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ENFERMEDADES OLVIDADAS

Un aerosol protege a los monos contra el ébola

Una vacuna inhalable podría facilitar la distribución en las aldeas remotas de África

Gene Olinger, de pie, en un laboratorio militar de Fort Detrick (EE UU).
Gene Olinger, de pie, en un laboratorio militar de Fort Detrick (EE UU).

Investigadores de EE UU han desarrollado una vacuna inhalable que protege a los monos contra el ébola. El formato, un aerosol que no requiere ser administrado por personal médico entrenado, sería ideal para combatir un brote de la enfermedad como el actual, que ya ha causado 11.246 muertes concentradas en zonas rurales de África occidental. En Liberia, uno de los países más afectados, hay un médico por cada 100.000 personas, frente a los 370 que existen en España.

La vacuna experimental emplea un virus de las vías respiratorias, el parainfluenza 3, modificado para expresar una proteína de la envoltura del virus del Ébola. Una sola toma del aerosol consiguió proteger al 100% de un grupo de cuatro macacos a los que se administró una dosis letal del virus en las instalaciones de la Universidad de Texas en Galveston (EE UU), uno de los pocos centros capaces de trabajar con animales de experimentación en un nivel de bioseguridad 4, el máximo. Otro grupo de otros cuatro monos, que recibieron dos tomas del aerosol, también repelió la infección. Es la primera vez que una vacuna experimental inhalable funciona en primates contra una fiebre hemorrágica viral.

“Hasta ahora no hemos encontrado ningún talón de Aquiles [de la vacuna experimental]”, explica optimista el microbiólogo Alexander Bukreyev, líder del estudio. “Es difícil de predecir, pero podría estar lista en tres años”, sostiene el investigador, profesor del Centro Médico de la Universidad de Texas en Galveston. En el trabajo ha participado el inmunólogo de la Universidad de Boston Gene Olinger, uno de los pocos científicos en el mundo habituados a manejar las cepas más letales del ébola.

"Esta investigación es un paso importante hacia estrategias de vacunación en brotes de ébola en países donde la infraestructura sanitaria es mínima. Ofrecer una vacuna fácilmente administrable por el sistema respiratorio sería muy útil en estos escenarios", aplaude John Michael Dye, un virólogo del Instituto de Investigaciones Médicas en Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE UU, situado en las instalaciones militares de alta seguridad de Fort Detrick, cerca de Washington. Dye, ajeno al nuevo estudio, propone orientar otras vacunas actualmente en experimentación hacia el formato aerosol.

La búsqueda de una vacuna se enfrenta al mejor de los problemas: la falta de enfermos para emprender ensayos clínicos a gran escala

El virólogo Rafael Delgado estudia una proteína de la envoltura del ébola en su laboratorio del Hospital 12 de Octubre de Madrid. El experto celebra el “lógico interés” del nuevo avance, pero subraya sus limitaciones, como “el pequeño número de animales” empleado, debido a la enorme dificultad de trabajar con seres vivos infectados con el virus letal.

Delgado también señala que la vacuna experimental utiliza una proteína de la variedad Mayinga del ébola, un aislamiento del primer brote, detectado en 1976. Y a los macacos vacunados con ella se les inoculó la variante Kikwit del virus, procedente de otro brote registrado en 1995 en la ciudad del mismo nombre en República Democrática del Congo. “Sin embargo, el brote actual en África Occidental está provocado por otra variante del virus del Ébola llamada Makona, que es un 3% diferente a Mayinga y Kikwit en su secuencia. Hubiese sido interesante conocer si esta vacuna es protectora frente al virus actualmente circulante”, reflexiona. Estos ensayos son casi imposibles por las lógicas trabas para sacar de África occidental muestras del actual brote.

La seguridad de la nueva vacuna experimental, cuyos resultados se publican hoy en la revista especializada Journal of Clinical Investigation, empezará a probarse en breve, si no hay sorpresas, en un pequeño grupo de voluntarios humanos sanos, en un ensayo de fase I coordinado por los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU (NIH, por sus siglas en inglés). Los ensayos de fase I sirven para descartar efectos graves en personas.

La nueva opción en aerosol se suma a las dos candidatas a vacunas más avanzadas según la Organización Mundial de la Salud. Una de ellas es la cAd3-EBOZ, desarrollada por los NIH junto a la empresa biotecnológica suiza Okairos, comprada por la multinacional farmacéutica GSK en 2013 por 250 millones de euros. La otra es la VSV-ZEBOV, producida por la Agencia Canadiense de Salud Pública y la farmacéutica Merck.

Los NIH anunciaron el 26 de marzo que ambas vacunas experimentales estaban listas para probarse en un ensayo de fase III, destinado a evaluar la eficacia de la vacunación en la población en riesgo de infección. Las pruebas iban a reclutar a 27.000 personas en Liberia, pero el descenso de los casos de ébola en el país retrasó su inicio. La búsqueda de una vacuna se enfrenta al mejor de los problemas: la falta de enfermos para emprender ensayos clínicos a gran escala. En la última semana con datos solo se registraron 30 casos en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

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