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Desmontar una necedad

El régimen democrático implantado a partir de la Transición no tiene nada que ver con el franquismo como reclaman los revisionistas

Los 'padres' de la Constitución. De izquierda a derecha: Manuel Fraga Iribarne, Miquel Roca Junyent, Gabriel Cisneros, Jordi Solé Tura, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Gregorio Peces Barba.
Los 'padres' de la Constitución. De izquierda a derecha: Manuel Fraga Iribarne, Miquel Roca Junyent, Gabriel Cisneros, Jordi Solé Tura, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Gregorio Peces Barba.

Muchos españoles carecen de experiencia personal de lo que fue el franquismo, el régimen fundado sobre los rescoldos de una guerra entre personas de un mismo país. Este hecho influye no solo en la percepción actual de lo que fue la coerción de las libertades, sino del valor que tienen las soluciones posteriores que abrieron paso a la democracia.

Muerto Franco, nadie pudo mantener el régimen fundado por el dictador. No faltaron continuistas que pretendieron retocarlo para seguir disfrutando de poder. Fracasaron; pero tampoco triunfaron los proyectos rupturistas de parte de la oposición. Las negociaciones entre dirigentes de ambos campos permitieron el desmantelamiento del poder franquista, las primeras elecciones libres (1977) y la Constitución. Y tuvo que aceptarse que enterrar a Franco exigía renunciar a cualquier proyecto basado en la exclusión del adversario.

Si hay que recordarlo hoy es para desmontar la necedad de que el régimen democrático implantado a partir de la Transición se parece al franquismo o es un freno a la democracia, como sostienen desde hace años las campañas revisionistas. Por supuesto que no faltan motivos de preocupación como el paro, la corrupción, la desigualdad social o las tensiones provocadas por los independentismos; pero han desaparecido otros que pesaron gravemente sobre la democracia recobrada, desde las tentaciones golpistas hasta el terrorismo de ETA, y pronto se disipó el temor a que las cuentas pendientes entre vencedores y vencidos de la Guerra Civil hicieran imposible la convivencia. Sin olvidar que el aislamiento de España en Europa solo terminó una vez afianzada la democracia.

Sin duda hay que reformar y actualizar muchos aspectos del sistema político en que vivimos, entre otros la propia Constitución. Pero las razones para hacerlo se parecen más a las que viven los países europeos que a similitudes fabuladas entre la actual democracia y la anterior dictadura.

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