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Entrevista a Richard Choularton

“La mitad de nuestras operaciones son tras desastres climáticos”

El responsable de resiliencia ante el cambio climático del Programa Mundial de Alimentos llama a invertir más en mecanismos de prevención y adaptación que hagan a la población más resiliente para que los futuros fenómenos climáticos no se conviertan en catástrofes

Richard Choularton, durante una intervención en la COP21 en diciembre de 2015. Ampliar foto
Richard Choularton, durante una intervención en la COP21 en diciembre de 2015.

Richard Choularton (Manchester, 1974) ingresó en el Programa Mundial de Alimentos en 1999 y desde 2013 es jefe de resiliencia ante el cambio climático de esta organización, la agencia de las Naciones Unidas destinada a luchar contra el hambre. Se ha especializado en gestión de crisis humanitarias, en seguridad alimentarias y ha representado a su organización en foros de alto nivel como el G8, el G20, la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático y en las dos últimas cumbres del Clima. Durante la última, celebrada en París entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre, contestó a nuestras preguntas:

¿Cómo afecta el cambio climático a la seguridad alimentaria?

Afecta de muchas maneras: a la producción de cultivos, a la capacidad de la población para acceder a alimentos, a su nutrición, a su estabilidad… Hay 800 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en todo el mundo y el 80% de ellas vive en países que sufren altos niveles de degradación medioambiental y riesgo de sufrir desastres climáticos. Por otra parte, otros 1.400 millones viven con menos de 1,25 dólares al día y el 70% habita en zonas rurales y depende de la agricultura para subsistir. En África, el 90% de los granjeros está en manos de la lluvia y de la producción agrícola. Para todos ellos, incluso pequeños accidentes climáticos como recibir un poco más o menos de lluvia en un momento más o menos adecuado puede impactar tremendamente en sus vidas.

¿El Programa Mundial de Alimentos ha percibido un incremento de estos números en los últimos años?

Lo que hemos visto es que los desastres climáticos son cada vez más frecuentes y más intensos. El 80% de nuestras catástrofes naturales están relacionadas con el clima. En muchos países donde se solían ver estos fenómenos cada 10 años, ahora se ven cada menos, cada cinco, cada cuatro… Para hacernos una idea: el Programa Mundial de Alimentos es la mayor organización del planeta que lucha contra el hambre; hemos ofrecido asistencia a 80 millones de personas cada año en los últimos 10 años y la mitad de nuestras operaciones de respuesta y recuperación son tras desastres climáticos. Para ayudar a la población a recuperarse de ellos hemos gastado 23.000 millones de dólares en la última década. Lo que estamos viendo es que aumentan los riesgos de sufrir desastres climáticos. Las inundaciones son más frecuentes, las tormentas afectan a más personas que viven en ambientes más degradados y entran en graves crisis alimentarias. Hay que revertir estas estadísticas.

Los desastres climáticos aumentan y parece que si no cambiamos las cosas, continuarán aumentando. Cada año que pasa tenéis que cubrir más necesidades y al mismo tiempo, este 2015 os visteis obligados a reducir las raciones de alimentos en lugares como el campo de refugiados de Dadaab, el mayor del mundo, porque teníais que atender otras crisis como el ébola en África occidental o la guerra en Siria. Si tenéis que alimentar cada vez a más población y a la vez los fondos escasean, ¿qué vais a hacer?

Es una pregunta muy complicada. Este año, el Programa Mundial de Alimentos ha recibido más ayuda de gobiernos y donantes y gente en el mundo que nunca antes pero, al mismo tiempo, las necesidades nunca habían sido tan altas como ahora. A finales de 2015, nuestras necesidades económicas para destinar a ayuda alimentaria serán de ocho mil millones de dólares y sólo hemos recibido cinco mil millones.

Las necesidades globales a nivel humanitario han aumentado durante los últimos 10 años de cinco mil millones de dólares a 20.000 millones; no te hablo de lo que nos hace falta en el Programa Mundial de Alimentos, sino a todo tipo de ayuda humanitaria en el mundo. Las Naciones Unidas han lanzado este mes una estimación para 2016 de 20.000 millones, y este número va a crecer si seguimos sufriendo crisis alimentarias, muchas de ellas derivadas de catástrofes naturales causadas por el cambio climático.

