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Aprender del pasado

La Resistencia es un símbolo que separa honor y vergüenza en el relato patriótico francés

Uno de los ejemplos mayúsculos de patriotismo aún se asienta sobre las piernas perfectas de Marlene Dietrich. Nacida en Berlín, tuvo el arrojo de cantar para las tropas estadounidenses que se enfrentaban a sus compatriotas nazis en Europa y recaudar bonos para luchar contra el fanatismo que se había apoderado de su país de origen. En esa sabiduría distanciada reside una esencia del patriotismo. Vendría a decir que no hay nada de malo en pitar un himno siempre que sea el propio. Y, por supuesto, en sentirte más afrentado por la corrupción de los tuyos que de los rivales o vecinos. Pero esas lecciones no calarán nunca, porque el patriotismo sigue siendo un juguete para agitar fidelidades ciegas y en las ópticas no se tratan este tipo de defectos de visión. Por todo ello conviene no dejar pasar el fenomenal discurso de François Hollande tras acoger a cuatro nuevas figuras en el Panteón de ilustres.

La elección de quienes reposan en ese lugar tan señalado, cuyo palabro panteonización da idea del formalismo grandilocuente, no está nunca exenta de problemas. Se provoca incluso un debate ciudadano sobre la pertinencia de algunos nombres. Para darnos una idea, tras la iniciativa de Malraux en el Gobierno de De Gaulle para admitir figuras en el Panteón, ni Pompidou ni Giscard D’Estaing incluyeron a nadie. Mitterrand lo hizo con siete y Chirac tan solo con dos. Sarkozy no pudo incluir a Albert Camus porque su familia se opuso y lo hizo finalmente con Aimé Césaire, el escritor y político de la Martinica. Ahora, tras nombrar un comité y proceder a ese debate trabajoso, con Hollande han entrado cuatro miembros destacados de la Resistencia, símbolo aún de la línea que separa honor y vergüenza en el relato patriótico francés.

Jean Zay fue uno de los arquitectos del Frente Popular, ministro de Educación nacional, y fusilado en Vichy durante la Ocupación. Pierre Brossolette, un feroz luchador contra el antisemitismo muerto durante la guerra. Germaine Tillion fue etnóloga y tras su paso por la Resistencia derivó la polémica hacia la denuncia de la actitud francesa en Argelia. Geneviève De Gaulle Anthonioz fue apresada en Ravensbrück y allí sobrevivió hasta el final de la guerra gracias a la posibilidad de Himmler de intercambiarla por presos nazis; no en vano era sobrina del general De Gaulle. Posteriormente representó la rama de lucha por los derechos de los pobres desde el catolicismo. La mirada al pasado continúa siendo una forma válida de encarar el futuro con un atisbo de dignidad colectiva.

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