Desminar Camboya: la redención del niño soldado

Camboya es uno de los países más minados, circunstancia que condiciona su desarrollo Aki Ra dedica su vida a desactivar las bombas que le obligaron a plantar los Jemeres Rojos

Aki Ra ha dedicado su vida a eliminar las minas que le obligaron a plantar como niño soldado en Camboya.
Aki Ra ha dedicado su vida a eliminar las minas que le obligaron a plantar como niño soldado en Camboya.Museo Camboyano de Minas Anti-persona

El detector de minas se apaga y Aki Ra marca el terreno. La humedad de la selva le hace transpirar bajo el aparatoso uniforme de seguridad, empañándole el visor del casco cuando sus dedos limpian con cuidado la superficie del explosivo. Enterrada en el suelo, asoma una mina del tamaño de una lata grande de conservas. El dispositivo fue plantado hace décadas en la región con mayor densidad de explosivos de Camboya: la frontera oeste con Tailandia, conocida como cinturón K5. Hoy, más de 2,5 millones minas antipersona siguen sin explotar, aguardando eternamente a sus víctimas y convirtiendo a este país del sureste asiático en uno de los más minados del mundo. Es posible que la bomba fuese emplazada allí por quien ahora se dispone a detonarla.

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Aki Ra no es su nombre real y ni él mismo sabe cuando nació. Rondaría los cinco años cuando fue adiestrado como soldado por los Jemeres Rojos poco después de la invasión de la capital de Camboya, de la que se cumple el 40 aniversario este abril. El régimen de Pol Pot llevó a cabo su siniestra revolución proletaria reclutando menores, forzando el éxodo masivo de las ciudades a gulags en el campo y asesinando alrededor de dos millones de personas en cuatro años.

El drama camboyano no se mide sólo en las más de 60.000 víctimas de todo tipo de explosivos producto de décadas de guerras (más 44.000 de ellos amputados), sino que la tragedia también afecta al desarrollo económico nacional. Aunque no se conoce con exactitud la superficie afectada, un estudio inacabado de la Autoridad Camboyana para la Acción de Minas y la Asistencia a Víctimas (CMAA) estima que casi 2.000 kilómetros cuadrados del territorio nacional siguen contaminados por todo tipo de explosivos sin detonar. Estos campos de minas son unas de las raíces de la pobreza de un país en el que más de 60% de la población vive de la agricultura.

Niños como Aki Ra fueron muy útiles para sembrar Camboya de minas, por eso Pol Pot las bautizó como "soldados perfectos". Las minas ni duermen ni son letales. Pese a ser armas de guerra, estos dispositivos no están diseñados para matar, sino para mermar al enemigo. Porque un combatiente herido por explosión de mina necesita la ayuda de otros dos o tres compañeros.

El genocidio camboyano sólo fue el principio de la pesadilla de Aki Ra y su pueblo. En el mes de junio de 1978, Vietnam invadió Camboya y el niño soldado fue reclutado para combatir a sus antiguos captores. Los Jemeres Rojos se replegaron a la frontera con Tailandia, desde donde combatieron a las tropas vietnamitas y al propio ejército camboyano durante casi dos décadas. Fue entonces cuando ambos bandos sembraron de manera indiscriminada todos esos "soldados perfectos" que aún guarda el cinturón de explosivos del K5.

"La explosión rebana las piernas de una o varias personas, dependiendo del tipo de mina utilizada", explica el americano William Morse, director del Museo de Minas Anti-persona de Camboya: "En las películas; suena click al pisar una mina. Y ésta sólo explota cuando levantas el pie. Pero la vida real no es Hollywood. Cuando pisas una mina, el percutor interno detona la dinamita del dispositivo. No hay escapatoria". Con sede en Siem Reap, al noroeste del país, el museo se creó a partir de los restos de las minas que Aki Ra desactivó.

