a alguien centrado en una sola área. Para diseñar algo así tienes que tener una visión muy amplia y marcadas habilidades digitales”, explica el arquitecto.

“Diseñar para el espacio te permite cuestionarte la utilidad de cosas que en la Tierra das por descontadas. Cada detalle es fundamental y te cambia la manera de ver lo que es necesario”, dice De Kestelier, que aún ve verde la aplicación de la impresión 3D en la industria. “Hay también mucha sobreestimación”, agrega.

Los planes de la NASA pasan por que cuando llegue la primera misión humana a Marte ya esté lista su polvorienta casa. Algo similar a lo que se vio en Marte, la película de Ridley Scott con Matt Damon que se estrenó el año pasado. “Ya no ves las películas de ciencia ficción con la misma ilusión. Les ves todos los errores”, bromea.

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