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La felicidad depende de ti

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El grado de satisfacción es subjetivo. Y no solo refleja el estado en el que nos encontramos. Nuestra actitud y las perspectivas de un futuro mejor influyen más de lo que pensamos.

YA SE HA TRATADO en una entrega ­anterior que la felicidad y la satisfacción son subjetivas. Este artículo se centra en el bienestar valorativo. Ese que se mide a base de preguntar a los ciudadanos en qué lugar de una imaginaria escalera de 10 peldaños se situaría y dónde cree que estará dentro de cinco años.

Con estas y otras preguntas realizadas anualmente en una muestra representativa del 98% de la población mundial mayor de 15 años, la empresa Gallup pretende descubrir el bienestar que declaran los individuos, que es distinto al que estiman Gobiernos u organismos internacionales a partir de indicadores objetivos como las tasas de crecimiento económico, de empleo o pobreza.

Si, al responder a estas preguntas, usted se ubica entre los peldaños 0 y 4, y dice además que estará en ese mismo rango en cinco años, Gallup le definirá como una persona que está “sufriendo”. Si, por el contrario, se sitúa en los tramos del 7 al 10 y espera encontrarse sobre el 8 o más en el próximo lustro, lo definirá como “prosperando”. El resto de las personas se entenderá que están “luchando”.

¿Por qué ha de influir en su bienestar presente lo que usted piense sobre dónde estará en un futuro? Porque la dirección en la que usted cree que se está moviendo es tan importante para su felicidad como la situación en la que se encuentra actualmente. Entre dos personas que tienen el mismo estado en el presente, aquella con esperanzas de un futuro mejor tendrá mayor bienestar.

¿Cómo se ven el mundo y España bajo el prisma de estas preguntas? De acuerdo con los datos recogidos en 2015, aproximadamente un cuarto de la población mundial se considera prosperando, alrededor del 61% luchando y poco más del 12% sufriendo. Sorprendentemente, estos valores mundiales se han mantenido casi idénticos durante los últimos 10 años a pesar de los cambios experimentados en numerosos países. En otras palabras, lo que unos Estados han perdido en bienestar, otros lo han ganado, dejando los números globales en el mismo lugar.

De manera general, las personas con mayores ingresos, las que tienen empleo a tiempo completo, las más escolarizadas, las más jóvenes, las mujeres, las solteras y las que viven en zonas urbanas tienden a declarar mayores niveles de bienestar que el resto de la población. Pero, de nuevo, esos son indicadores globales. El asunto resulta más interesante cuando se analizan los datos por países. En España vemos que, en 2015, el 36,9% se calificó como “prosperando”, un notable descenso del pico (60%) que esa misma categoría alcanzó en 2008.

Por su parte, la población que se declaró “sufriendo” se duplicó durante el mismo periodo. A muchos les vendrá como primera explicación la recesión económica, y ciertamente tiene un peso importante en el bienestar subjetivo, pero no lo es todo. Ya hemos dicho que la esperanza, por ejemplo, influye.

Ahora que tiene estos datos en la mano, puede realizar la pregunta de la escalera a familiares y amigos y determinar en qué peldaño se encuentran con respecto a los promedios españoles y del mundo. Trate de ver cuál es el peso que tienen la situación presente y las expectativas sobre el futuro en esas valoraciones.