Guerreras del sari

Samat Pal es la líder del ejército de los saris rosas, un grupo de mujeres en India que lucha contra los casos de maltrato enfrentándose directamente a los maridos

Sampat Pal, líder del ejército de los saris rosas, en el Estado de Uttar Pradesh (India).
Sampat Pal, líder del ejército de los saris rosas, en el Estado de Uttar Pradesh (India).zigor aldama

"No he tenido la fortuna de recibir una educación, pero la vida sí que me ha enseñado lo cruel que India puede ser con la mujer”. Sampat Pal Devi no exagera. Sus padres, unos campesinos de casta baja del Estado norteño de Uttar Pradesh, la sacaron del colegio cuando todavía no había aprendido a leer y la casaron con un vendedor de helados 13 años mayor que ella cuando apenas había cumplido los 11. Como cualquier otra víctima de un matrimonio infantil, una lacra que según datos de Unicef afecta al 58% de las mujeres indias, se convirtió entonces en esclava de sus suegros y en el juguete sexual de su marido. “Todavía recuerdo con pavor el momento en el que perdí la virginidad”. Quedó embarazada a los 14 y parió a sus cinco hijos antes de cumplir los 20.

Nos dimos cuenta de que algunos hombres solo aprendían cuando se utilizaba la violencia, así que comenzamos a ayudar de esta forma a otras mujeres maltratadas Samat Pal, líder del ejército de los saris rosas

Pero en 2002, con 44 años, gritó basta. “Fue algo inesperado. Vi cómo un hombre le daba una paliza a su mujer en plena calle, me hirvió la sangre y decidí intervenir. No salí bien parada, porque yo también recibí golpes, pero al día siguiente convencí a cinco mujeres del pueblo para darle una lección a aquel hombre”. Armadas con cañas de bambú, le aplicaron la ley del talión. Y funcionó. “Nos dimos cuenta de que algunos hombres solo aprendían cuando se utilizaba la violencia, así que comenzamos a ayudar de esta forma a otras mujeres maltratadas”. Así fue tomando forma uno de los movimientos feministas más peculiares del mundo.

En 2006, Sampat Pal fundó Gulabi Gang, la banda de las mujeres del sari rosa. “Somos ya unas 400.000. Cada una paga una cuota de 500 rupias (algo más de siete euros) y recibe un lathi –un palo de bambú– y un sari rosa”. Es, dice, el único color que no estaba ya al servicio de algún partido político, y sirve tanto para llamar la atención como para destacar su feminidad. “Nuestro objetivo es hacer que las leyes del país, que son buenas y protegen a la mujer, se cumplan”. Las asociadas exigen que se erradiquen el matrimonio infantil y la tradición de la dote, que se actúe con firmeza contra la violencia doméstica y que se impulse la emancipación de la mujer. “No nos gusta utilizar la violencia para lograr justicia, pero no renunciamos a ella si todas las vías pacíficas se agotan sin dar resultado”.

elpaissemanal@elpais.es

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