Observamos el creciente número de estos fenómenos climáticos como el mayor problema al que nos tenemos que enfrentar ahora, y ha sido uno de los grandes debates durante la Cumbre del Clima en París: cómo debemos reforzar a la población, no solo su habilidad para resistir ante estos desastres en el futuro sino también cómo reforzar los sistemas nacionales de alerta, de prevención, de gestión y de respuesta ante estas catástrofes y también cómo reforzamos el sistema humanitario internacional para que, cuando las comunidades y los gobiernos no puedan gestionarlas por sí mismos, nosotros podamos ofrecerles un apoyo efectivo.

Una herramienta de investigación presentada en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático pulsa en la foto
Una herramienta de investigación presentada en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP21, ofrece una ventana al futuro del mundo en la década de 2080. La herramienta de investigación examina el modo en el que a lo largo del tiempo el cambio climático puede aumentar la vulnerabilidad al hambre en todo el mundo. Dependiendo del resultado de las negociaciones de París, las generaciones futuras heredarán un mundo con menor vulnerabilidad que el de hoy, o un mundo significativamente más vulnerable a la inseguridad alimentaria. Los usuarios pueden seleccionar un periodo temporal (el presente, la década de 2050 o la década de 2080) y observar la vulnerabilidad al hambre causada por el cambio climático (baja en blanco, alta en rojo oscuro), según los esfuerzos de adaptación y los niveles de emisiones. PINCHA EN LA IMAGEN PARA IR A LA HERRAMIENTA

¿Y qué es lo que se necesita?

Ha habido muchas discusiones sobre esto y también sobre qué tipo de ayuda humanitaria necesitaremos para el futuro. En el primer Congreso de Ayuda Humanitaria, que se celebrará en Estambul en marzo del año que viene, concluirá un proceso de consulta sobre qué se necesita que se ha desarrollado durante el último año. Hay algunas cosas claras: hace falta mucha más inversión para reducir la vulnerabilidad de la población. Sabemos que habrá más fenómenos climáticos extremos pero lo que convierte a éste en un desastre es el estado en que se encuentra la población afectada: los recursos que tengan, lo preparada que esté... Por ejemplo: la capacidad de un suelo de absorber el agua durante una crecida de un río. Si la lluvia cae en una tierra en mal estado, ésta no drenará y el agua acabará inundando las poblaciones cercanas. Si el suelo está bien preservado, no ocurrirá. Que los fenómenos climáticos empeoren no significa que haya más desastres naturales o crisis humanitarias si podemos hacer estas grandes inversiones para hacer a la población más resiliente.

También sabemos que es más efectivo responder cuanto antes, así que necesitamos construir sistemas a nivel global que puedan asumir esa tarea. Nuestro sistema actual es muy bueno en desplegar recursos cuando ocurre un desastre natural pero movilizarse lleva un tiempo, igual que lo lleva conseguir que la gente, los recursos y las operaciones lleguen al destino, especialmente cuando nos referimos a crisis en zonas muy amplias, como una sequía en Etiopía, por ejemplo. Es mejor invertir en sistemas de respuesta temprana y en sistemas de apoyo financiero más predictivos que nos ayuden a responder a las crisis de manera anticipada. Queremos saber que cuando las predicciones nos dicen que existe un alto riesgo de sequía en una zona, vamos a poder asegurarnos con tiempo de que la gente está preparada para enfrentarse a ello.

¿Qué puede aportar el Programa Mundial de Alimentos a la hora de mejorar esa capacidad de respuesta?

Durante la COP21 hemos lanzado una iniciativa llamada The Food Security Climate Resilience Facility (FoodSECuRE) que es el primer mecanismo global que nos permite saber dónde pueden ocurrir desastres climáticos para ser capaces de responder por adelantado. Por ejemplo, cuando hay un alto riesgo de sequía en el sur de África podemos comenzar a desarrollar mecanismos para ahorrar agua con tiempo suficiente: preparar los cultivos, ayudar a la población con infraestructuras de irrigación, fortalecer e implementar programas de nutrición infantil… Así las familias sufrirán un impacto menor. FoodSECuRE también sirve para poner en marcha mecanismos de adaptación una vez que el desastre climático ha ocurrido. Podemos dar una respuesta a mayor plazo y ayudar a los afectados durante más tiempo, pues una cosa que hemos aprendido es que cuando una catástrofe natural golpea a la población, ésta tarda una media de tres años en recuperarse.

