CLAVES
Columna
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Destruir Convergència

El partido de Duran Lleida presta un servicio a los partidarios del nacionalismo moderado y busca la pervivencia de CiU

Los democristianos catalanes de Unió han puesto una chinita en la estrategia secesionista de Artur Mas. Porque han aprobado un papel detallado y contundente contra la “hoja de ruta” salvaje de Mas y Oriol Junqueras: esa sin referéndum; sin más diálogo que sobre el reparto de los bienes gananciales; sin atenerse a la ley; sin pactos; sin importar la exclusión de la UE.

No solo por eso. Los de Duran Lleida han prestado también un servicio a los partidarios del nacionalismo moderado y la pervivencia de CiU. ¿Por qué? Porque el triple designio de Mas, en el que se venía afanando con notable éxito, es destruir su propio partido, Convergència; diluir Unió; y convertir a los militantes de la federación CiU en meros colocadores de carteles de una nueva formación radical para competir con ERC y la CUP (sin percatarse de que estos la van deglutiendo). Claro está, todo ello con permiso de los jueces que le tienen embargadas 15 sedes por el saqueo del Palau.

La fase clave de esta estrategia será la “llista del president”, esbozo de la aglomeración presidencialista de la que se sirvió el general De Gaulle, perdón por la referencia al carismático gigante.

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Se afirma que la victoria de los confederales sobre los indepes —en la consulta interna de Unió— ha sido “ajustada”, porque la distancia ha sido solo de 4,8 puntos. Será correcto que lo digan los periódicos. Pero ¿y los perdedores?

Uno de sus cracks, un tal Antoni Castellà (solo conocido porque ocupa poltrona como empleado del Gobierno de Mas), va más lejos: dice que la victoria rival es “pírrica”. ¿Seguro? ¡Es una victoria contra el Gran Timonel; contra el aparato oficial de propaganda que zahiere a Duran día y noche; contra la presión ambiental; contra la simplificación del o el no! Además, los indepes partidarios de declarar la independencia si en las “plebiscitarias” del 27-S pierden en número de votos (aunque ganen por un escaño) deberían reconocer que su derrota por 4,8 puntos es cósmica. Pero ya se sabe que algunos razonan de tal jaez: si pierdes, pierdes; si pierdo, gano.

Otra súbita líder de los derrotados, la presidenta del Parlamento, Núria de Gispert (antes, Jispert), consideró “normal” que si Duran Lleida perdía, debía retirarse. Se admiten apuestas a que no se autoaplica el mismo cuento. Todo muy honorable.

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