Mapa de zonas más contaminadas por minas anti persona.
Mapa de zonas más contaminadas por minas anti persona.The Monitor

El niño que había sembrado la tierra de terror durante su infancia ha dedicado su vida adulta a recoger minas. Tras el final de la guerra civil en los años noventa, Aki Ra trabajó como desactivador de minas para la ONU. Cuando esta organización abandonó el país, él continuó recogiendo minas valiéndose sólo de un palo y un cuchillo. En vez de detonarlas con seguridad, Aki Ra las desarmaba y guardaba las piezas, creando así el museo que ahora conserva decenas de miles de bombas de todo tipo que él mismo desactivó por su cuenta y riesgo.

"Procedemos según los estándares de seguridad. Si recibimos avisos de escuelas o zonas públicas, recogemos los explosivos y los detonamos de manera controlada. Cualquier error es fatal”, explica Sophin Sophary, de 27 años y una de primeras camboyanas que aprendió a inutilizar bombas. Sophary recuerda su infancia evitando las minas sembradas en los caminos. Otros no tuvieron tanta suerte y fueron víctimas de lo que ella rehúsa llamar accidentes: "No importa que los conflictos se acaben, los explosivos de guerra hacen lo que se espera de ellos: herir o matar". Como única chica de su aldea que terminó secundaria, dice que quiere desminar su país para demostrar que una mujer puede hacer mucho más que llorar víctimas. Actualmente es la directora de operaciones de la Organización Camboyana para la Autoayuda en el Desminado (CSHD), grupo creado por Aki Ra para limpiar de explosivos Camboya.

Aki Ra estuvo desarmando y almacenando minas personalmente hasta que las autoridades le obligaron a obtener licencia para manipularlas. En 2007 creó la CSHD, que ya ha desactivado 5.000 bombas del noroeste del país. El equipo de 30 camboyanos expertos en explosivos atiende pequeñas aldeas de granjeros, limpiando el campo minado que les mata. "Ayudamos a los campesinos a recuperar sus tierras para que puedan sembrar y obtener sustento para sus familias", explica Pon Ron, de 33 años y miembro del escuadrón del CSHD.

Minas terrestres, restos de explosivos de guerra y víctimas de bombas de racimo en 2012.
Minas terrestres, restos de explosivos de guerra y víctimas de bombas de racimo en 2012.The Monitor

Camboya contra las minas

A pesar de su traumático pasado, Camboya simboliza la lucha incansable contra la presencia de explosivos remanentes de guerra. Los programas nacionales han conseguido, por ejemplo, reducir las víctimas de minas anti-persona a 111 en 2013 frente a las más de 4.000 hace una década. Una tendencia que se observa en todos los países afectados, en gran medida gracias al éxito de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Anti-persona (ICBL), de la que Camboya ha sido país abanderado desde su inicio.

El movimiento global contra minas unió gobiernos y grupos civiles en los años noventa Actualmente, 162 países han ratificado ya el Tratado de Ottawa de 1997, que fue el primer acuerdo multilateral de compromisos serios para suprimir el uso, producción y venta de minas a nivel internacional. La relevancia de Camboya en la campaña global quedó patente cuando uno de sus muchos mutilados por explosivos asistió a la entrega del Nobel de la Paz concedido a la coalición.

"Fuimos el primer grupo en llevar a víctimas supervivientes de las minas como portavoces del movimiento ante Naciones Unidas para concienciar sobre su prohibición", explica la hermana jesuita Denise Coghlan, fundadora de la campaña camboyana homóloga. La coalición nacional aglutina las cinco organizaciones dedicadas a la desactivación de explosivos en Camboya, entre las que está el grupo creado por Aki Ra. "Necesitamos que todos los países firmantes lleven a cabo lo acordado en el tratado. También hay que obligar a que más estados prohíban las bombas de racimo", exige Denise.

