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Cierre

Desde la cumbre de La Valeta el problema de Europa ya no es cómo ayudar a los refugiados sino cómo evitar que lleguen más

Fugazmente, durante unas pocas semanas, la UE brilló con luz propia en la crisis de asilo y refugio. Grecia, consumida por la crisis, acogiendo a miles de personas diarias a pesar del más que evidente desbordamiento de sus puertos y costas. Merkel, por fin, mostrando una Alemania con rostro humano y un hondo sentido del momento y responsabilidad histórica. Atenas y Berlín se sumaban así a Italia, que durante meses había ignorado las críticas al supuesto efecto llamada de su operación de rescate y salvamento en el Mediterráneo para anteponer la necesidad de salvar vidas a cualquier otra consideración. E incluso el presidente Juncker, la Comisión y el Parlamento estuvieron a la altura, exigiendo una respuesta a la vez europea y basada en los principios y valores que nos identifican como europeos. Atrás quedaron los insensatos discursos sobre atacar a las mafias y los planes de hundir sus barcos en los puertos libios.

Pero todo eso se ha acabado. La cumbre de La Valeta ha consumado la política de cierre de fronteras. El problema ya no es cómo ayudar a los refugiados sino cómo evitar que lleguen más. Ya no se trata de su seguridad, sino de la nuestra. Ya no se trata de su derecho a la vida o al asilo, sino de nuestro derecho a tener unas fronteras seguras. Ya no se trata de cómo integrarlos sino de cómo devolverlos a sus países de origen. Ya no se trata de parar la guerra en Siria sino de pagar a Turquía para que los retenga y a los países africanos para que acepten que se los devolvamos. En lugar de poner la política exterior y la política de desarrollo al servicio de los fines que les son propios (construir un mundo más justo, seguro y próspero para todos), pedimos a los ministros de Interior que tapen los agujeros por donde pretenden colarse los refugiados. Europa quiere resolver el problema construyendo una valla, más bien decenas, y arrojando dinero por encima de ella. Y parapetados tras ella y con la boca llena de conceptos como soberanía y seguridad decimos sin sonrojarnos que estamos defendiendo nuestros valores. Tiene mérito. @jitorreblanca

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