En Filipinas, durante los dos años siguientes al Yolanda murieron 15 veces los mismos niños que durante el tifón [esta cifra es para todos los tifones, no solo Yolanda]. Fue porque las familias tuvieron acceso a comida de peor calidad, porque tuvieron que gastar más dinero en atención sanitaria y otros servicios de salud en vez de en alimentación… Así, entendemos mucho mejor ahora que, para ayudar realmente a la gente a recuperarse de un desastre, cuenta mucho más saber predecirlo a tiempo. Esto puede ser una oportunidad, si lo hacemos bien, para construir resiliencia y que cuando llegue el siguiente fenómeno climático, no impacte tanto como el anterior. Invertir en resiliencia y en adaptación es la clase de cosas que necesitamos.

El término de refugiados climáticos se oye mucho en foros, debates y desde organizaciones internacionales pero la ONU no ha reconocido aún esta figura. ¿Cree el Programa Mundial de Alimentos que los afectados por el cambio climático necesitan esa protección jurídica?

Lo que vemos ahora es que hay cuatro veces más personas en riesgo de ser desplazadas por efectos climáticos que en los años años setenta porque en muchas áreas del mundo la gente se ha visto obligada a migrar para poder alimentar a sus familias. Necesitamos más inversión en esos países para ayudar a la gente a reconstruir sus vidas después de haber sufrido las consecuencias del cambio climático. Hay mucho aún por debatir sobre los movimientos migratorios causados por el cambio climático así como por las guerras o por razones económicas.

Que los fenómenos climáticos empeoren no significa que haya más desastres naturale

¿De dónde tienen que venir estas inversiones? Gobiernos, organizaciones de ayuda al desarrollo, donantes internacionales… De aquellos países que más han contribuido a acelerar el cambio climático…

El acuerdo al que todos los países han llegado para asumir responsabilidades está ahí. Los desarrollados reconocen la suya y se han comprometido con una financiación adicional para ayudar a los países más afectados por el calentamiento global pero esta financiación es sólo parte de la solución. La mayoría de la inversión debe utilizarse para apoyar el desarrollo de economías sostenibles más allá del cambio climático. Hace muy poco, con la firma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la comunidad mundial se puso de acuerdo para que en 2030 el hambre y la pobreza extrema hayan sido erradicadas. Para alcanzar estas metas, la inversión debe venir de manera coordinada desde gobiernos, donantes, sector privado… Y estableciendo un ambiente en el que éste último pueda invertir en desarrollo sostenible.

Sociedad, organizaciones de defensa del medio ambiente y hasta gobiernos están pidiendo acabar con los combustibles fósiles y que se promuevan las energías limpias. ¿Es posible alimentar a todo el mundo sólo con éstas?

Está claro que tenemos desafíos como alimentar a toda la población mundial, acabar con el hambre y con la pobreza. La agricultura representa una porción muy significativa de las emisiones globales, entre un 13% y un 20%, pero este sector también es uno de los pocos que puede reducir mucho su emisión de gases y, no sólo eso, sino también secuestrar el carbono y disminuir su presencia en la atmósfera. Esto tiene que ser parte de la solución. La agricultura es el principal recursos de supervivencia de los más pobres del mundo, lo que necesitamos ver es que ésta se mueve hacia un modelo más sostenible que reduzca sus emisiones, que mitigue su aportación de gases de efecto invernadero, que sea más resiliente a desastres y que permita que los habitantes de zonas rurales tengan vidas prósperas y saludables. También necesitamos fijarnos en los desperdicios que generamos. Tiramos a la basura entre el 30% y el 40% de la comida que producimos en el mundo.

