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Venezuela por un día

Esperemos que esta vez la victoria de la democracia no se ligue a la victoria de la derecha más voraz

Qué pocas veces quiere la fortuna que el placer de haber apostado por la buena solución se produzca. Esta vez se ha dado la feliz circunstancia de que quien apostaba por la solución democrática en Venezuela haya ganado la apuesta. Más que por la mínima, los votos han llenado los bolsos de los demócratas, que se han comido con patatas las expectativas de Nicolás Maduro y sus secuaces.

Henrique Capriles, Leopoldo López y su extensa compañía han hecho una campaña ejemplar, no sólo por sus contenidos, sino por la capacidad para no caer en provocaciones que llevaban incluso a la vía armada.

Ahora muchos tienen que tentarse la ropa, dentro de Venezuela, pero también fuera. De lo de dentro nos iremos enterando por la prensa y las denuncias previsibles de los chavistas, dispuestos a tomar las armas si empieza el ejército, cosa que parece que no se va a dar.

De los de fuera, por supuesto nos interesa los que son de dentro desde nuestro punto de vista. Por una vez España ha jugado bien desde Asuntos Exteriores, coordinando las visitas y modulando los mensajes. No ha habido apenas errores y jamás se ha alterado un comportamiento democrático. No sabemos exactamente qué hacía Zapatero, pero su presencia ya era casi irrelevante. Lo importante lo había hecho Felipe González, y había hablado sobre ello en el momento oportuno con el presidente Rajoy y el ministro García Margallo. ¡Esta vez la política de Estado que tanto llena la boca a muchos ha funcionado! Gobierno y oposición en España estaban de acuerdo en defender la democracia en América.

Ahora viene otra que tampoco es fácil. Macri en Argentina, no se sabe quién todavía en Brasil, y la transición de Cuba, anuncian un tiempo de liberalismo que en América Latina suele significar derecha dura gobernando. Los lodos del chavismo, del populismo argentino, vienen de donde vienen, del abuso y la explotación. El chavismo ha sido una insensatez, pero en sus primeros años redujo la brecha entre pobres y ricos en Venezuela. Esperemos que esta vez la victoria de la democracia no se ligue a la victoria de la derecha más voraz.

Y mientras tanto, brindemos por Venezuela por un día.

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