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Merkel-Schäuble, cerebro y corazón alemán en Europa

A la canciller y al ministro de Finanzas se les ha asignado un papel público en la posición germana frente a los pasos que iba dando Alexis Tripras

En política, se suelen formar parejas a las que se adjudican etiquetas según el papel que le toca jugar a cada uno. En España, Adolfo Suárez y Fernando Abril Martorell, o Felipe González y Alfonso Guerra, son los binomios más conocidos, visualizándose a Abril y a Guerra como personajes más tácticos y aguerridos, aunque probablemente ejercieran de estrategas a la sombra de sus jefes.

En Alemania existe hoy una pareja poderosísima que ha marcado el paso de la negociación para la permanencia de Grecia en la Europa del euro: la canciller, Angela Merkel, y el ministro federal de Finanzas, Wolfgang Schäuble. A cada uno se le ha asignado un papel público en la posición alemana frente a los pasos que iba dando Alexis Tripras. Aunque los dos han mostrado una dureza extrema en la negociación, Schäuble ha quedado como el defensor de ese 60% de los alemanes que querían a Grecia fuera del euro, mientras que a Merkel se la ha visto como parte de la institucionalidad europea que quiere mantener a los griegos en la moneda única.

Sin embargo, los papeles públicos no se ajustan a la realidad. Merkel representa el cerebro alemán para buscar soluciones que le permitan salvar la cara frente a su electorado y mantener el rumbo europeo fijado por ella misma, mientras que Schäuble es el defensor del corazón del proyecto de Europa y de la Unión Monetaria. Para entenderlo, hay que acudir a sus biografías.

Angela Merkel, 61 años, nacida en Hamburgo cuando formaba parte de la República Democrática Alemana y militante de la Juventud Libre Alemana (comunista), entró en la Unión Europea por la unificación de las dos Alemanias, cuando la UE era ya mayor de edad. Tras escalar en la Unión Democrática Cristina (CDU), consiguió recuperar el poder conservador para los alemanes en 2005 y desde su puesto de canciller se empeñó en fortalecer política y económicamente a su país dentro de Europa sobre la base de la productividad. Es una política dura, racional y práctica. No lleva el proyecto europeo en el corazón, porque no lo vivió, sino en el cerebro y no quiere que nada ni nadie cambie el rumbo fijado en la UE, ni ponga en peligro su proyecto alemán.

Por el contrario, Wolfgang Schäuble ve Europa desde el corazón. De apariencia fría y dura, Schäuble tiene, a sus 73 años, parte de la memoria del desarrollo europeo y de la reunificación alemana. Delfín de Helmut Kohl durante años, recibió el 12 de octubre de 1990 un disparo de bala que le condenó a la silla de ruedas, precisamente cuando presentaba el documento de la reunificación en el que había trabajado durante meses. Recibió en 2012 el premio Carlomagno, por contribuir al fortalecimiento y la estabilización de la UE. Por todo ello, hay que entender que tras su posición de dureza, cuando dice que Grecia debería salir del euro, lo hace desde su alma europeísta porque no quiere que haya ovejas negras que pongen en peligro su proyecto.

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