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EDITORIAL

Con la ayuda del dólar

La depreciación relativa del euro y la caída del petróleo apoyan la recuperación europea en 2015

El descenso del precio del petróleo —desde 115 dólares por barril a 56 en apenas seis meses— se ha interpretado como un estímulo decisivo para la economía mundial. Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), acaba de difundir un cálculo según el cual el impacto se traduciría en un crecimiento extra del PIB global de siete décimas en 2015 (hasta el 4,5%) y de ocho décimas en 2016. Esta estimación, combinada con la senda de apreciación del dólar y la intensa recuperación estadounidense (5% en el tercer trimestre del año, gracias al consumo), probablemente insuflará un impulso extraordinario a las previsiones de crecimiento para Europa el año próximo y el siguiente y abre la esperanza de recuperación más firme en el área euro.

No obstante, la proyección del FMI tiene que ser matizada con las incertidumbres que plantea la economía global. La hipótesis de que el precio del petróleo se mantenga en niveles entre los 56 y los 58 dólares es poco probable. Lo previsto es que a comienzos del año próximo empezará a tirar la demanda y a repuntar el precio, de forma que el impacto sobre el crecimiento mundial no será tan alto como anuncia el Fondo. Por otra parte, el hundimiento del crudo provoca efectos secundarios graves. Aumenta significativamente el riesgo de deflación y desestabiliza peligrosamente algunas economías. El caso que los mercados vigilan con mayor atención, por si supone algún riesgo de contagio, es Rusia. Las autoridades monetarias han intervenido el Trust Bank con una inyección de 435 millones de euros para evitar su quiebra. La petrolera Rosneft empieza a sufrir las consecuencias de la caída de ingresos y la previsión para 2015 es una contracción del PIB del 2%.

La apreciación del dólar respecto al euro —se da como probable que alcanzará la paridad en 2017— es el motor principal que puede impulsar la economía de la zona euro. Reduce el efecto de la caída del petróleo, pero a cambio debe estimular las exportaciones y proporcionar un impulso firme y sostenido a las economías del área. Habrá que esperar a las revisiones de crecimiento que propongan los organismos internacionales para consolidar una perspectiva de recuperación más intensa en Europa durante 2015.

Pero el hecho de que las condiciones externas mejoren (dólar más caro, petróleo más barato) no implica que Europa se olvide de articular las políticas que son necesarias. Los indicios de recuperación local (Francia anunció ayer una tasa de crecimiento del 0,3% en el tercer trimestre) tienen que apoyarse con la puesta en marcha de un programa de compra de deuda y la coordinación de un plan de inversiones que genere puestos de trabajo. Europa necesita crédito para crecer y un aumento sustancial de la ocupación (en particular en el caso de España). El dólar y el petróleo ayudarán, pero no tanto como para lograr una mejora de las condiciones de contratación compatible con un crecimiento duradero.

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