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QUÉ MUEVE A... MERCÉ VIDAL

“Se pueden aprovechar toneladas de alimentos cocinados”

La directora de Nutrición sin Fronteras, una ONG que trabajaba en África y con la crisis miró también a España, cuenta cómo han logrado evitar que se tirasen 58.000 kilos de comida

Mercé Vidal, durante el II Encuentro de la Alianza contra el Hambre. Ampliar foto
Mercé Vidal, durante el II Encuentro de la Alianza contra el Hambre.

En una sociedad en la que la mayoría de los nutricionistas luchan para bajar el peso de sus pacientes y reducir una dieta inadecuada por las calorías de más, Mercé Vidal —barcelonesa de 58 años que también es antropóloga— comenzó a preocuparse por quienes no tenían suficiente comida. Eso le impulsó a ella y a un grupo de colegas del ámbito académico a formar en 2005 la ONG Nutrición sin Fronteras —de la que es directora—, que desde su inicio se centró en atender las necesidades alimentarias en el África subsahariana.

La organización tenía sus principales proyectos en Gambia, donde promueve una agricultura cercana de subsistencia, buenas prácticas en higiene a un nivel muy básico y trata de mejorar la salud materno infantil. “Es un lugar del mundo donde la gente se muere por malnutrición donde tratábamos de propiciar un reparto justo de los alimentos”, apunta Vidal. Pero con los años la situación fue cambiando.

Y en ese país de abundancia donde habían creado su ONG para atender a otros comenzaron las carencias, la necesidad de alimentos, la malnutrición, el hambre. Así fue como, poco a poco, la organización mantuvo sus proyectos en África, pero también volvió la vista hacia su propio territorio. “Con esta crisis económica nos hemos dado cuenta de que ya no se trata solo de un problema de países ricos y pobres, que también, sino de desigualdad, que puede encontrarse dentro de un mismo Estado”, subraya en un receso del II Encuentro de la Alianza contra el Hambre y la Malnutrición es España, que se ha celebrado esta semana en Oviedo.

Este volver la mirada a España, y concretamente a Barcelona y su área metropolitana, les llevó a reflexionar sobre la gran cantidad de comida que se desperdicia en una sociedad avanzada. “Comprobamos que los bancos de alimentos ya estaban haciendo un valiosísimo trabajo en cuanto a la recuperación de productos manufacturados, pero con los que ya estaban cocinados no se hacía nada más allá de tirarlos a la basura, en parte porque la legislación y la seguridad alimentaria con ellos es mucho más compleja. Y, en muchos casos, se pueden aprovechar”, explica.

La ONG comenzó a trabajar en este reto, el de aprovechar la comida cocinada que tiran a toneladas los establecimientos de restauración. Así nació en 2012 el proyecto BCN Comparteix el menjar (Barcelona comparte la comida) para “proteger el derecho universal a la alimentación de los ciudadanos en situación de pobreza”. El equipo de la organización, en el que colaboran dietistas, nutricionistas, veterinarios, farmacéuticos, enfermeros, ingenieros, ideó un sistema para congelar los alimentos y mantener la cadena de frío con el objetivo de llevarlos desde los hoteles —donde tenían como destino la basura— hasta los comedores sociales de la ciudad. Desde que pusieron en marcha el proyecto hace tres años han recuperado 58.000 kilos de comida que han repartido entre 14 entidades del área metropolitana de la capital catalana.

Vidal cuenta que la aspiración de la ONG no es ir allá del ámbito territorial donde están trabajando, pero sí que considera importante que la idea que pusieron en marcha cunda en otros lugares, algo que la organización no había visto en ningún otro lugar del mundo. Para contribuir a que se extienda y a evitar el desperdicio de toneladas de alimentos cocinados, Nutrición sin Fronteras ha montado un servicio de asesoría para mostrar su experiencia y que sea replicada por quien la quiera poner en marcha, algo para lo que es casi imprescindible la implicación de las autoridades locales, más allá de la iniciativa privada.

Mientras, Vidal y su organización siguen con sus proyectos en Gambia, que tienen necesidades muy distintas de las españolas. “Estamos en un aprendizaje continuo, pero en realidades tan dispares, los conocimientos de un lado difícilmente se pueden llevar al otro. Desigualdades hay en todos lados, pero en el África subsahariana estamos atendiendo necesidades muy, muy básicas", cuenta.