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Los sueños de la razón de Freud

Libros del zorro rojo edita 'Freud', donde el ilustrador Ralph Steadman interpreta los momentos más célebres de la vida del psicoanalista

  • Freud escucha un chiste contado por un colega que acaba de enterarse de su intención de publicar un artículo sobre el tema.
    1Freud escucha un chiste contado por un colega que acaba de enterarse de su intención de publicar un artículo sobre el tema.
  • Durante tres años, en la década de 1880, Freud cortejó con desesperación a Martha Bernays. Mantuvo viva esa pasión, sobre todo mediante cartas. Eran sus años quijotescos, cuando su mente bullía de ideas desesperadas que luchaban por salir. Los genios deben hacer todo lo que necesitan, pero no antes de tiempo; la psiquis de Freud era todavía un campo de batalla lleno de generales belicosos sin soldados a quienes mandar.
    2Durante tres años, en la década de 1880, Freud cortejó con desesperación a Martha Bernays. Mantuvo viva esa pasión, sobre todo mediante cartas. Eran sus años quijotescos, cuando su mente bullía de ideas desesperadas que luchaban por salir. Los genios deben hacer todo lo que necesitan, pero no antes de tiempo; la psiquis de Freud era todavía un campo de batalla lleno de generales belicosos sin soldados a quienes mandar.
  • Wilhelm Fliess, amigo íntimo de Freud durante trece años, lo acusa de ser zurdo. Freud pasa el puro a la mano derecha, se vuelve hacia Fliess y responde: "Por lo que recuerdo, cuando era niño tenía en realidad dos manos izquierdas, pero siempre prefería la de la derecha".
    3Wilhelm Fliess, amigo íntimo de Freud durante trece años, lo acusa de ser zurdo. Freud pasa el puro a la mano derecha, se vuelve hacia Fliess y responde: "Por lo que recuerdo, cuando era niño tenía en realidad dos manos izquierdas, pero siempre prefería la de la derecha".
  • Verano de 1901 en Roma. Para Freud esa ciudad siempre había significado dos cosas opuestas: era la Roma de la Antigüedad, cuya cultura le interesaba hondamente porque había dado origen a la civilización europea, y también era la Roma cristiana, que había destruido y suplantado a la vieja Roma. Para él, la Roma cristiana solo podía ser enemiga, porque siempre la había considerado fuente del antisemitismo y también como algo que se interponía entre él y su disfrute de la primera Roma, el objeto amoroso. Siempre había sido para él un símbolo de todo lo que los judíos no podían alcanzar, y la llamaba "la mentira de la salvación".
    4Verano de 1901 en Roma. Para Freud esa ciudad siempre había significado dos cosas opuestas: era la Roma de la Antigüedad, cuya cultura le interesaba hondamente porque había dado origen a la civilización europea, y también era la Roma cristiana, que había destruido y suplantado a la vieja Roma. Para él, la Roma cristiana solo podía ser enemiga, porque siempre la había considerado fuente del antisemitismo y también como algo que se interponía entre él y su disfrute de la primera Roma, el objeto amoroso. Siempre había sido para él un símbolo de todo lo que los judíos no podían alcanzar, y la llamaba "la mentira de la salvación".
  • Era esa cualidad especial de Freud, la de llamar a las cosas por su nombre —el hecho de que estuviera "dotado de un realismo agudo e incomparable", como dijo Earnest [sic] Jones en su biografía—, la que le granjeaba tantos enemigos. Pero, más importante todavía, fue también lo que le permitió descubrir el inconsciente, esa colmena de bajos instintos animales que exigen satisfacción y que luchan por librarse del rígido corsé de la mente racional.
    5Era esa cualidad especial de Freud, la de llamar a las cosas por su nombre —el hecho de que estuviera "dotado de un realismo agudo e incomparable", como dijo Earnest [sic] Jones en su biografía—, la que le granjeaba tantos enemigos. Pero, más importante todavía, fue también lo que le permitió descubrir el inconsciente, esa colmena de bajos instintos animales que exigen satisfacción y que luchan por librarse del rígido corsé de la mente racional.
  • Cuando el barco atraca en el puerto de Nueva York, Ferenczi se ve repentinamente obligado a vomitar por la borda. "¡Ay, ay! Debe de ser algo que comí!", dice. Freud se aparta asqueado y susurra: "¿No será algo que pensó?". A lo que Jung responde: "Quizá fue algo que pensó que había comido".
    6Cuando el barco atraca en el puerto de Nueva York, Ferenczi se ve repentinamente obligado a vomitar por la borda. "¡Ay, ay! Debe de ser algo que comí!", dice. Freud se aparta asqueado y susurra: "¿No será algo que pensó?". A lo que Jung responde: "Quizá fue algo que pensó que había comido".
  • No era esa la primera vez que se presentaban muestras de disidencia en los alumnos más brillantes de Freud, sobre todo Jung y Adler; las disensiones siguieron creciendo hasta la ruptura con el maestro: de Adler en 1911 y de Jung en 1913.
    7No era esa la primera vez que se presentaban muestras de disidencia en los alumnos más brillantes de Freud, sobre todo Jung y Adler; las disensiones siguieron creciendo hasta la ruptura con el maestro: de Adler en 1911 y de Jung en 1913.
  • Cuesta entender qué dice su hermano Alex en la imagen, pero me parece que le podemos poner, sin equivocarnos, la etiqueta de chiste tendencioso o, más concretamente, pulla indecente, que usa la técnica de representación indirecta que Freud llamaba alusión por omisión. Se puede desandar el camino, siguiendo una serie de asociaciones y deducciones de fácil demostración y aludir a una actitud hostil que Alex quizá expresa en ese momento, mientras Freud, sentado, disfruta del sol y de la compañía de su perro en el jardín de su residencia veraniega cerca de Viena.
    8Cuesta entender qué dice su hermano Alex en la imagen, pero me parece que le podemos poner, sin equivocarnos, la etiqueta de chiste tendencioso o, más concretamente, pulla indecente, que usa la técnica de representación indirecta que Freud llamaba alusión por omisión. Se puede desandar el camino, siguiendo una serie de asociaciones y deducciones de fácil demostración y aludir a una actitud hostil que Alex quizá expresa en ese momento, mientras Freud, sentado, disfruta del sol y de la compañía de su perro en el jardín de su residencia veraniega cerca de Viena.
  • Sigmund Freud, (Libros del Zorro Rojo, 2016). Texto e ilustraciones de Ralph Steadman. Traducción de Marcial Souto.
    9Sigmund Freud, (Libros del Zorro Rojo, 2016). Texto e ilustraciones de Ralph Steadman. Traducción de Marcial Souto.