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Cadáveres exquisitos

En Puerto Rico la Funeraria Marín ha creado escuela con sus ‘velatorios creativos’

Funeral del músico 'Uncle' Lionel Baptiste, celebrado en Nueva Orleans en 2012.
Funeral del músico 'Uncle' Lionel Baptiste, celebrado en Nueva Orleans en 2012. Getty

André Breton, Robert Desnos, Paul Éluard y Tristan Tzara –los creadores del Cadáver Exquisito– habrían tenido estertores surrealistas si hubieran podido contemplar las nuevas costumbres funerarias que han llenado de vida los velatorios de Nueva Orleans y Puerto Rico. A mí me pilló en el Viejo San Juan el funeral de Jomar Aguayo, asesinado a tiros en octubre pasado y velado como si estuviera jugando al dominó en la entrada del bar Carmín de Río Piedras, después de ser embalsamado por la célebre Funeraria Marín.

La Funeraria Marín revolucionó el negocio de las pompas fúnebres desde que se encargó del sepelio de Ángel Luis Pantojas, Pedrito, en 2008, quien, consciente de vivir al filo de la navaja, dejó dicho que si moría no deseaba que lo velaran en un ataúd. Así, cuando la bala que tenía su nombre lo alcanzó, su madre llamó a la Funeraria Marín para que el cadáver de Pedrito fuera colocado de pie en una esquina de la sala de casa. “El muerto parao” fue el primero de una serie de trabajos que rompieron esquemas y crearon escuela, pues en 2010 David Morales, El Matatán, fue velado sobre su moto, y el cuerpo del paramédico Edgardo Velázquez fue colocado al volante de la ambulancia que conducía para el Tato’s Heart Ambulance.

La ‘socialite’

Mickey Easterling

fue regiamente embalsamada bebiendo champán y empuñando una boquilla

La Junta de Examinadores de Embalsamadores de Puerto Rico denunció a la Funeraria Marín, acusándola de atentar contra la salud de los vecinos y alegando que los cadáveres tenían que permanecer dentro de un féretro durante sus velatorios, pero la comisión presidida por el senador Luis Daniel Muñiz no encontró ninguna jurisprudencia al respecto y la querella fue archivada. Para entonces la moda ya había cruzado fronteras, porque Julián López, Beetle Juice, también fue velado sobre una moto en Filadelfia y en 2011 el cadáver de Carlos Cabrera fue embalsamado y caracterizado como el Che Guevara para su velatorio en el distrito boricua de Hato del Rey. El gremio de embalsamadores quiso recurrir al menos el puro encendido que humeaba en la mano del difunto, pero aquel recurso tampoco prosperó porque nadie estaba fumando. Ni siquiera el muerto. Otro vacío legal.

En 2012, la Charbonnet Funeral Home de Nueva Orleans embalsamó al músico Uncle Lionel Baptiste para que fuera velado de pie. El funeral tuvo tanto éxito –memorable fue la jazz procession encabezada por la Treme Brass Band– que en 2014 la fúnebre Charbonnet tuvo dos nuevas pompas. A saber, el funeral de Miriam Burbank –cuyo cadáver fue sentado en el comedor de su casa frente a un copazo de su cerveza preferida– y el velatorio de la octogenaria Mrs. Mickey Easterling, filántropa y socialite regiamente embalsamada bebiendo champagne y empuñando una larguísima boquilla de fumar.

La excentricidad no es cosa de dinero, porque en Río Piedras otra humilde anciana –Georgina Cervoni– también quiso que la embalsamaran para ser velada en su mecedora, rodeada de flores y vestida con el traje que llevó puesto en su segunda boda. La Funeraria Marín se ocupó del asunto en 2014, mismo año del velatorio del púgil Christopher Rivera, Perrito, velado en su esquina del ring, listo para el siguiente round.

Por la radio del taxi que me lleva al aeropuerto escucho la entrevista a Tamaris Marín, dueña de la famosa funeraria, quien asegura que los velatorios “creativos” no suponen un incremento del precio, presume de que otras funerarias han tratado en vano de copiar sus métodos y jura que a ningún cadáver le rompen los huesos “porque hacerle daño a un muerto en Puerto Rico es delito”. Por el taxista me entero de que a comienzos de 2015 don Renato García fue embalsamado y vestido de Linterna Verde antes de ser velado en Río Piedras.

–¿Qué ustedes hacen en España con los cuerpos?

–Al cadáver del Cid lo subimos sobre su caballo en el siglo XII.

–Todos somos españoles, chico.

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