Hay que hacer muchas cosas, pero sobre todo creo que debemos llegar a 2050 con emisiones cero porque, de lo contrario, las consecuencias serán graves. La vulnerabilidad de los países hoy en día puede haber cambiado mucho en 2050 y 2080, en función de qué hagamos a partir de ahora, pero el mensaje es claro: si invertimos mucho en adaptación, si conseguimos el objetivo de no aumentar la temperatura media global dos grados más, en 2080 habremos reducido la inseguridad alimentaria de la población. Pero si no somos capaces de reducir emisiones significativamente y si no hacemos inversiones grandes en adaptación, habrá un aumento exponencial del riesgo a padecer inseguridad alimentaria en ese año. Será casi imposible para nosotros detener el hambre y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es importante señalar que la adaptación, por sí sola, no detendrá los efectos del cambio climático. La mitigación sola tampoco lo hará. Tenemos que llevar a cabo las dos estrategias juntas para que esto funcione.

¿Hay mucha diferencia entre los países del Norte y del Sur en cuanto a su preocupación por la seguridad alimentaria?

FOODSECuRE quiere transformar el sistema de ayuda humanitaria

Mientras los líderes mundiales negociaban un acuerdo sobre el clima en París, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP) y la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR), junto a la Cruz Roja Alemana (GRC) presentaron el Servicio de Seguridad Alimentaria y Resiliencia Climática (FoodSECuRE, en sus siglas en inglés), un enfoque basado en previsiones que pretende transformar el sistema de ayuda humanitaria. Este mecanismo facilitará la financiación necesaria para prepararse ante emergencias y una respuesta humanitaria antes de que se produzcan las crisis, y proporcionará los fondos necesarios para actividades que fortalecen la resiliencia.

La respuesta anticipada no solo protege vidas humanas: una nueva investigación del WFP muestra que también ahorra dinero. Un análisis de FoodSECuRE llevado a cabo en 2015 en Sudán y Níger muestra que utilizar un sistema basado en la previsión reduciría el coste de la respuesta humanitaria en un 50%.

FoodSECuRE desbloquea fondos antes de los desastres y también asegura que haya financiación disponible entre ciclos de desastres, ya que solo con financiación fiable y plurianual se puede fortalecer la resiliencia de la población vulnerable ante los efectos del cambio climático.

Todos los países reconocen lo fundamental en cuanto a seguridad alimentaria, especialmente los que están en vías de desarrollo. En las compromisos voluntarios que han firmado los países para reducir las emisiones de carbono (Intended Nationally Determined Contributions o INDC en inglés) 130 de 170 han especificado también algunos aspectos relacionados con la seguridad alimentaria. Por ejemplo, Estados Unidos realizó un informe del impacto de clima en su agricultura y fue muy claro: el cambio climático va a afectar a la seguridad alimentaria de sus habitantes. Y también lo hará en países desarrollados. Creo que todo el mundo reconoce que los países más vulnerables a la inseguridad alimentaria son los más afectados por desastres climáticos; no depende sólo de estar más o menos desarrollado; el cambio climático afecta a la seguridad alimentaria de todos.

¿Entonces los países desarrollados también se enfrentan a sufrir inseguridad alimentaria?

En los países con más fenómenos climáticos afectará más, por la subida del precio de los alimentos, por ejemplo. Pero sí es cierto que los Estados más ricos tienen más capacidad y más recursos domésticos para enfrentarse a ellos y para recuperarse. Eso es un punto importante. Pero afectar, afecta: acaban de producirse unas inundaciones en el norte de Reino Unido como no las había habido en cien años. Y John Kerry acaba de contar que en los últimos años Estados Unidos ha sufrido pérdidas de 192.000 millones de dólares en desastres climáticos como el huracán Sandy que pasó por Nueva York, entre otros.

¿Qué valoración hace del acuerdo alcanzado en la COP21?

El acuerdo envía un mensaje importante y un ambicioso camino a seguir. Ahora todos tenemos que empezar a caminar por esa vía tan rápido como nos sea posible aplicando medidas sobre el terreno para hacer frente a las causas y consecuencias del cambio climático. En ninguna parte es tan necesario actuar como en las comunidades y países que sufren hambre, en estas se necesitan grandes inversiones para fortalecer las capacidades de recuperación para que estos hogares puedan adaptarse y prosperar de manera sostenible. Para que esto suceda, los gobiernos deben poner sus planes nacionales en acción, los mecanismos financieros del Acuerdo de París necesitan apoyar económicamente con rapidez las medidas que ya han demostrado que pueden ofrecer resultados y debemos apoyar la innovación en todo el mundo.