Estado de contaminación de los países por municiones de racimo.
Estado de contaminación de los países por municiones de racimo.The Monitor

Además de estar afectada por las minas, Camboya sufre el legado letal que dejó la guerra de Vietnam en los años sesenta: las municiones de racimo. Estos dispositivos están diseñados para estallar en el aire y sembrar kilómetros de tierra de pequeñas bombas; muchas de las cuales sólo estallan cuando se las manipula. Según los datos recogidos por The Monitor, grupo que evalúa la situación en relación a explosivos de guerra, Estados Unidos roció el noreste del país con 26 millones de estas municiones. La organización estima que pueden existir hasta 5,8 millones de restos de bombas de racimo en la frontera camboyana con Vietnam. Estos dos países, junto a Irak y Laos, que también sufrió los ataques estadounidenses en la guerra de Vietnam, son los territorios del planeta con mayor contaminación de municiones de racimo.

Pese a la elevada presencia de bombas de racimo en Camboya, el Gobierno no ha ratificado aún la Conferencia de Dublín (2008), que prohíbe su uso, producción y venta. Según los datos oficiales, Camboya no usa estos explosivos, que además causan muy pocas víctimas en el país. Pero el secretario general del Centro Camboyano para la Acción contra las Minas (CMAC), Phat Phearak, considera que estas municiones son la principal amenaza para los camboyanos junto con las minas antitanque, que desde hace varios años causan más víctimas que las anti-persona. CMAC es la mayor organización nacional de desminado y lidera el plan del Gobierno para acabar con todas las bombas remanentes de guerra en 2020. Algunos estudios, sin embargo, estiman que se tardará medio siglo en limpiar totalmente el país.

Responsabilidad internacional

"El Gobierno de Camboya hace lo que puede, pero el problema continuará mientras haya explosivos remanentes de guerra. Si hubiese víctimas en Europa o Norteamérica, la comunidad internacional pondría más medios para acabar con esta lacra", razona William Morse en referencia a la responsabilidad de los países involucrados en las guerras que originaron los campos de minas. El director del museo que creó Aki Ra también subraya lo mucho que cuesta salvar vidas y lo barato que sale matar: identificar y eliminar una mina cuesta más de 1.000 dólares, frente a los tres dólares que se necesitan para su manufactura.

Lla ayuda económica internacional para los programas de desminado en Camboya fue de 22 millones de dólares en 2013, 14 millones menos que en 2011, según datos del Gobierno. Los recortes no sólo reducen las actividades de limpieza sino que afectan negativamente los programas de asistencia a las víctimas. Un estudio del Servicio Jesuita de Refugiados (JRS) y la Campaña Camboyana para la Prohibición de las Minas Anti-persona (CCBL) sobre la calidad de vida de los supervivientes apunta que más del 50% de ellos carecen de sustento y son analfabetos.

Países responsables de la producción de minas recortan las ayudas para paliar sus efectos

"Las víctimas de minas necesitan educación. Hay profesores que no asisten a la escuela porque el Gobierno no paga la cantidad mensual necesaria para atender a 70 alumnos; sólo 17 dólares", clama Gill Morse, en referencia a los estudiantes del Programa de Escuelas Rurales en Pueblos (RSVP); un proyecto educativo asiste a cuatro centros de la zona cercana a Siem Reap. Esta profesora estadounidense de educación especial es la responsable tanto del programa como de la escuela creada por Aki Ra en el Museo de Minas Antipersona de Camboya. Unas 150 víctimas de explosivos han pasado por el centro desde su creación y nueve de ellos han ido a la universidad gracias a la obsesión del ex niño soldado por reparar los daños causados por la guerra. "Cuando conocí a Aki Ra, hace una década, tenía 18 niños en su casa. Recogía a muchos huérfanos a causa del conflicto y los mantenía como si fuesen sus hijos", explica Gill.

Desde el museo, la profesora señala al hombre que se aleja camino a la jungla: "Él no escogió ser un soldado ni plantar minas. Le obligaron. Pero es consciente de que ha herido a mucha gente. Su única motivación ahora es salvar vidas". Aki Ra sufre depresión, seguramente por la cantidad de veces que ha tenido que revivir su historia ante la prensa mundial desde que fue premiado como héroe del año por la cadena CNN en 2010. Tiene ataques de ansiedad cuando intuye que va ser preguntado o fotografiado por un periodista. La única terapia que alivia al que un día fue soldado es volver a la selva a buscar lo que dejó allí.

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